El primer ministro británico, Keir Starmer, atraviesa la mayor crisis política desde que llegó al poder. La renuncia del secretario de Defensa, John Healey, por desacuerdos sobre el gasto militar se convirtió en la sexta dimisión de un miembro del Gobierno en menos de un mes y profundizó las divisiones dentro del Partido Laborista, donde ya una cuarta parte de sus parlamentarios reclama que abandone el cargo antes del final de su mandato, previsto para 2029.
Healey presentó este jueves su renuncia mediante una dura carta dirigida al primer ministro, en la que sostuvo que el Ejecutivo no destinó los recursos necesarios para garantizar la seguridad del Reino Unido en un contexto internacional cada vez más peligroso.
«Usted no ha podido, y el Tesoro no ha estado dispuesto, a comprometer los recursos que la nación necesita para defender el país en este momento de amenazas crecientes», escribió el ahora ex ministro.
El funcionario cuestionó especialmente el demorado Plan de Inversión en Defensa, destinado a financiar durante la próxima década la modernización de las Fuerzas Armadas británicas. Según afirmó, el proyecto «está muy por debajo de lo que se requiere» y el incremento previsto del gasto militar resulta insuficiente frente a la guerra en Ucrania, la crisis en Medio Oriente y el aumento de las tensiones con Rusia.
La publicación del plan había sido postergada durante meses por diferencias entre el Ministerio de Defensa y el Tesoro sobre cómo financiar la expansión militar.
Starmer intenta contener el desgaste
Tras conocerse la renuncia, Starmer lamentó la decisión de Healey aunque defendió la política de gasto militar de su gobierno.
«El aumento del gasto será sostenible y justo», respondió el primer ministro, quien sostuvo que las inversiones previstas permitirán garantizar la seguridad británica sin comprometer las finanzas públicas.
Sin embargo, pocas horas después también presentó su dimisión el viceministro de Defensa, Al Carns, veterano de guerra y mencionado como posible rival interno de Starmer. Para reemplazar a Healey, el jefe del Gobierno designó a Dan Jarvis, hasta ahora ministro de Seguridad.
Una nueva baja en un gabinete en crisis
La salida de Healey representa el sexto alejamiento del gabinete en menos de un mes, luego de una serie de renuncias que comenzaron tras las elecciones municipales del 12 de mayo, consideradas las peores para un gobierno británico en más de tres décadas.
Ese día abandonaron sus cargos Miatta Fahnbulleh, Jess Phillips, Alex Davies-Jones y Zubir Ahmed, todos críticos de la conducción política de Starmer. Fahnbulleh aseguró que los votantes «perdieron la fe y la confianza en el primer ministro», mientras que Davies-Jones pidió que fijara un cronograma para dejar el cargo «en interés del país».
Posteriormente también renunció el secretario de Sanidad, Wes Streeting, quien resumió su decisión con una frase contundente: «Donde necesitamos visión, hay un vacío», antes de anunciar su intención de competir por el liderazgo laborista.
La crisis se suma a otras salidas relevantes registradas desde que los laboristas llegaron al poder en julio de 2024, entre ellas la de Angela Rayner, ex viceprimera ministra, la dimisión de Anneliese Dodds y la destitución de Lord Mandelson como embajador en Washington.
Crecen las dudas sobre el futuro del primer ministro
La salida del titular de Defensa volvió a alimentar las especulaciones sobre la continuidad de Starmer al frente del Ejecutivo.
Analistas británicos consideran que la renuncia expone una fuerte disputa entre el Ministerio de Defensa y el Tesoro y debilita aún más la autoridad del primer ministro, que enfrenta crecientes cuestionamientos dentro de su propio partido.
En paralelo, aumentan las versiones sobre una eventual disputa por el liderazgo laborista, con nombres como Angela Rayner y el alcalde del Gran Manchester, Andy Burnham, entre los posibles sucesores si Starmer continúa perdiendo respaldo político.
La crisis estalló además en un contexto de fuerte presión internacional para incrementar el gasto militar, impulsada por la guerra en Ucrania, la tensión en Medio Oriente y los reiterados pedidos de Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) para que los países europeos aumenten sus presupuestos de defensa.









