Representantes de Israel y Líbano se reunieron este martes en Washington en conversaciones mediadas por Estados Unidos y acordaron iniciar negociaciones directas, en un intento por avanzar hacia el fin de la guerra, aunque persisten fuertes diferencias entre las partes.
El encuentro, impulsado por el secretario de Estado Marco Rubio, reunió a los embajadores de Israel y Líbano en Estados Unidos junto a funcionarios estadounidenses. Según informó el portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott, las partes mantuvieron “conversaciones productivas” orientadas a iniciar un proceso de diálogo directo “en un momento y lugar acordados mutuamente”.
Se trata del primer encuentro de alto nivel entre ambos países desde 1993, lo que fue calificado por Washington como un “hito histórico”. Estados Unidos expresó su apoyo a la continuidad de las conversaciones y señaló que estas podrían incluso derivar en un acuerdo de paz integral.
Rubio definió la instancia como “una oportunidad histórica” y aclaró que el objetivo no es solo alcanzar un alto el fuego, sino avanzar hacia una solución duradera frente a décadas de influencia de Hezbolá en la región. No obstante, advirtió sobre la complejidad del proceso y la imposibilidad de lograr resultados inmediatos.
El conflicto se intensificó el 2 de marzo, cuando el grupo Hezbolá atacó a Israel, lo que derivó en una escalada regional con participación indirecta de Irán. Desde entonces, los bombardeos israelíes —incluido un ataque de gran escala sobre Beirut el 8 de abril— dejaron más de 2.000 muertos y más de un millón de desplazados, mientras tropas terrestres avanzaron en el sur del Líbano.
En ese contexto, las negociaciones llegan tras semanas de enfrentamientos intensos. Hezbolá lanzó cohetes y misiles contra Israel, mientras que el ejército israelí respondió con bombardeos e incursiones terrestres.
Las posiciones siguen siendo distantes. Israel reafirmó su compromiso de participar en negociaciones directas para resolver los temas pendientes, pero insistió en el desarme de Hezbolá y el desmantelamiento de su infraestructura. Además, reiteró su derecho a defenderse de los ataques del grupo.
Del lado libanés, el gobierno subrayó la necesidad urgente de un alto el fuego inmediato, junto con la implementación del cese de hostilidades anunciado en noviembre de 2024, y pidió medidas para aliviar la crisis humanitaria que atraviesa el país.
Washington, por su parte, remarcó que cualquier acuerdo deberá alcanzarse entre ambos gobiernos con mediación estadounidense y no a través de canales paralelos. También señaló que un eventual entendimiento podría facilitar la llegada de ayuda internacional para la reconstrucción del Líbano y abrir oportunidades de inversión para ambos países.
Pese al avance diplomático, el escenario sigue siendo incierto. La ausencia de Hezbolá en la mesa de negociación y su rechazo previo a la iniciativa, junto con las profundas diferencias entre Israel y Líbano, ponen en duda la posibilidad de avances significativos en el corto plazo.









