Hace varios meses, las cámaras y la atención de la comunidad internacional se desplazaron hacia los nuevos focos de conflicto en Medio Oriente, relegando nuevamente la crisis en Palestina, particularmente en la Franja de Gaza y Cisjordania, a un segundo plano de la agenda mediática y diplomática.
Sin embargo, la crisis persiste. La Franja de Gaza permanece devastada, los ataques y asesinatos continúan incluso en medio del alto el fuego y los colonos israelíes siguen avanzando sobre territorios palestinos en Cisjordania, una situación considerada ilegal por el derecho internacional.
En este marco, Hoy Día Córdoba entrevistó a Riyad Al-Halabi, embajador de Palestina en Argentina, durante su visita a la Legislatura de Córdoba, donde participó de un homenaje a Juan Yaser, poeta, escritor y referente de la comunidad árabe y palestina.
Consultado sobre la actual situación en la Franja de Gaza, Al-Halabi destacó que no hay más “calma” sino menos visibilidad. La razón es clara: desde febrero pasado, hay otro foco de conflicto en Medio Oriente, la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Sin embargo, resalta que “el genocidio continúa” y que el alto el fuego es solo del lado palestino, ya que Hamás no está atacando a las fuerzas israelíes. “Del otro lado, el ejército de la ocupación israelí sigue con las matanzas, sigue con el bloqueo de ayuda humanitaria y no respeta el pacto de alto el fuego”, afirmó.
Al analizar los incumplimientos por parte de Israel, Al-Halabi resaltó que el acuerdo preveía la entrada de más de 600 camiones de ayuda humanitaria; sin embargo, hasta el momento, no llegan a 200 los que ingresaron. “El genocidio no es solamente bombas y ataques, se usan otras armas, como la sed y el hambre”, destaca el embajador.
En esa línea, Al-Halabi recuerda que en Gaza faltan también medicamentos, electricidad, insumos básicos para hacer funcionar un hospital, por ejemplo. Además, por la magnitud de los bombardeos, la mayor parte de la infraestructura del enclave fue devastada.
“El 85% prácticamente está destruido en la Franja de Gaza. El 90% de los colegios resultaron afectados. Hay 680.000 niños y niñas que no pudieron ir a los colegios porque no existen o están estudiando en carpas improvisadas. De los 33 hospitales que había en Gaza, quedaron solamente tres”, expresó.
En dos años y medio de guerra, al menos 73.800 palestinos murieron. Solamente durante el alto el fuego vigente las autoridades gazatíes calculan que 1.381 personas han fallecido. De estas cifras, recuerda el embajador, la mayoría de las víctimas son niños, mujeres y personas mayores. Pero, sobre todo, no son solo números: son vidas humanas, historias que fueron borradas en medio del conflicto.
Asimismo, más de 11.000 palestinos permanecen desaparecidos desde el inicio de los bombardeos sobre Gaza. Al respecto, Al-Halabi afirmó que las Fuerzas Israelíes impiden el ingreso al enclave de maquinaria pesada necesaria para remover los escombros y avanzar en la búsqueda de los cuerpos.
La coincidencia es que, ante las recientes tragedias humanitarias provocadas por los terremotos en Colombia y Venezuela, Israel envió equipos especializados y maquinaria para colaborar en las tareas de rescate.
Para Al-Halabi, esa postura responde a una “doble moral” y cuestiona: “¿Por qué no sienten la misma humanidad por nuestra gente, a la que ellos mismos mataron?”
Por otro lado, el embajador también se refirió a la situación actual en Cisjordania y afirmó que los colonos israelíes son como un segundo ejército. “Están bien armados, atacan diariamente a la población palestina y desplazan por la fuerza a los verdaderos dueños de esta tierra”, indicó.
Ante este escenario, Al-Halabi sostiene que el objetivo principal de Israel nunca fue acabar con Hamás, sino destruir a todo el pueblo palestino. “Ellos quieren la tierra, pero la quieren con muchos menos palestinos originarios. Esa es la situación en Palestina”, manifiesta.
Los obstáculos para una paz verdadera
Alcanzar un Estado palestino independiente es una deuda histórica de Israel y de la comunidad internacional con la población palestina. Sin embargo, existen diferentes obstáculos que dificultan que ese camino se haga realidad.
Frente a estas dificultades, para el embajador la comunidad internacional debe dejar de limitarse a administrar el conflicto y, en cambio, trabajar para resolverlo desde sus raíces.
Luego, remarca que nunca va a existir paz mientras haya ocupación. “No hay paz si no hay derecho de los palestinos a su autodeterminación, para que puedan construir su Estado libre e independiente”, expresó.
Pero, sobre todo, Al-Halabi sostiene que no puede haber paz sin sanciones y sin que Israel responda por los crímenes que cometió y continúa cometiendo en los territorios palestinos.
En esa línea, destaca que existen cientos de resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas que, según sostiene, no han sido cumplidas por Israel. “El mundo tiene que dejar la doble vara. Imaginate si fuera otro país, ¿qué haría la comunidad internacional? A Palestina no le hacen falta más resoluciones o leyes, hace falta que se cumplan”, subraya.
Más allá de los reclamos a la comunidad internacional, Al-Halabi concluyó la entrevista con un mensaje claro y sencillo: no hace falta ser palestino para defender una causa justa; solamente hay que ser humano.
“Estamos defendiendo nuestra tierra, el valor de la vida, el valor de defender lo que es de cada uno. Queremos paz, no nacimos solamente para luchar, sino para vivir. Del dolor que estamos viviendo, nace el amor y la esperanza”, reflexionó.
Las palabras como acto de resistencia
La entrevista con Al-Halabi tuvo lugar en el marco de un homenaje a Juan Yaser, al cumplirse 101 años de su nacimiento y 30 años de su partida.
En 1952, Yaser se vio obligado a abandonar su tierra natal y se estableció en la provincia de Córdoba, donde reconstruyó su vida y se convirtió en uno de los referentes de la comunidad árabe y palestina en Argentina.
Su historia de exilio guarda un paralelismo con la de miles de palestinos que, décadas después, continúan enfrentando el desplazamiento y la pérdida de sus hogares. La diferencia es que,
en el contexto actual, muchos ni siquiera tienen la posibilidad de escapar ante un nuevo bombardeo: permanecen atrapados en medio de la guerra y de una situación marcada por la vulneración de sus derechos.
Sin embargo, el desarraigo no logró alejar a Yaser de su tierra. Desde Córdoba, fortaleció el vínculo entre Argentina y Palestina y encontró en la palabra una forma de construir espacios de resistencia.
A través de la poesía, la literatura y sus investigaciones académicas, contribuyó a mantener viva la memoria de su pueblo, pese a los miles de kilómetros que los separaban. Por eso, recordarlo en el contexto actual de Palestina adquiere un significado especial: su historia vuelve a poner en primer plano la importancia de la memoria y de la cultura frente al exilio.
Para la comunidad palestina, la cultura ocupa un lugar central en la construcción y transmisión de la identidad y la memoria. Las palabras permiten recuperar nombres, lenguas, lugares, recuerdos y experiencias que atraviesan generaciones.
El homenaje a Yaser recuperó precisamente esa dimensión: la palabra no solo como expresión artística, sino también como una forma de dejar registro, transmitir una identidad y resistir al olvido.















