En las calles de Massachusetts, en las oficinas de Washington DC o en los barrios de Seattle, el aire se puso raro. Desde que los primeros proyectiles bombardearon Caracas, secuestraron a Nicolás Maduro y fue arrastrado bajo custodia federal a Nueva York, la comunidad residente en Estados Unidos entró en una suerte de estado de sitio emocional. No es para menos: el país que los acogió acaba de invadir un país sudamericano, el mismo o, igual o parecido al que los vio nacer.
Para una parte de la diáspora, la noticia fue el cumplimiento de una promesa largamente esperada. En varias ciudades, las caravanas y las banderas venezolanas no tardaron en aparecer. Para ellos, el secuestro denunciado por el chavismo es, en realidad, un acto de justicia demorada por una potencia que finalmente “hizo lo que nadie se atrevió a hacer”, le comentó a Hoy Día Córdoba un cordobés de Bajo Palermo residente en Miami. Sin embargo, tras los gritos de libertad, asoma una sombra más sombría: el reconocimiento de que la democracia ha regresado, paradójicamente, de la mano de una invasión extranjera y bombardeos que han dejado cicatrices físicas y muertos en suelo venezolano.
Del otro lado, sectores académicos, activistas y ciudadanos que se oponen a la intervención militar estadounidense observan con horror lo que califican como un “retorno a las épocas más oscuras del imperialismo”. Para ellos, el fin no justifica los medios, y el secuestro de un mandatario -por más cuestionado que sea- sienta un precedente que resquebraja el derecho internacional.
Hoy Día Córdoba habló con cordobeses que se encuentran en distintos lugares de Estados Unidos y un nacido en el estado de Maryland. En todos los casos, los entrevistados pidieron anonimato, por lo que los nombres que aparecen en la nota son ficticios.
“Hola, Gustavo. Mi nombre es Mauricio, vivo en el estado de Maryland, en las afueras de Washington DC, y mi percepción de lo que está pasando en Venezuela es que estoy encantado de que procesen a Maduro, me parece muy bien que tenga que someterse a un juicio por sus crímenes. Pero, no me gusta cómo el gobierno de Trump ha llegado a esto. Las justificaciones y el razonamiento que ha usado el gobierno ha sido bastante confuso en muchas instancias. No ha sido honesto, hay muchas inconsistencias cómo que el gobierno habla de Venezuela diciendo que es una dictadura con un líder ilegítimo, pero al mismo tiempo envía migrantes venezolanos de vuelta a Venezuela. Además, más allá de mi opinión personal, te puedo decir que mucha gente está muy confundida por cómo está actuando el gobierno de Trump. Y gran parte de la base política de Trump, votaron por él porque creían que iban a parar las intervenciones de Estados Unidos en el extranjero. O sea, no querían nada más de acciones militares en lugares como Irak, Afganistán, Libia o lo que sea. La apuesta de Trump fue que el electorado de Estados Unidos piensa de forma diferente sobre América Latina que, al ser una cuestión más de temas de crímenes, inmigración y drogas, la gente lo vea bien. Pero está por verse si se mantiene este apoyo. Yo creo que mucha gente va a estar disgustada, especialmente si el gobierno de Trump realmente se empeña en intentar controlar los eventos en Venezuela, especialmente a través de alguien del régimen como Delcy Rodríguez, que es Maduro con falda, ¿no? El gobierno de Trump sigue diciendo que Maduro es ilegítimo, pero ahora están colaborando con alguien que es igual de ilegítimo que Maduro. Solo para resumir: encantado de que hayan sacado a Maduro, pero hubiera preferido que la justificación fuera la parodia de elecciones del 2024, cuando ganó Edmundo González”, contó un ciudadano estadounidense.
Desde Seattle, Natalia, una trabajadora cordobesa que está en contacto directo con la comunidad latina, describe el clima de incertidumbre que se vive tras la intervención. “Vivo en Seattle. Hay un choque ante lo que pasó y estamos todos totalmente decepcionados, aunque por supuesto hay mucha gente que está contenta. Creo que el haberlo removido de la posición de presidente da mucha esperanza, especialmente a los venezolanos. Si esto permite una transición, sería bueno. En lo que muchos estamos absolutamente en desacuerdo es en el proceso, en la intervención y en el impacto que esto genera. Si este presidente (por Donald Trump) hace esto con Venezuela, cree que tiene el derecho de hacerlo con cualquier otro país. Todo el mundo está descontento con la forma en la que se ha hecho, sin respetar la soberanía y con esta actitud de mafia que tiene”.
Desde Massachusetts, Martina, una deportista cordobesa que lleva años en su rol de entrenadora, aseguró: “Desde el sábado no he escuchado ni un mísero comentario. No sé cómo se vivió en otros lugares. Sé que Nueva York está muy movilizada, que hubo marchas, concentraciones de venezolanos con sus banderas apoyando a Trump. Acá, en Massachusetts, donde la mayor parte de la población es china, rusa y ucraniana no se habla nada. Es un estado muy particular el de Massachusetts, nadie habla de política, no les interesa. Yo, particularmente, no he escuchado nada, ni por las calles, ni en la gente con la que me rodeo a diario”.
Estados Unidos vive hoy su propia guerra interna de opiniones, una que se libra en susurros.









