“Es mi casa, nunca sentí miedo”. Así respondió Olha Malanchuk al regresar una vez más a Ucrania, su país. Pero desde el inicio de la invasión rusa, hace más de cuatro años, viajar a su tierra natal ya no es lo mismo.
La guerra entre Rusia y Ucrania es el conflicto europeo más extenso y destructivo desde la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo con datos de la ONU, se estima que más de 16.400 civiles han muerto en Ucrania desde el inicio de la invasión a gran escala en 2022. Además, más de 5,7 millones de ucranianos fueron obligados a abandonar sus hogares a raíz de la guerra. Olha es parte de esa cifra. Actualmente, vive en Alemania, el país con la principal comunidad de refugiados ucranianos.
En una entrevista con Hoy Día Córdoba, la joven contó que en el momento en que empezó la guerra ella estaba viviendo en Turquía. Al recordar lo primero que se le cruzó por la cabeza ese 24 de febrero de 2022, expresó: “Yo estaba en un shock profundo, me desperté por la mañana y mi novio me dijo ‘oye, están diciendo en el grupo del trabajo que empezó la guerra’. Me fijé y lo decían en todos lados. Luego llamé a mi familia y me confirmaron”.

Si bien era difícil saber qué iba a pasar con Ucrania, Olha decidió volver. “A fines de marzo yo regresé porque ya habíamos entendido que la guerra no iba a avanzar tan rápido y que no iba a ocupar todo el territorio de Ucrania”, afirmó.
Olha y su familia son de Lviv, una ciudad cercana a la frontera con Polonia, en el oeste de Ucrania. En su último viaje, cuando la entrevista fue realizada, se encontraba en Ivano-Frankivsk, una ciudad más chica, también ubicada en la región occidental del país.
“Lviv está a dos horas de Polonia, entonces es más seguro. Pero eventualmente caen algunas bombas aquí también. Yo pensé que nunca iban a caer cerca del centro incluso, pero sí cayeron. De hecho, la última fue en primavera, como a 10 minutos caminando de mi casa”, recordó.
Sin embargo, en comparación con la población que vive en las zonas más afectadas del este de Ucrania, Olha considera que su familia está “relativamente bien”. “En Kyiv, por ejemplo, tengo amigos que se tuvieron que mudar varias veces para estar más seguros. Cuando llega el invierno y hay cortes de luz, tampoco se puede vivir en un edificio en el décimo piso porque el ascensor no funciona y el gas no llega”, subrayó.
En este escenario, los ataques contra infraestructuras críticas -centrales eléctricas, redes de suministro y sistemas de transporte- han intensificado su impacto sobre la población civil. La guerra se ha desplazado progresivamente desde el frente hacia la vida cotidiana.
Para entender cómo se llegó a este escenario, Olha sitúa el inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania en 2014, tras la Revolución del Maidán, una serie de protestas que terminaron con la destitución del presidente prorruso, Víktor Yanukóvich. Ese año, las fuerzas rusas ocuparon Crimea y comenzó el conflicto separatista en el Donbás.
“Rusia nunca admitió que los países que formaban parte de la URSS puedan ser libres. Es una política larga que tiene raíces históricas”, sostuvo.
En esa línea, Olha recordó que cuando Ucrania obtuvo su independencia, la flotilla rusa siguió en Crimea. “Los mismos barcos que nos están bombardeando ahora, siempre estuvieron ahí. De esa forma, fue más fácil poder ocupar la península”, indicó.
Pero la presencia rusa no se limitó al ámbito militar. Desde su perspectiva, Rusia también intentó dividir a los ucranianos a través de la cuestión lingüística. Según la joven, durante años se impuso el ruso en el Donbás, mientras que el ucraniano fue relegado. A esto se sumó, durante la época de la Unión Soviética (URSS), la llegada de población rusa a una región que se consolidó como un importante polo industrial, lo que fortaleció los vínculos culturales y la identificación de parte de sus habitantes con Rusia.
“Todas las ciudades industriales estaban rusificadas por las políticas de la URSS. Sin embargo, eso no significa que la mayoría de la población sea rusa. Hay rusos viviendo en Ucrania, pero no son mayoría y en ningún momento fue nuestra lengua materna como ellos dicen”, explicó.
Pese a que los sucesos del 2014 marcaron un punto de no retorno en las relaciones entre Ucrania y Rusia, Olha afirmó que no había una idea generalizada de que Rusia pudiera atacar a gran escala el país. “Quizás los historiadores y los politólogos podían esperárselo, como otro paso de Putin. Pero la gente realmente no quería creer que fuera a suceder, quizás porque no quería cambiar sus vidas. Es una gran tragedia”, opinó.
La vida atravesada por la guerra
Olha se fue de Ucrania en agosto de 2022, pero la guerra no dejó de atravesar su vida. Durante los meses que permaneció en su país tras el inicio del conflicto, participó activamente en diferentes voluntariados para mantener la ayuda a las zonas del país afectadas por los combates.
Luego, desde Alemania, siguió colaborando con una organización profeminista de Lviv. “La ONG se llama Feminist Workshop. Surgió como un proyecto online con otras compañeras. Durante los primeros dos años de la guerra brindábamos apoyo a mujeres que habían huido y no sabían dónde buscar trabajo o dónde encontrarse. Ofrecíamos apoyo psicológico, clases de inglés gratis y asesoramiento laboral”, indicó.
La guerra también atraviesa su círculo más cercano: la joven tiene amigos y familiares que fueron a combatir y una de sus compañeras de la ONG actualmente es paramédica y está en el frente. “La guerra es un caos total, hay personas que huyen, otras que se quedan y otras que van a combatir. Yo no juzgo a nadie, porque cada uno tomó su decisión. Siempre apoyo a los amigos y familiares que están en combate. En Ucrania siempre hacemos colectas de dinero porque al ejército le falta equipo todo el tiempo”, expresó.
Además, Olha viaja al menos dos veces al año a Ucrania. “Siempre voy a extrañar mi casa. Es mi lugar, no siento miedo. A veces me cuesta regresar a Alemania porque ya me estoy acostumbrando otra vez a estar con mi familia”, afirmó. A pesar del contexto hostil, agregó que se “siente en casa”.
Expectativas sobre el futuro
El conflicto entre Rusia y Ucrania se encuentra estancado, sin grandes avances militares por parte de ninguno de los dos bandos. Tras más de cuatro años, la guerra se mide cada vez menos por el territorio ocupado y más por la capacidad económica, industrial y política de cada país para sostener el esfuerzo bélico.
En este contexto, Olha advirtió sobre una consecuencia que puede trascender el campo de batalla: la pérdida de una generación de ucranianos que decidió involucrarse en la defensa y el futuro de su país. “Los primeros que se unieron al ejército ucraniano fueron personas que realmente podrían cambiar algo en este país. Ahora, con esa parte de la población muriendo en la guerra, ¿quiénes van a seguir haciendo algo en la política de Ucrania?”, planteó.
Para la joven, la situación actual tampoco permite pensar en un final cercano. Afirmó que no cree que el conflicto vaya a acabar pronto, a menos que “nos den más armas o inversión” para que Ucrania pueda producir sus propias armas de largo alcance.
Aun así, Olha asegura que volvería a Ucrania cuando la guerra llegue a su fin. Cree que, para entonces, habrá muchas oportunidades para contribuir a la reconstrucción de su país. Para ella, regresar no solo significa volver a casa, sino también mantener viva la llama de esa generación que decidió luchar y que, pese a las pérdidas, todavía imagina una Ucrania libre y próspera.















