Socialismo con características cubanas

Mondo Cane | Por Gonzalo Fiore

Fuera de la gran atención mediática internacional, en el contexto más complejo de las últimas décadas este 1 de enero Cuba comenzó a implementar una ambiciosa serie de reformas económicas. Desde que el ex gobernador de Santa Clara, Miguel Díaz-Canel, llegara a la presidencia del país el 10 de octubre de 2019, las expectativas sobre una posible apertura económica estaban puestas sobre su gobierno. Si bien, al comienzo de su administración ya se habían realizado algunos tímidos cambios para favorecer la iniciativa privada, la gran mayoría de los cubanos lo consideraba insuficiente. El plan de transformaciones anunciado ahora es el más grande desde, por lo menos, los tiempos del “período especial”. Tiene varios puntos a destacar y algunas coincidencias, al menos en los planteos principales, con las reformas llevadas a cabo en la República Popular China a finales de los 70: se buscará la creación de riqueza para luego repartirla, como se hizo en el gigante asiático. 

Las últimas décadas Cuba vivió con una realidad monetaria fácilmente palpable para cualquiera que haya tenido la oportunidad de visitar la isla. Hasta hace algunos días coexistían dos monedas: el CUC (peso cubano convertible) y el peso cubano. El CUC se utilizaba para el turismo y equivalía prácticamente a un dólar, mientras que el peso cubano era la moneda de cambio para la amplia mayoría de la población. Esto generaba fuertes desigualdades entre quienes se dedicaban al turismo (y por lo tanto recibían CUC) y los que no tenían ninguna cercanía a ese sector, que solo percibían sus ingresos en pesos cubanos. A partir de ahora, existirá una sola moneda, el peso cubano, sin más “uno a uno”. Con 24 pesos cubanos se podrá comprar un dólar. Esto impactará fuertemente en la vida cotidiana de los cubanos debido a la considerable devaluación que conllevará en una primera instancia. Al mismo tiempo, también servirá para favorecer una industria nacional muy debilitada debido a los costos de producción e importación. 

Para ejemplificar: un par de zapatos importado de Córdoba por 100 dólares iba a la contabilidad de la empresa como 100 pesos cubanos; mientras que uno fabricado en La Habana podía llegar a valer hasta 500 pesos cubanos, es decir, la empresa se ahorraba 400 pesos importando, en lugar de fabricando en el país, solo por la tasa de cambio. Tras la reforma monetaria, exportar un par de zapatos argentinos costaría 2400 pesos cubanos. Por ello, sería más barato fabricarlo en el país, favoreciendo la industria nacional. Al mismo tiempo, los dólares ingresados desde el extranjero por el turismo también se multiplicarán por 24. Por ello, el gobierno también anunció una fuerte suba salarial para afrontar el aumento inevitable de los precios de los productos. En un escenario de dualidad cambiaria, el principal problema de la economía cubana era la falta de divisas, por ello, se buscará favorecer las exportaciones del país para que ingresen más dólares que los que ya entran por el turismo.

Debido a la crisis provocada por el covid-19 la economía cubana se contrajo un 11% en 2020. El gobierno, además, aseguró que estas reformas implicarán la “eliminación gradual de subsidios excesivos y gratuidades indebidas” para eliminar distorsiones de la economía. No será un proceso sencillo, de hecho, el presidente Díaz-Canel afirmó que seguirán “con interés y respeto” las preocupaciones de la población y que se revisará lo que haya que revisar. Por ejemplo, tras el aumento de hasta cinco veces del servicio de electricidad, el gobierno debió dar marcha atrás debido al visible descontento de la población. Los cubanos temen que los aumentos salariales y a las pensiones anunciados por el ministerio de Economía no sean suficientes para paliar la devaluación y los incrementos en los alimentos, los servicios y los productos de primera necesidad. Todo esto en un clima de protestas juveniles claramente apoyadas y financias por los sectores exiliados en Estados Unidos, los “marielitos”.

Las transformaciones eran necesarias para sacar al país del estancamiento. En medio de un panorama tan complejo como adverso, Díaz-Canel demostró la audacia que muchos le exigían. A pesar de la pandemia, que afectó como nunca el movimiento turístico internacional, y del bloqueo, que continúa dañando fuertemente las posibilidades de crecimiento de la economía cubana, la isla resiste. Cuba ya logró sobrevivir primero a la caída de la Unión Soviética, su principal sostén hasta 1989, y a la crisis que atraviesa Venezuela, uno de sus socios más importantes. No hay motivos para creer que no podrá superar estos tiempos convulsos. Especialmente si cuenta con el apoyo de los chinos, y si las reformas económicas tan esperadas, finalmente van en ese sentido. Así como los chinos tras las reformas de Deng Xiaoping comenzaron a hablar del “socialismo con características chinas”, Cuba puede referirse a uno con “características cubanas”.

 
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