En la Argentina de Milei ronda un sujeto político al que nadie aún ha definido con bordes nítidos ni con perfiles conductuales a la hora de votar. Nadie sabe qué votará en el 2027 porque nadie sabe qué hizo en octubre del 2025. Hay suposiciones y algunas hipótesis en danza, pero aún son muy prematuras las explicaciones que derivan de ahí: Ese sujeto es el Argentino Endeudado Promedio.
Según la Universidad Austral, el 26,1% de los deudores presenta alguna mora y si nos enfocamos en las Fintech la irregularidad del crédito no-bancario el promedio sube al 31 por ciento. Si se desglosa el dato por individuos, uno de cada 4 tomadores de crédito hoy no puede devolver lo que pidió.
El dibujo tentativo de este ciudadano endeudado es el de una persona de clase media a media baja que sobregiró gastos con la tarjeta de crédito para sostenerse en una clase social que insistía en expulsarlo: prepaga de salud, colegio privado para los hijos, vacaciones y un consumo que en otras épocas se pagaba en cuotas que la inflación licuaba. El resultado, asalariados que financiaron con el pago mínimo del plástico y que hoy no pueden detener la bola de nieve. En Córdoba fue motivo de reclamos gremiales de docentes de UEPC y de empleados públicos del SEP,que pidieron líneas de refinanciación a Bancor para detener los débitos automáticos que secaban las cuentas sueldos de los agentes.
En el caso de los trabajadores informales no bancarizados el panorama es igual, pero sus deudas son con las apps de las Fintech -como Mercado Pago, Naranja X o Ualá-. Muchos de ellos comienzan a ver cómo los acecha el sistema de cobranza con llamados a los familiares, amigos o jefes informando de las deudas. ¿Cómo saben de esos contactos? La respuesta está en los Términos y Condiciones que aceptaron al descargar la aplicación. Como los términos implícitos que impone con crudeza el mercado financiero: endeudarse, a veces o casi siempre, es prorrogar un problema.
¿Quién le habla al endeudado?
Hoy no modula un discurso claro ninguna fuerza política hacia una masa que vive intranquila y espera un milagro. Casi nadie puede entender a ese electorado porque se parece mucho al que votó a Milei para que destruya al Estado pero que ahora vive la destrucción de su propio metro cuadrado económico. Una frase común entre economistas refiere a una verdad que asoma con el sinceramiento: cuando desaparece o baja la inflación a las personas se les revela el lugar exacto que ocupan en el sistema económico. Aunque la inflación sigue siendo un problema, como bien reveló la consultora de Alfonso Prat Gay, que señaló que en 91 años de mediciones el promedio anual es del 54 por ciento, pero en los últimos 3 años fue del 74, en base a datos del Banco Central.
Frente a una sociedad cada vez más ahogada la respuesta varía según el nivel del Estado. Los ciudadanos piden pagar menos impuestos, pero demandan más servicios como salud, educación o seguridad a las provincias y municipios. El gobernador Martín Llaryora eligió oscilar entre las críticas al modelo nacional y el acompañamiento táctico en el Congreso, a cambio de recursos. Por ahora solo consiguió promesas del jefe de gabinete Diego Santilli -que aún debe honrar el ministro Luis Toto Caputo- con el giro de los fondos para la Caja de Jubilaciones y los anticipos de coparticipación que todavía esperan en el Centro Cívico.
A nivel municipal, el crítico Daniel Passerini tuvo que silenciarse a la espera de avales nacionales para refinanciar la deuda en dólares que jaquea a la gestión en la Capital. Los 120 millones de dólares que obtendría en el mercado de deuda «patearían» compromisos que condicionaron dos tercios de la gestión.
Pero desde el Panal y la Legislatura no parece haber interés en sintonizar con tiempos de angustias familiares ni intranquilidad laboral. La política parece escuchar otra música, muy distinta de los rumores de la calle. Los funcionarios provinciales solo hablan, entusiasmados, de la visita papal, y los preparativos para recibir una multitud en la ciudad. De la sintonía de los mensajes de León XIV con una sociedad más justa: todo lo opuesto a lo que pregona Milei. También del impacto que pueda tener el evento en la visibilidad y protagonismo de Llaryora, quienpara esos días ya tendrá en marcha su campaña por la reelección.
Por carriles diferentes marchó la política y la gente antes de la irrupción de la motosierra libertaria y el mensaje llegó con votos que aún no llegan a ser descifrados por los métodos tradicionales de la ciencia política. Mientras todos trazan su estrategia para el 2027, el metro cuadrado económico de los argentinos se sigue deteriorando y perfila, otra vez, un voto indescifrable.









