Muchos políticos esperaron que el Mundial cambiara el humor social o que, al menos, permitiera colar alguna ley impopular. Sin embargo, no se consiguió ni una cosa ni la otra. La mentada ola antiargentina promovió un debate sobre la imagen del país en el exterior y algunas conclusiones indican que el alineamiento ciego y sin condiciones con la administración Trump o el belicismo genocida de Netanyahu pueden ser el fundamento del rechazo, al que ahora se suma la catarata de insultos de Milei a Lula y a altas autoridades judiciales brasileñas,lesionando aún más una reputación herida. En ese contexto ¿suena lógico aliarse -aunque sea tácticamente en el Congreso- con el gobierno libertario? A esa pregunta parece no hacerla nadie en el Panal, donde derrochan optimismo por los fondos que provienen de la Nación y que apuntalarán financieramente a la Provincia en los meses de proselitismo por venir.
«Hay un cierto desahogo porque se redujo el déficit de la Caja, habrá plata para terminar obras claves de la campaña y esperamos descomprimir con los gremios estatales» dice un legislador que cruza a menudo la calle que separa la Unicameral del Centro Cívico.
Al gobernador le entusiasma la época electoral, donde se siente a sus anchas y cree que ha construido su capital político más importante. Los cambios en el gabinete apuntan a liberar el tiempo que le ocupaba la gestión: Calvo manejando el tablero ministerial y Llaryora poniendo a punto la maquinaria proselitista. Un ejemplo de esto es la llegada de Gabriel Frizza a la cima del Ministerio de Cooperativas (antes tenía un cargo menor) con la idea de reforzar el trabajo en el Departamento Colón, el segundo en importancia según el padrón. Pero antes estuvo Gustavo Brandán, de la misma procedencia y con el mismo antecedente como intendente. Entonces,¿qué le ofrece Frizza al armado del PJ? Un conocedor de la zona asegura que el ex intendente de Jesús María tiene una llegada al electorado no peronista que el ex alcalde de Colonia Caroya no posee.
Mientras, por otro lado, el cordobesismo sigue de cerca los armados en Marcos Juárez en lo que tal vez sea la elección más sobrevalorada del país. El remanido «kilómetro cero del cambio» instaló la lectura antes del resultado y desde entonces muchos se inclinan por otorgarle a esa ciudad y a sus comicios una cualidad premonitoria que no se repitió más desde 2014.
Volviendo al gabinete, se esperan cambios en Producción que aún está, interinamente, a cargo de Sergio Busso. A Llaryora le interesa hacerle un guiño al Círculo Rojo y se lo ofreció a algunos empresarios. Pero estos tienen precauciones: por un lado, si aceptan solo se escucharán lamentaciones de los industriales y, por otro, no dejan de oír escépticos pronósticos de cambios en la Provincia. Cerca del Gobernador le recomiendan dejar las cosas como están.
Una incógnita que deberá despejar el flamante jefe de Gabinete es el rol que cumplirá Miguel Siciliano. Cuando fue nombrado ministro de Vinculación se lo imaginó como un ariete mediático de la gestión, con alto perfil por sus dotes de vocero. Pero el devenir del caso por el femicidio de Agostina Vega lo ubicó en un sitial incómodo por supuestos vínculos con Marcos Gennaro, dueño de la noche cordobesa. Desde entonces le recomendaron silencio al yerno de Olga Riutort que, además, se vioseveramente limitado por las restricciones presupuestarias para los programas que le asignan a su ministerio.
La batalla por la ciudad
Dónde no se ahorrarán recursos en la campaña será en la Capital ya que es donde habita la mitad del padrón y donde se obtuvo la diferencia que consagró al gobernador en el 2023. Pero nada será posible si no hay recursos para salvar una intendencia colapsada por compromisos financieros.
Passerini volvió a «patear» un vencimiento de una letra en pesos, en lo que parece una señal a la gobernación esperando un rescate que encamine los números en rojo que provoca una deuda contraída por Mestre y rolleadapor Llaryora. Desde el Palacio 6 de Julio insisten con el mismo libreto: sintonía pública y fuerte reclamo en privado.
En el PJ de la capital ya empiezan a notarse movimientos inquietos por la demora en definir una estrategia para la ciudad a la que se suma la incógnita sobre quién será el candidato para suceder a Passerini. Por ahora el perfil más alto corresponde al ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, que no convence nada a los peronistas: «hemos trabajado hasta con un vice extrapartidario. Pero hacerlo por un tipo que hizo su carrera política llenando de denuncias a De la Sota y Schiaretti es demasiado», dice un militante que asegura que no hay mucho entusiasmo para con un candidato sin ADN pejotista.









