El gobierno de Javier Milei intentó aprovechar la efervescencia mundialista a su favor, aunque se terminó haciendo goles en contra. Los operativos de comunicación impulsados por el ejército de trolls al mando de Santiago Caputo -que junto a periodistas oficialistas intentaron por ejemplo instalar, al promediar la competencia, que un difuso “kirchnerismo” estaba en contra de Lionel Messi y quería que al equipo nacional le fuera mal para afectar al Gobierno- se le volvió en contra cuando los muchachos agarraron los trapos de Malvinas y el propio capitán, sin ningún tipo de intencionalidad política, afirmó que le dedicaban los triunfos a la gente que en Argentina “no llega a fin de mes”.
Cruces con Villarruel
Bastaron estos dos episodios menores para que la estrategia comunicacional libertaria hiciera aguas por sus propios méritos. Primero había sido la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, al salir a avalar públicamente la restricción de las autoridades estadounidenses para que los hinchas argentinos no entraran al Mercedes-Benz Stadium de Atlanta con banderas o remeras alusivas al conflicto bilateral. “Tuvimos una reunión y definimos que no se podrá entrar a la cancha con contenido provocativo. Banderas con las Malvinas es contenido político. No pueden ingresar banderas con contenido político”, informó la funcionaria muy suelta de cuerpo.
Ya era públicamente conocido el frondoso archivo de Milei elogiando a Margaret Tatcher, primera ministra británica durante la guerra y responsable del emblemático hundimiento ilegal del crucero General Belgrano. La vicepresidenta Victoria Villarruel no desaprovechó la oportunidad y salió a marcar inmediatamente diferencias con el Gobierno: calificó a los ingleses como “piratas usurpadores” e “invasores”. “¡Las Malvinas son Argentinas! Prohibieron llevarlas a la cancha y se olvidaron que las llevamos en la sangre y el corazón”, posteó luego del histórico triunfo junto a la foto de los jugadores sosteniendo esa sábana de hotel inmortalizada como bandera clandestina.
La reacción oficial
“No hay que caer en eslogans populistas, nacionalistas, rancios. No hay que mezclar la hacienda, no mezclemos las cosas. Las Malvinas se recuperan con diplomacia, no con gestos de patrioterismo baratos y berretas”, salió a afirmar luego Milei, quien consideró que “la política no debe apropiarse de esta fiesta”, lo que indirectamente sonó como un reproche a los futbolistas. “El tema es quién comete el error. Desde una posición de responsabilidad ciertos errores son inadmisibles y podrían tener consecuencias muy negativas”, intentó explicar al otro día el jefe de Estado, quien aclaró que “los jugadores no son parte de la diplomacia” y aseguró que “nunca en la historia se han hecho tantos avances diplomáticos para recuperar las Malvinas” como en su Gobierno. En medio, su nuevo vocero, Adrián Ravier, afirmaba literalmente que “Milei piensa todos los días en cómo recuperar las islas”. “Siendo un país bananero, nunca las vamos a recuperar. Si logramos que la Argentina sea grande nuevamente, próspera y respetada, nuestras posibilidades de avanzar en el reclamo de soberanía serán mucho mayores», remató luego en un posteo en X.
Doble derrota oficial
El resultado fue una derrota doble para el oficialismo: el jueves, en la última sesión del año del Senado, tuvo que postergar el tratamiento de la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada -que elimina todas las regulaciones para impedir la adquisición de tierras por parte de extranjeros- en medio de una escandalosa pelea entre Villarruel y la titular del bloque libertario, Patricia Bullrich. “¿Cómo vamos a tener sesión después de haber casi ganado el Mundial? ¿Para vender el país?”, le recriminó entonces Villarruel, quien espetó “ustedes están rifando la Argentina (…). Cómo se nota que la integridad territorial no les importa nada”. La pelea había sido por wassap pero se coló enteramente a la prensa porteña por obra y gracia de las internas libertarias.
Pero además, las polémicas repercutieron en el espacio público al punto que la conversación acerca de Malvinas superó las 2.000.000 de menciones en cinco días en el universo digital: según un informe de la consultora Ad Hoc, el enfoque resultó negativo para Milei, puesto que las menciones vinculadas a él y las islas llegaron a un 66,7% de negatividad “producto de sus declaraciones luego del triunfo y la posición del Gobierno sobre el tema”, según explicó la consultora.
Las declaraciones del messias
Si el episodio de las Malvinas había descolocado al oficialismo, las declaraciones de Messi terminaron de completar el desatino. “Estamos orgullosos y felices de poder regalarle esta alegría a la gente. Sabemos que los mundiales para nosotros son especiales y nos olvidamos de todo lo malo que nos toca pasar, que hay gente que la pasa mal, que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes o que la vive peleando”, aseveró Messi tras el triunfo sobre Inglaterra, sin animosidad política.
Las declaraciones habrían pasado sin pena ni gloria -podrían haber ocurrido en cualquier momento del país de los últimos quince años- si el Gobierno no hubiera intentado despegarse. Primero fue el vocero Ravier, quien en otro desatino salió a contrariar al líder del seleccionado: “No coincidimos en el Gobierno con esto de que la gente no llega a fin de mes”, aseveró el vocero, quien planteó que “no dudo de que hay personas que atraviesan esa situación, pero decirlo de manera general da la sensación de que todos viven la misma realidad”. Otro reto velado a los jugadores.
A las pocas horas, la Oficina del Presidente tuvo que salir a aclarar: “Sobre las palabras del mejor futbolista de la historia, Lionel Messi, de que hay gente que la está pasando mal, es completamente cierto. Dos décadas de decadencia kirchnerista no se borran de ninguna manera en 24 meses”, explicaron para tratar de despegarse del lío en que ellos mismos agrandaron. El Gobierno apuesta a que el buen humor social que dejó el Mundial se extienda al segundo semestre del año. Queda por ver si sus genios de la comunicación política se lo permiten.









