Plaza San Martín suele transformarse en una barbería a cielo abierto, donde un grupo de barberos corta el pelo gratuitamente a personas en situación de calle. Además de los cortes solidarios, también entregan comida, ropa y acompañamiento a quienes más lo necesitan.
Leandro Winkelmann, Kevin Córdoba, Simón Parra, Lautaro Loyola, Thiago Pérez y Cristian Becerra son los impulsores de “De corazón siempre”, una iniciativa solidaria que nació con la intención de convertir la barbería en una herramienta de contención y ayuda social.
La iniciativa nació de manera espontánea. A fines de febrero, Lautaro salió junto a dos amigos para cortarle el pelo a un hombre que vivía en la calle. «Nació por un amigo que empezó a cortarle el pelo a un hombre y yo vi la publicación en Instagram, me sumé con los chicos y ya hace casi dos meses que estamos en este proceso», relató Leandro. Lo que empezó como una acción aislada se viralizó, sumando a más barberos dispuestos a colaborar con su tiempo y talento.
A pesar del impacto positivo, el grupo opera sin estructura de fundación y enfrentando grandes desafíos logísticos. Los barberos, que se autodefinen como integrantes de la «clase baja», financian cada jornada de su propio bolsillo. «Todo corre por cuenta nuestra. Ponemos nuestras herramientas, pagamos el Uber, el remís o el colectivo. Por ahí estamos todo el día sin comer para satisfacer a esta gente que realmente lo necesita», explicó Leandro con crudeza.
La relación con las autoridades fue decepcionante para el grupo. Leandro relató que tuvieron un encuentro con autoridades municipales quien les prometió movilidad para trasladar las donaciones de ropa y comida. Sin embargo, la ayuda nunca llegó: «Sinceramente se desaparecieron, no mandaron un mensaje ni nada. Nos han dejado a la deriva, prácticamente solos», denunció el barbero, quien aseguró que él mismo podría conducir el vehículo si la municipalidad cumpliera con lo pactado.
Para quienes viven en la calle, el momento de sentarse en la silla de barbero es un refugio de humanidad. Detrás de cada corte hay historias marcadas por el consumo de drogas, problemas familiares y, en casos alarmantes, intentos de suicidio. «Tratamos de sacarlos adelante como podemos, dándoles la palabra de Dios y diciéndoles que la vida no se va a acabar», comentó Leandro.
El dolor se agudiza al ver a niños en esta situación, una realidad que el grupo denuncia como una falla del sistema: «Hay un montón de criaturas en la calle que no se merecen estar ahí, y la municipalidad y el gobierno están arriba nuestro, pero nosotros con un poquito de esfuerzo logramos grandes cosas».
La empatía del grupo tiene raíces profundas. No buscan fama ni reconocimiento: actúan porque conocen de cerca la necesidad. “Nosotros también tuvimos días en los que no había un plato de comida en la mesa, y ellos viven esa realidad todos los días. A mí la estética no me va a cambiar nada, ni busco hacer fama, pero hoy las redes sociales ayudan mucho para que más gente se acerque y colabore”, confesó Leandro.
Para ellos, la mayor recompensa no es económica, sino humana. “Muchos nos abrazan, se ponen a llorar y eso te parte el alma. Recibir un ‘te quiero’ o un ‘gracias’ en la calle te llena el alma”, expresó el joven barbero.
Cómo colaborar
El grupo se organiza cada semana a través de WhatsApp para coordinar las jornadas, que suelen realizarse los jueves (siempre que el clima lo permita). Para seguir ayudando, necesitan:
- Mercadería y alimentos no perecederos para cocinar viandas.
- Ropa y calzado en buen estado.
- Nuevos barberos: Cualquier profesional, sin importar su nivel de experiencia, es bienvenido a sumarse con sus herramientas.
«Todo aquel que se quiera sumar a cortar el pelo con nosotros, bienvenido sea siempre», concluyó Leandro, invitando a la comunidad a ser parte de esta cadena que busca, ante todo, que los olvidados de la ciudad se vayan, al menos por un momento, felices.
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