La cultura se puede definir como el conjunto de tradiciones, costumbres, mandatos, normas y formas que tenemos las comunidades, y que nos diferencian y caracterizan como sociedades particulares, desde el idioma y la comida hasta la economía, el deporte y todo el quehacer que nos envuelve. Por supuesto, es dinámica y también más fácil y gratificante para algunos, y más difícil y sufriente para otros. ¿Acaso es igual tener las necesidades básicas satisfechas que no tenerlas? ¿Es lo mismo descansar con tranquilidad que hacerlo con sobresaltos e insomnio? Podríamos decir entonces, que en cada cultura hay espacio para la Salud y también para la Enfermedad. Y además que suelen ser los adolescentes y jóvenes quienes mayormente intentan introducir cambios muchas veces incomprendidos, renegados y demonizados, sobre todo por los conservadores y defensores de privilegios muchas veces remotos.
La Psiconeuroinmunoendocrinología estudia la interrelación entre nuestro psiquismo y los sistemas inmune y hormonal. La licenciada Beatriz Frouté es especialista en esta disciplina y por lo tanto vale la pena, junto a ella, enfocarnos en la relación entre lo que sucede en nuestro entorno y nuestro mundo interior y el modo en que lo vivimos y padecemos.

¿Por qué muchos vivimos con la sensación de que si paramos, está mal o no servimos?, ¿De dónde viene ese pensamiento?
Viene de una idea occidental muy vieja, que básicamente nos dice: “vos no sos, vos te hacés a fuerza de hacer… Tu valor está en tu productividad”. Además los otros nos definen y así nos vamos esforzando por llegar a ser alguien que no somos. Es un mandato que escuchamos en la universidad, en las redes, en las familias y en un montón de ámbitos: “Tenés que estar formándote todo el tiempo, atendiendo, publicando, especializándote, trabajando, haciendo deportes, mejorando, etc. Si parás, te quedás atrás ¡y te convertís en un perdedor!”. Por supuesto que esta presión nos lleva a sentir una culpa enorme por no estar haciendo lo suficiente, y si la identidad personal todavía no está habitada, entonces se intenta compensar con exceso de hacer. Y ese exceso, esa presión, nos enferma.
¿Cómo explica todo esto la Psiconeuroinmunoendocrinología?
La PNIE nos da el mapa perfecto de por qué no es algo solo mental.Todo empieza en lo psicológico, con una creencia central, que es «si no produzco, no valgo». Esa creencia moviliza una emoción que es la vergüenza. No la culpa por algo que hice mal, sino la vergüenza de ser insuficiente. Entonces el cerebro lo lee como amenaza y a nivel neurológico, la amígdala queda encendida, en modo alerta. No existe un león que nos persiga, pero el sistema nervioso no distingue entre un león y un mail sin responder a las 11 de la noche. Entonces queda activado el Sistema Simpático todo el día. Y ese estado sostenido de alerta, dispara el eje endocrino: hipotálamo, hipófisis, adrenalina y cortisol alto -pero no del bueno de la mañana que nos despierta, sino el crónico y aplanado-. Al principio no podemos dormir, pero después no podemos levantarnos. Por supuesto también se alteran las glándulas tiroides, el ciclo menstrual, la glucosa y la memoria, entre otras cosas. Y finalmente el sistema inmunitario responde a esa inflamación y nuestro cuerpo empieza a manifestar y expresar lo que la cultura no nos deja decir. Les doy algunos ejemplos que lamentablemente se volvieron muy comunes como el colon irritable, resfríos que no se van, bruxismo, ansiedad de base, piel reactiva. Y no es casual, sino que es el cuerpo diciendo: “basta, no llego”. Y el problema no es que no llegamos al objetivo, sino que el objetivo está diseñado para que nunca lleguemos. Porque además si fuera posible llegar, dejaríamos de consumir un montón de actividades que hacemos fundamentalmente para tener validación externa.
¿Y cómo nos impactan las exigencias y los mandatos de meritocracia y del “si querés, podés”?
Hay una trampa en esa instalación, porque convierte un problema colectivo en culpa individual: “Si estás agotada, es porque no sabés organizarte, no porque el modelo es insostenible”. Esa meritocracia del esfuerzo nos hace creer que descansar es un premio que te ganás después de llegar. ¿Adónde?, ¿Cuál es ese modelo ideal al que supuestamente debemos llegar? Y entonces nunca descansamos y como decimos cotidianamente, vamos “con la quinta a fondo”. Eso en PNIE se llama estrés moral: “hago todo lo que se supone que tengo que hacer y aun así me siento mal”. Y como si fuera poco, nos culpamos por sentirnos mal.
¿Entonces, cómo escapamos de este laberinto?
Intentando cambiar la fórmula, y pasar del «hacer para ser» a «ser para hacer” aquello que nos gusta y lo que tenga sentido, y que al final del día nos haga sentir que “no fue otro día más en la ruedita del hámster”. Es lo que llamamos una vida como proyecto o con propósitos, donde hago porque soy y no para ser para las miradas, los aplausos, o el reconocimiento de un otro a quien en verdad yo no le importo nada. Para que quede bien claro: No tenemos que ganarnos el derecho a existir. Se trata de encontrar aquello que le dé sentido a nuestro día a día.
¿Será por eso que los adultos criticamos conductas de nuestros adolescentes que tal vez no entendemos, como “farmear aura”?
Claro. Es un buen ejemplo de algo que saca a muchos jóvenes de las pantallas y los vuelve a reunir en encuentros creativos. Sin embargo, los prejuicios y el desconocimiento hacen que muchos adultos los estigmaticen y digan que están haciendo “pavadas”. Farmear viene de farming que es cosechar y cultivar. En criollo, podríamos decir que es repetir una acción muchas veces para juntar algo. Y si prestamos atención, veremos que algo de esto sucede en otros ámbitos, por ejemplo en los videojuegos en los que el desafío es repetir y superarse para conseguir logros. Y hoy muchos jóvenes se están juntando en plazas y repiten gestos, caras, movimientos, y juegan y se animan a expresarse como si estuvieran al frente de un gran espejo de conductas, y además pierden el miedo y la vergüenza a mostrarse y compartir. ¡Es muy saludable!
¿Cree que con el farmeo nos están diciendo algo a los más grandes?
No tengo ninguna duda. Para alguna gente, estos comportamientos no tienen sentido, pero si nos animamos a pensar un poco, veremos que estos jóvenes que están farmeando aura se están comunicando y nos están diciendo: “Estamos aquí, disfrutando, jugando, creando y disponiendo de nuestro tiempo”. Pero claro, es lógico que nuestra “cultura productivista” condene lo que no encaja con sus mandatos. Un montón de adolescentes y jóvenes están ocupando un nuevo espacio con nuevos hábitos, se sienten vivos con algo que no genera dinero y luego regresan a sus casas felices por haberse encontrado y compartido algo lindo con amigos y desconocidos. Pudieron salir de sus encierros, de sus piezas y de las pantallas. De algún modo nos están diciendo: “sabemos que el mundo productivo va en otra dirección, en una carrera al éxito, a lo material, a la riqueza…pero, ¿Y si hay otra manera de vivir?”. Mientras los suicidios de multiplican de manera alarmante, muchos jóvenes, con sus hormonas en ebullición y poniéndose en contacto con el entorno, parecen invitarnos a pensar y a buscar otros caminos diferentes al mundo de los adultos de hoy, y al que aparentemente no quieren. Parecen buscar otra manera de vivir, con todo derecho y sólo por estar aquí habitando este mundo. Y la verdad es que vivimos sólo una vida y por lo tanto, es razonable creer que esta experiencia debería valer la pena.
Según Dostoievski, “el escape es imposible si el prisionero ignora que está en prisión” ¿Cómo hacemos para darnos cuenta?
Te respondo con algo que dijo el filósofo argentino Rodolfo Kush: “El mundo del ser es como una sala de espera. Siempre estamos esperando ser”. A esto lo retomó el psicoanalista Miguel Benasayag, quien señaló: “El estar siendo es vivir la plenitud de lo que está aquí y ahora. El futuro para la modernidad colonial es siempre una promesa”. Y humildemente yo me permito expresar: “Occidente nos hizo creer que somos un proyecto a construir y así nunca se acaba”. Para la PNIE esto es inflamación crónica y cortisol basal alto. Un sistema inmune que no descansa porque el cerebro le manda la señal: “todavía no llegamos”.
¿Y entonces que podemos hacer para darnos cuenta, salvarnos y cuidarnos?
Dejar de tratarnos como un proyecto a optimizar y volverlo a tratar como un territorio a habitar. No esperar a que “el proyecto” esté listo, y salir de la sala de espera ya mismo. Acaso cuando los adultos sostenemos los personajes “del lindo, del exitoso, de la del cuerpo escultural, del canchero, etc.”, ¿no estamos farmeando aura 24×7, todo el día y todos los días? Creo que cuando los personajes y las máscaras se apropian de nosotros, entonces nos olvidamos que somos mucho más que eso.
¿Cuáles son los límites de nuestros cuerpos y mentes para soportar tanta presión?
No exagero si digo que no dormimos, no digerimos y no deseamos. En nuestro país por ejemplo, el Observatorio de Psicología Aplicada de la UBA confirmó recientemente que el 60% de los argentinos tienen problemas para dormir. En el año 2020 eran el 41%. Y la causa principal son las preocupaciones y pensamientos que no se apagan de noche. En relación al aumento de enfermedades gástricas y digestivas, casi la mitad de los argentinos sufren hoy trastornos funcionales que van desde inflamaciones y úlceras hasta hígado graso y cáncer. El eje intestino-cerebro desborda de estrés y está colapsado.
Según las últimas encuestas serias, sólo el 15% de las personas consultadas dice estar satisfecho con su vida sexual. Pero lo alarmante, es que más del 50% admiten sufrir una “crisis vital”. Como bien lo dice el psiquiatra Walter Ghedin, se consumen muchos psicofármacos que disminuyen el deseo. Pero además el celular en la cama aumentó el insomnio y mató la intimidad. Entonces, el cuerpo se apaga.
En relación a los problemas de ansiedad y los ataques de pánico, son actualmente el grupo más prevalente del país. La situación se agravó con la pandemia y hoy 4 de cada 10 argentinos sufren estos trastornos. Por supuesto, también aumentan los cuadros depresivos y los suicidios. O sea, nos estamos enfermando más y muriendo antes. Sólo para ejemplificar, podemos mencionar la creciente cantidad de gente con problemas cardiovasculares, infartos y ACV. También lo que está pasando con el cáncer de colon, tan ligado a la inflamación crónica y al estrés sostenido, con no menos de 16.000 nuevos casos anuales.
En resumen, una comunidad, un país que no duerme, no digiere, entra en pánico, pierde el deseo y se infarta, es una sociedad que está esperando ser… y esperando vivir con plenitud y felicidad.
Detrás de muchas conductas suicidas no está el deseo de morir, sino ganas de dejar de sufrir








