La controversia generada en torno al juego «Fixture 2026» de Mercado Pago y las críticas realizadas por la Asociación de Loterías, Quinielas y Casinos Estatales (ALEA) abrió una discusión sobre los límites legales de las plataformas que ofrecen pronósticos deportivos que pese a ser validas, están desviando la atención de lo que verdaderamente importa: el crecimiento de las apuestas entre adolescentes y jóvenes.
En los últimos días, ALEA cuestionó algunos aspectos de la propuesta promocional vinculada al Mundial 2026 y logró que Mercado Pago modificara la modalidad denominada «Torneo de amigos». Aunque las diferencias entre ambas partes fueron subsanadas y la iniciativa continúa vigente, referentes que trabajan en prevención de la ludopatía consideran que la discusión quedó atrapada en aspectos regulatorios mientras se deja de lado el impacto social y sanitario de lo que ocurre.
En diálogo con Hoy Día Córdoba, la psicopedagoga y especialista en ciudadanía digital Mariana Savid Saravia planteó que la polémica expone una disputa entre grandes actores del mercado, pero que la preocupación principal debería estar puesta en los menores de edad. «Mientras ALEA y Mercado Pago se disputan el negocio de las apuestas, los chicos ya perdieron el partido«, afirmó.
Para ella, la discusión pública se concentra en determinar si una plataforma cuenta o no con autorización para operar, cuando la realidad muestra que miles de adolescentes ya están expuestos a dinámicas similares a las apuestas.
«No voy a meterme en la parte legal porque no es mi especialidad. Pero sí voy a decir lo que veo diariamente: adolescentes y jóvenes atrapados en una espiral que no entienden, que no pidieron y de la que no saben cómo salir», señaló.
Savid Saravia consideró que detrás de la denuncia existe también una disputa económica. «Seamos sinceros, la denuncia de ALEA no nace de una preocupación genuina por la salud de nuestros hijos. Nace de que una plataforma gigante como Mercado Pago está invadiendo un negocio que históricamente fue un monopolio estatal: el de los juegos de azar», sostuvo.
La especialista alertó además sobre el rol que cumplen las billeteras virtuales en el acceso temprano a este tipo de prácticas y advirtió: «La edad de inicio en las apuestas online está directamente asociada a la apertura de billeteras virtuales, que ocurre en torno a los 13 años».
Para la profesional, uno de los riesgos más importantes es que el dinero digital diluye la percepción de pérdida. «Cuando un adolescente apuesta desde una billetera virtual, el dinero es un número en una pantalla. La plataforma lo llama ‘porotos’, un término lúdico que disfraza la apuesta y desdibuja el riesgo», advirtió.
«Legal o ilegal, destruye igual»
Una mirada similar expresó también a este medio Munir Bracco, vocero del Arzobispado de Córdoba e integrante de diversas iniciativas de prevención de la ludopatía juvenil, al mencionar que la discusión actual corre el riesgo de perder de vista el problema central. «La primera pregunta que uno puede hacer es: ¿este litigio es por preocupación por la salud mental o por perder clientela?», planteó en línea con lo que indicó Mariana.
Y agregó: «¿Preocupa la expansión de la ludopatía o preocupa la pérdida de la clientela? Es una pregunta para reflexionar».
El vocero remarcó que el Mundial debería ser una oportunidad para promover valores vinculados al deporte y al encuentro social, pero advirtió que ese escenario está siendo utilizado para incentivar conductas de riesgo. «Se aprovecha la pasión por el fútbol, se aprovecha la pasión por la Selección Argentina y se la lleva para otra pasión, que es la pasión por apostar, que termina o puede terminar haciendo mucho daño«, sostuvo.
Bracco insistió en que el eje del debate debería estar puesto en la salud pública y no exclusivamente en la regulación del mercado. «Este litigio no nos tiene que sacar del eje. Acá el conflicto es la salud mental, es la salud pública», afirmó.
A su vez, alertó sobre la fuerte presencia de publicidad vinculada a las apuestas en redes sociales y plataformas digitales. «Circula una publicidad alevosa, impresionante, bien armada para hacer daño. Ese es el foco», señaló.
En ese sentido, recordó que numerosos estudios muestran que los adolescentes no suelen diferenciar entre plataformas legales e ilegales. «La apuesta es apuesta al fin. No se trata de si es legal o ilegal. Se trata de que una publicidad que incentive a apostar, incentiva una adicción», expresó.
Finalmente, Munir reiteró una frase que ya había utilizado en debates anteriores sobre la temática: «Legal o ilegal, destruye igual».
Tanto Savid Saravia como Bracco coincidieron en que la discusión sobre habilitaciones, permisos y competencias comerciales no debería eclipsar una preocupación que crece entre familias, escuelas y organizaciones sociales: el avance de las apuestas entre adolescentes cada vez más jóvenes y la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención y acompañamiento.
El lado peligroso del Mundial: una nueva puerta a la ludopatía en menores









