Cada 11 de marzo, Argentina conmemora el Día Nacional de la Lucha contra la Violencia de Género en los Medios de Comunicación, una fecha destinada a reflexionar sobre el rol que cumplen la prensa, la radio, la televisión y las plataformas digitales en la construcción de sentidos sociales y culturales.
La efeméride se vincula directamente con la sanción de la Ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, aprobada en 2009, una normativa que amplió el concepto de violencia de género al reconocer diversas formas en que esta puede manifestarse, incluyendo la denominada «violencia mediática».
¿Qué se entiende por violencia mediática?
La legislación define la violencia mediática como la difusión de mensajes o imágenes, a través de cualquier medio de comunicación, que de manera directa o indirecta promuevan la explotación, la discriminación o la desvalorización de las mujeres. También incluye aquellos contenidos que reproduzcan estereotipos, cosifiquen sus cuerpos o atenten contra su dignidad.
En ese sentido, la norma advierte que los discursos mediáticos no son neutrales: contribuyen a moldear percepciones, comportamientos y valores sociales. Por eso, cuando se presentan a las mujeres o diversidades desde una lógica de estigmatización o subordinación, se refuerzan patrones culturales que perpetúan la desigualdad.
Un periodismo con perspectiva de género
El objetivo central de esta jornada es promover una comunicación plural, igualitaria y libre de sexismo. La invitación está dirigida especialmente a periodistas, editores, productores y comunicadores, quienes tienen la capacidad de influir en la agenda pública y en la forma en que se narran los hechos vinculados con la violencia de género.
Organismos como la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual y el Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión impulsan recomendaciones y guías para un tratamiento informativo responsable, que evite la revictimización y el sensacionalismo, y que incorpore una mirada con perspectiva de género.
Herramientas de asistencia
Además de la reflexión sobre las prácticas periodísticas, la fecha también busca visibilizar recursos de acompañamiento para quienes atraviesan situaciones de violencia. Entre ellos se destaca la línea 144, un servicio de atención gratuita y confidencial disponible en todo el país para brindar orientación y asistencia a víctimas.

A través de campañas de sensibilización, capacitaciones y monitoreos de contenidos, distintos organismos e instituciones trabajan para que los medios de comunicación se conviertan en aliados en la prevención de la violencia y en la promoción de una cultura basada en la igualdad y el respeto.
¿Qué implica la responsabilidad informativa?
La conmemoración del 11 de marzo invita a revisar de manera crítica el papel que cumplen los medios en la construcción de sentidos sociales. Lejos de ser simples intermediarios de la información, los discursos mediáticos influyen en la manera en que la sociedad interpreta la violencia de género, define responsabilidades y establece qué relatos merecen atención pública.
Cuando la cobertura periodística reproduce estereotipos, pone el foco en la vida privada de las víctimas, justifica implícitamente a los agresores o presenta los hechos desde el morbo y el sensacionalismo, no solo desinforma: también contribuye a naturalizar desigualdades y violencias.
La propia Ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres advierte sobre el impacto que estos discursos pueden tener en la reproducción de patrones culturales discriminatorios.
Por eso, más que una fecha conmemorativa, el Día Nacional de la Lucha contra la Violencia de Género en los Medios de Comunicación funciona como un llamado de atención al sistema mediático.
La construcción de una comunicación responsable no es un gesto simbólico ni una tendencia pasajera: es una obligación ética y profesional.
En un contexto donde la información circula con rapidez y alcance masivo, el modo en que se narran las violencias puede contribuir a visibilizarlas y combatirlas, o, por el contrario, reforzar las estructuras que las sostienen. La diferencia, muchas veces, está en cómo se decide contar la historia.









