La traición es la ruptura deliberada de un pacto de confianza o lealtad, ya sea explícito o implícito. Ocurre cuando alguien actúa en contra de lo prometido o de las expectativas de una relación. En geopolítica ha sido frecuente, aunque pocas veces es visibilizada tanto por el interés del traidor, como por la vergüenza o debilidad del traicionado.
Desde la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. se constituyó como poder hegemónico en lo financiero, tecnológico, militar y desde lo geopolítico en un mundo bipolar hasta la caída de la URSS.
En ese camino, muchos países confiaron en él. Pero desde muy temprano comenzó a utilizar la traición con sus supuestos aliados. De allí que Henry Kissinger dijera: “Ser enemigo de Estados Unidos puede ser peligroso, pero ser su amigo es fatal». Veamos.
En los 70 Taiwán estaba desarrollando una bomba atómica que la hubiera protegido de un eventual ataque de la República Popular. EE.UU. –y la CIA- sabotearon ese proyecto convenciendo a Grey Chang -el segundo del Programa nuclear taiwanés–que era imprudente que desarrollaran una bomba, por lo que fue acusado en su país de “traidor” y hoy continúa viviendo en EE.UU.
Así en 1971 la ONU aprobó la expulsión de Taiwán y la declaración que reconocía a la República Popular China (RPCh)como la única China con capital en Beigín (o Pekín como se la llamaba entonces).
Eso a pesar del voto negativo de EE.UU. que mantuvo su relato, pero no hizo nada más para evitarlo y en 1979 también la reconoció como única representante del pueblo chino, a pesar de su relato protector de Taiwán, sigue formalmente reconociéndola ahora, y en especial luego de la visita de Trump a China.
Mientras tanto hoy EE.UU. ha firmado con Taiwán un acuerdo con aranceles del 15% a los productos taiwaneses mientras realice inversiones masivas (estimadas en miles de millones de dólares) en tecnología, construcción de fábricas de semiconductores en suelo estadounidense –lo que eliminaría su paraguas protector tecnológico como mayor productor mundial- y compras de energía y aeronaves a Estados Unidos.
Desde 1980, EE.UU. apoyó a Irak contra Irán (1980-1988). Duranteel gobierno de Ronald Reagan proporcionó al gobierno de Sadam Hussein miles de millones de dólares en ayuda económica, tecnología de doble uso, inteligencia satelital y entrenamiento en operaciones especiales.
Pero luego del ataque a las torres gemelas (2001), EE.UU. acusó a Irak de poseer armas de destrucción masiva –lo que luego fue totalmente desmentido- y de tener vínculos con el terrorismo. En marzo de 2003, una coalición internacional liderada por Estados Unidos invadió Irak, derrocando a Saddam Hussein.
En Europa, desde las revelaciones de Wikileaks se sabe que la National Security Agency (NSA) de EE.UU. espió a los presidentes Chirac, Sarkozy y Holande de Francia (2006-2012), a Ángela Merkel de Alemania, Berlusconi de Italia y otros líderes internacionales.
Allí, impulsó desde la OTAN a sus aliados a expandirse hacia el este-que era una de las acciones a evitar, según las promesas hechas a Gorbachov-, hasta llegar a Ucrania –que era una de las líneas rojas de Rusia-, tras haber provocado el Euromaidán (2013-2014) que derrocó al gobierno pro-ruso e inició la insurrección en el Donbas de los ruso-parlantes, hasta que luego de algunos años de conflicto interno se produjo la invasión rusa y su anexión.
Ahora los está abandonando a su suerte exigiéndole mayor gasto en defensa que en su mayoría gastarán comprando armas a empresas estadounidenses.
La invasión a Afganistán (2001-2021) con aliados de la OTAN, culminó con un acuerdo con los Talibanes (2020) durante el primer gobierno de Trump y una retirada desastrosa sin avisar con tiempo a sus aliados europeos allí estacionados en 2021 durante el gobierno de Biden.
También es necesario recordar la explosión del gasoducto Nordstream 2 entre Rusia y Alemania, que hubiera proporcionado gas barato e ilimitado, fue al menos consentida por el gobierno de Biden que había dicho durante una rueda de prensa conjunta con el canciller alemán Olaf Scholz:»Si Rusia invade… ya no habrá un Nordstream2. Le pondremos fin». Ante la pregunta de un periodista sobre cómo lo harían al tratarse de un proyecto controlado por Alemania, Biden respondió: «Se lo prometo, seremos capaces de hacerlo», por lo que ahora debe comprarle a EE.UU. más caro y sin seguridad de abastecimiento tras el ataque con Israel a Irán.
En 2022 durante el gobierno de Biden, la “Inflation Reduction Act” (IRA),redujo impuestos y facilitó inversiones de empresas europeas que se radiquen en EEUU y luego el gobierno de Trump impuso tasas arancelarias a bienes europeos que comenzaron a tener problemas para ingresar a EE.UU., por lo que algunas empresas comenzaron a invertir en EE.UU. –o México- y desinvertir en Europa.
La estrategia es que sus aliados sean “independientes” mientras aceptan su protectorado, sostienen al dólar como moneda de intercambio, bases militares en su territorio, compra de armas o gas y petróleo en algunos casos, alegando “enemigos comunes” que los amenazarían, luego de coartar su verdadera independencia –inclusive con traiciones o afectaciones negativas-.
Así se entiende cierta adhesión de los países de indochina–India, Indonesia, Corea del Sur, Japón, Vietnam, etc.- a ese “protectorado” militar por la supuesta amenaza china o norcoreana, pero independizándose en lo económico –vendiendo bonos de EEUU-, tecnológico –aceptando empresas chinas en su territorio-, comercial –formando parte de los BRICS- y financiero –pagando con sus propias monedas o el yuan chino-.
También están en duda los países del golfo, que tras la invasión de EE.UU. e Israel se vieron involucrados en una guerra de la que ni siquiera fueron informados, que afectarán sus ingresos por mucho tiempo por los daños recibidos sin que EE.UU. haya podido demostrarles la eficacia de ese protectorado.
Por lo que parece que tras años de usar la traición o el miedo a los “cucos” creados, esas estrategias de EE.UU. están perdiendo su eficacia.









