El Grupo G de la Copa del Mundo comenzó con muchísima intensidad en Seattle. Bélgica y Egipto firmaron una paridad 1 a 1 en su debut mundialista, dejando un saldo de una unidad para cada lado. Fue un enfrentamiento sumamente dinámico que mantuvo la tensión hasta el final.
Un complemento a pura emoción
Tras un primer tiempo donde los africanos sacaron provecho de su efectividad para irse al descanso arriba en el marcador por el golazo de Emam Ashour, la tónica cambió rotundamente en la segunda mitad.
El combinado belga adelantó sus líneas, incrementó la presión en terreno rival y tuvo un aviso clarísimo a los siete minutos mediante un potente derechazo de Kevin De Bruyne que se estrelló contra el palo.
Esa insistencia constante terminó dando sus frutos sobre los 21 minutos, en una ráfaga clave que nació desde el banco de suplentes. Romelu Lukaku ingresó al campo de juego y, apenas segundos después de pisar el césped, forzó el error en el área rival tras un centro lateral, provocando que el defensor egipcio Mohamed Hany introdujera la pelota en su propio arco para igualar las acciones.
Opciones en ambas áreas
Con la paridad nuevamente instalada, el trámite se rompió por completo y el tramo decisivo ofreció un desarrollo de golpe por golpe. El combinado africano no se resignó a defender cerca de su arco y exigió a Thibaut Courtois con llegadas muy peligrosas, incluyendo un cabezazo venenoso de pique al piso de Mohamed Salah que el arquero logró contener con mucho esfuerzo.
En la otra vereda, Bélgica no sacó el pie del acelerador y también contó con oportunidades nítidas para llevarse un triunfo agónico en el tiempo adicionado. Sin embargo, una brillante intervención del arquero egipcio ante un cabezazo a quemarropa y la falta de puntería general de los delanteros belgas en los últimos metros sellaron el reparto de puntos en este atractivo debut.









