El debate sobre los estereotipos en la Justicia normalmente suele estar asociado a los casos de violencia de género, pero en la realidad no se limitan solo a ellos, y los casos en los que los prejuicios han inclinado más la balanza hacia ciertas decisiones judiciales son muchos.
Algunas veces están en momentos más simples como la interpretación de una norma, y otras, en aspectos mucho más sensibles como la valoración del testimonio de una víctima. La preocupación por los prejuicios y las ideas preconcebidas en el razonamiento de jueces y juezas forma parte de la agenda internacional desde hace décadas y hoy vuelve a adquirir protagonismo.
El contexto no es casual: el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW), órgano de Naciones Unidas encargado de supervisar la aplicación de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, se encuentra elaborando la Recomendación General N.º 41, un documento que establecerá pautas específicas sobre cómo los Estados deben abordar la problemática de los estereotipos en el ámbito judicial.
En ese escenario, la Universidad Blas Pascal organizará el próximo 21 de agosto el seminario de posgrado «Estereotipos detrás de las normas y el razonamiento jurídico», una propuesta abierta al público que estará a cargo del Dr. Federico José Arena, director del Doctorado en Derecho de la institución e investigador especializado en el estudio de los estereotipos y su impacto en las decisiones judiciales.
Como antesala, en diálogo con Hoy Día Córdoba, Arena explicó por qué considera necesario profundizar este debate, cuáles son los principales desafíos que enfrentan hoy los operadores judiciales y por qué entender cómo funcionan los estereotipos resulta indispensable para construir una Justicia más objetiva.

Aunque el tema parece haber ganado visibilidad en los últimos años, Arena comienza aclarando que la discusión sobre los estereotipos en el ámbito jurídico tiene una larga historia. «En realidad vale la pena decir que ya hace bastante tiempo que se está hablando de los estereotipos en ámbito judicial«, señala.
El especialista recuerda que uno de los primeros grandes impulsos surgió en Estados Unidos durante la década del setenta, a partir de las luchas del movimiento feminista, sobre lo que explica: «Si nos remontamos muy atrás, ya en los 70, con las batallas del feminismo estadounidense lideradas sobre todo por la entonces abogada y después jueza de la Corte Suprema de Estados Unidos Ruth Ginsburg, los estereotipos ya empezaban a ser foco de cuestionamientos judiciales. Y a partir de allí se empezó a crear cierta jurisprudencia en Estados Unidos».
Sin embargo, en América Latina el punto de inflexión llegó varias décadas después con un fallo emblemático de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Recuerda que la sentencia dictada en 2009 en el caso Campo Algodonero vs. México marcó un antes y un después en la manera de abordar esta problemática. En ese caso, la Corte condenó al Estado mexicano por las graves falencias en la investigación de las desapariciones y asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez. «Una de las causas de esa negligencia que identificó la Corte fue precisamente la existencia de estereotipos de género«, afirma.
Ese fallo se apoyó, además, en la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, cuyos artículos 5 y 10 establecen la obligación de los Estados de combatir los estereotipos tanto en la educación como en las investigaciones judiciales.
Como consecuencia, numerosos países comenzaron a incorporar políticas específicas dentro de sus poderes judiciales. «Eso se refleja también en la creación de distintas oficinas de la mujer en los poderes judiciales nacionales, principalmente la de nuestra Corte Suprema impulsada por la entonces jueza Carmen Argibay en 2009″, destaca.
Si bien la obligación internacional de combatir los estereotipos lleva años vigente, Arena sostiene que todavía existe una dificultad central: y es que no siempre resulta claro qué son exactamente los estereotipos y cómo deben ser identificados dentro del razonamiento jurídico.
Según explica, el problema no pasa únicamente por incorporar perspectiva de género o capacitar a magistrados, sino también por desarrollar herramientas conceptuales que permitan reconocer cuándo un razonamiento está siendo influido por un prejuicio. «Primero y principal, hay que entender qué son los estereotipos, qué efectos producen y, por lo tanto, de qué manera combatirlos», sostiene.
Desde su mirada, todavía queda pendiente un trabajo filosófico, jurídico y conceptual que permita comprender con mayor precisión cómo operan estas construcciones sociales dentro del razonamiento judicial.
El Comité CEDAW ya concluyó el período de consultas para elaborar la Recomendación General N.º 41 y se espera que durante este año publique el documento definitivo. «Esa resolución ya ha sido objeto de comentarios por distintos juristas, distintas organizaciones e incluso distintos Estados. Ahora estamos esperando que a lo largo de este año se publique la resolución», explica. Para Arena, esta actualización normativa representa una oportunidad para revisar las prácticas judiciales y fortalecer la calidad de las decisiones.
Volviendo al planteamiento del principio, sobre que los estereotipos de género son los más conocidos pero que existen muchos otros, Arena también insiste en que limitar la discusión únicamente a esa dimensión sería un error, y señala: «Los estereotipos desde el inicio de su estudio en psicología y en ciencias cognitivas se ocuparon de numerosos grupos sociales y no solamente de mujeres«.
Si bien reconoce que el feminismo impulsó las primeras transformaciones jurídicas en esta materia, sostiene que con el tiempo comenzó a advertirse que otros grupos también eran objeto de prejuicios que afectaban las decisiones judiciales. «La necesidad también de combatir judicialmente otras formas de estigmatización empezó a aparecer porque producen efectos discriminatorios o distorsivos en el razonamiento judicial», explica el especialista, y entre los ejemplos menciona los estereotipos vinculados con la etnia, la nacionalidad, la edad (sobre todo contra adultos mayores) y la condición socioeconómica. La preocupación, según aclara, no pasa solamente por la discriminación que pueden generar, sino también porque alteran la forma en que se analizan los hechos y se aplica el derecho.

Cómo un estereotipo puede cambiar una sentencia
Una de las cuestiones centrales que plantea Arena es que los estereotipos pueden intervenir en dos momentos fundamentales del razonamiento judicial. Por un lado, en la interpretación de las normas, y por otro, en la reconstrucción de los hechos que dieron origen al conflicto. «Los juristas solemos distinguir entre cuál es el derecho aplicable y cuáles son los hechos de la causa. Bueno, los estereotipos pueden incidir en ambas cuestiones», reflexiona sobre su trabajo.
Como ejemplo, menciona las licencias por nacimiento y los roles tradicionales asignados a hombres y mujeres: «Un estereotipo acerca de la naturaleza cuidadora de las mujeres, o la idea de que deberían dedicarse a las tareas de cuidado y no a la profesión, puede incidir en el modo en el cual un juez interpreta la concesión de licencias por nacimiento o maternidad«.
Según indica, cuando esos supuestos influyen en la interpretación judicial pueden terminar reforzando desigualdades preexistentes. Pero el impacto también suele estar en la valoración de las pruebas, especialmente cuando se analiza la credibilidad del testimonio de una víctima. Arena hace alusión al concepto de la «víctima ideal», una construcción estereotipada que condiciona la forma en que muchas veces se evalúan las denuncias.
Entre sus distintas variantes aparece el estereotipo de la «mujer estratégica», sobre el que explica: «Es el estereotipo según el cual la mujer que denuncia lo hace para obtener otros fines adicionales distintos a los procesales, como obtener un beneficio estatal o quedarse con la vivienda». Cuando ese prejuicio aparece, advierte, el testimonio deja de analizarse objetivamente. «Eso hace que su declaración sea evaluada negativamente en lugar de ser analizada de manera objetiva», agrega.

Sobre los sesgos y la dificultad de reconocerlos
Durante la entrevista, Arena también diferencia los estereotipos de otra noción que en los últimos años comenzó a ocupar un lugar importante en la psicología y en las ciencias cognitivas: los sesgos.
Los sesgos hacen referencia a mecanismos automáticos de pensamiento que operan muchas veces de manera inconsciente. «Las personas, cuando interactuamos con otras o cuando tenemos que razonar en contextos donde no conocemos absolutamente todos los detalles de una situación, tendemos a recurrir a ciertos atajos«, resalta el especialista. Esos atajos mentales pueden influir en las decisiones sin que quien las toma sea plenamente consciente de ello. «Los sesgos son el resultado de formas de pensar de las cuales no somos completamente conscientes y que inciden en nuestro comportamiento y en nuestro razonamiento de manera automática», agrega a su explicación.
Pero justamente porque los jueces no dejan de ser personas, tampoco están exentos de estos mecanismos cognitivos, y Arena explica: «Ellos, como cualquier otra persona, pueden verse sometidos a ese tipo de razonamiento automático o inconsciente. Es importante tenerlos en cuenta para prevenir que provoquen efectos distorsivos o discriminatorios en la decisión judicial».
Para él, uno de los principales obstáculos consiste en que detectar los sesgos propios resulta mucho más difícil que identificar los ajenos. Por eso considera que la capacitación permanente constituye una herramienta indispensable para quienes integran el sistema judicial.
A su vez, aclara que no se trata únicamente de profundizar conocimientos técnicos sobre derecho, ya que también resulta necesario fortalecer la formación en argumentación jurídica: «Permitiría a los jueces contar con herramientas cada vez más precisas para identificar los modos en que el razonamiento tiene que ser construido correctamente y detectar cuándo un estereotipo o un sesgo produce una distorsión».
A su entender, comprender la historia de las luchas contra los estereotipos y conocer cómo estos operan en distintos ámbitos también contribuye a mejorar la calidad de las decisiones judiciales.
Los controles institucionales
Pero la capacitación por sí sola no alcanza, y desde la perspectiva de Arena, también resulta indispensable que funcionen correctamente los mecanismos institucionales de control sobre las decisiones judiciales.
En ese sentido, destaca tanto el sistema de recursos como las herramientas disciplinarias previstas dentro del Poder Judicial: «Necesitamos que tanto la vía recursiva como la vía disciplinaria funcionen correctamente para poder contrarrestar los efectos de los estereotipos y sesgos, no solo en el modo de razonar de los jueces, sino también en los resultados de las sentencias judiciales».
La organización del seminario en la Universidad Blas Pascal busca generar ese espacio para profundizar sobre estas discusiones desde una perspectiva académica, jurídica y práctica.
Para quienes estén interesados, la propuesta abordará durante cinco unidades temáticas la influencia de los estereotipos en el razonamiento judicial y ofrecerá herramientas para evaluar críticamente cómo los prejuicios pueden incidir en la adjudicación de derechos. La actividad se desarrollará a partir del 21 de agosto y estará abierta al público interesado bajo inscripción previa.
Tanto este espacio académico como otras instancias de debate se vuelven fundamentales para que las decisiones judiciales estén libres de discriminación. El desafío ya no pasa únicamente por reconocer que los estereotipos existen, sino por comprender cómo operan en los procesos de decisión y desarrollar mecanismos efectivos para evitar que condicionen el acceso a la justicia y la igualdad ante la ley. Por último, es relevante destacar el avance de la Recomendación General N.º 41 del Comité CEDAW, que refuerza esa discusión y coloca nuevamente en agenda una pregunta central para los sistemas judiciales: cómo garantizar que las sentencias se construyan sobre pruebas, argumentos y normas, y no sobre prejuicios arraigados.
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