Hace algunos meses, este medio conversó con uno de los integrantes de Salas Velatorias para conocer más sobre el recorrido de la banda y su propuesta artística. Pero la realidad prácticamente nos obliga a volver a hablar con ellos: desde aquel encuentro, el grupo atravesó dos momentos importantes; por un lado, su postulación a los premios Grammy y, por el otro, la confirmación de su participación en Cosquín Rock.
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Todo eso da cuenta del momento de crecimiento que atraviesa Salas Velatorias. La banda cordobesa, integrada por Federico Palacio en bajo y voz líder, Salvador Velázquez en batería, Juan Venancio Marchio e Iñaki Arsaute en guitarras y coros, Ramiro Montenegro en saxo y Ernesto Santiago Bojanich Zahnd en teclados y sintetizadores, continúa ampliando su público mientras consolida una propuesta que excede lo estrictamente musical.
El próximo paso será el 29 de agosto en Pez Volcán (Av. Marcelo T. de Alvear 83), con una nueva edición de Funeral, el ciclo que la banda inició el 4 de julio con entradas agotadas. La propuesta busca convertir cada presentación en una experiencia que combine canciones, puesta escénica, visuales, luces y una fuerte dimensión performática.
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Para Palacio y Bojanich Zahnd, esa construcción también está relacionada con una forma de entender el lugar que ocupa una banda dentro de su comunidad. La música aparece como una herramienta de expresión, pero también como un espacio para encontrarse en un contexto que, según describen, está marcado por el aislamiento, la virtualidad y la incertidumbre.
Como se mencionaba en un inicio, uno de los hitos recientes para Salas Velatorias será su participación en el Cosquín Rock, una llegada que los integrantes de la banda interpretan no solamente como un reconocimiento individual, sino como una señal para la escena del interior.
“No sentimos que haya sido un objetivo de la banda tocar en el Cosquín, pero es algo que nos alegra inmensamente”, señalaron.
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La importancia, explicaron, está también en compartir escenario con proyectos que forman parte del nuevo mapa del rock argentino. En ese sentido, consideran que la presencia de bandas cordobesas en espacios de alcance nacional contribuye a que el interior deje de ser pensado como una escena separada. “Somos parte de un panorama”, sintetizaron, al mencionar a colegas como Camionero, Autos Robados y Winona Ryder.
La banda también encontró ese reconocimiento fuera de Córdoba. Durante el último tiempo recorrió distintas provincias, entre ellas Formosa, Tucumán, Santa Fe, San Luis. La experiencia les permitió comprobar que sus canciones podían atravesar las fronteras de la provincia. “Nos sorprendió mucho la oportunidad de ver gente cantando las canciones en provincias, a kilómetros de nuestra casa”, contaron.
La gira también tuvo un efecto puertas adentro. Las largas horas de ruta, las experiencias compartidas y el contacto con otros músicos terminaron reforzando los vínculos entre los integrantes y despertando nuevas ganas de componer y viajar.
Una banda que entiende la música como manifestación
Salas Velatorias no se presenta únicamente como una banda que busca entretener. Desde sus comienzos sostiene una idea de “manifestación emocional como forma de protesta”, concepto que volvió a aparecer durante la entrevista al hablar de la relación entre música, juventud y realidad social.
Según explicaron, buena parte del público comenzó a identificar al grupo como una compañía en momentos difíciles. Esa percepción, sostienen, implica una responsabilidad: si las canciones pueden funcionar como acompañamiento, también pueden convertirse en una forma de interpelar.
“Si representás algo, un peso o un acompañamiento para alguien, tenés que hacerte cargo de eso”, plantearon.
En esa concepción, el escenario se transforma en un lugar desde el cual expresar enojo, preocupación o rechazo frente a determinadas situaciones. La emoción no aparece separada de la política o de la realidad cotidiana, sino como una vía para recuperar la capacidad de reacción.
Para los músicos, allí también se juega parte de lo que denominan batalla cultural. La entienden vinculada a la empatía, la memoria, la pertenencia y, sobre todo, a la posibilidad de volver a encontrarse físicamente con otros.
La relación entre las personas y la tecnología es otro de los temas que atraviesan el universo creativo de la banda. En sus canciones aparecen referencias a la virtualidad, las criptomonedas, la post- verdad y las nuevas formas de comunicación.
El planteo que hacen es contradictorio: las redes permiten comunicarse, pero al mismo tiempo pueden convertirse en mecanismos de aislamiento y vigilancia. Incluso abandonar plataformas como WhatsApp o Instagram, señalan, puede significar quedar desconectado de buena parte de la vida social.
A esa discusión suman la preocupación por la inteligencia artificial y la dificultad creciente para distinguir aquello que fue producido por una persona de aquello generado artificialmente. “Hay una gran batalla cultural contra las creaciones humanas”, plantearon.
Para ellos, parte de la respuesta debería estar en la educación y en la capacidad de desarrollar herramientas que permitan distinguir entre información, manipulación y contenido generado artificialmente. En esa línea apareció una definición que resume buena parte de su preocupación: “El derecho a la información es derecho a la realidad”.
Una identidad que se construye en movimiento
El último material de la banda, Lamentario, reúne influencias relacionadas con el barrio, la soledad, la alienación y las experiencias compartidas entre sus integrantes. El nombre funciona como un juego de palabras alrededor de la idea de una colección de lamentos.
La composición tampoco responde, según explicaron, a un método rígido. Algunas canciones surgieron durante encuentros nocturnos en la casa de Juan Marchio; otras fueron trabajadas colectivamente a distancia, una dinámica condicionada además por el hecho de que los integrantes no viven todos en la misma ciudad. “No sé si nosotros hacemos discos conceptuales. Somos más de canciones, acumular canciones, ponerlas todas en una grilla y ver qué onda”, explicaron.

Esa espontaneidad también forma parte de la identidad del grupo. Desde la estética de los integrantes hasta los elementos visuales de sus presentaciones, Salas Velatorias fue construyendo un universo propio alrededor de la muerte, el lamento, lo teatral y lo barrial.
Incluso algunas referencias visuales remiten directamente a Córdoba. La imagen de la virgen utilizada en su universo gráfico, por ejemplo, proviene de un nicho del cementerio San Jerónimo, en Alberdi.
La banda también participa de proyectos que buscan fortalecer los vínculos entre artistas de distintas ciudades. Uno de ellos fue el trabajo junto a Sakatumba, banda de Buenos Aires, con la que realizaron el lanzamiento conjunto del EP Museo de la Industria.
La decisión de que el proyecto se concretara en Córdoba tuvo para ellos una lectura que excede la cuestión económica —compartir los costos de una producción— y apunta a una idea de federalización de la escena musical. “Siempre se le dio más pelota a lo que viene de afuera”, señalaron.
En ese contexto, consideran relevante que una banda porteña se acerque a Córdoba y que el intercambio no implique necesariamente que los músicos del interior deban trasladarse a Buenos Aires para conseguir visibilidad. El recorrido de Salas Velatorias también está marcado por la autogestión y por una red de personas que acompaña el proyecto. Palacio remarca que el crecimiento de la banda no responde exclusivamente a sus méritos musicales, sino también al trabajo de quienes confían en ella y colaboran para que pueda avanzar.
Funeral: un recital pensado como experiencia
Ese recorrido desemboca ahora en una nueva edición de FUNERAL, el ciclo que la banda diseñó para llevar su propuesta a una dimensión más teatral y conceptual.
El primer encuentro, realizado el 4 de julio en Pez Volcán, agotó sus entradas. La segunda ceremonia será este sábado, nuevamente en el mismo espacio. La invitación, según los integrantes, no está dirigida únicamente a quienes ya conocen a la banda. El público puede llegar con su propia estética y participar del universo que Salas Velatorias construyó alrededor del ciclo. “Se van a encontrar un lugar seguro para ir y sentirse bien, sentirse cómodo, poguero, tranquilo, como quieran”, describieron.
La propuesta incluye música, teatro, visuales, luces e intervenciones del propio público. En ese sentido, FUNERAL busca que el recital deje de ser únicamente el momento en que una banda toca canciones frente a espectadores y se convierta en una experiencia colectiva. En tiempos atravesados por la virtualidad, la inteligencia artificial y una creciente discusión sobre los vínculos sociales, Salas Velatorias encuentra en el escenario una respuesta concreta: volver a juntarse. La música, para la banda, puede ser entretenimiento, expresión y protesta, pero también una forma de recuperar el sentido de pertenencia.
Y la ceremonia para esta nueva fecha, donde los “deudos” volverán a encontrarse con Salas Velatorias, cuenta con entradas disponibles en Bohemiatickets.com.ar.









