Las decisiones reproductivas están mostrando una importante transformación durante los últimos años. Hay menos nacimientos, los embarazos adolescentes cayeron de manera marcada y, al mismo tiempo, cada vez son más las personas que deciden postergar la maternidad y la paternidad. El fenómeno ha sido ampliamente analizado y no responde a una única causa, detrás hay cambios culturales, económicos, laborales, educativos y también nuevas formas de pensar los proyectos de vida.
En Córdoba se agrega un dato significativo: la cantidad de nacimientos de madres adolescentes descendió mucho más rápido que la natalidad general. Según un informe elaborado por el Ministerio de Salud provincial, en 2018 se registraron 5.832 nacimientos de madres menores de 19 años, casi el 10% de los 59 mil nacidos vivos de ese año. En 2025, en cambio, fueron 2.281. La reducción acumulada de la fecundidad en ese grupo alcanza el 39%. La caída implica entre 1.400 y 1.600 nacimientos menos por año respecto de los niveles de la década anterior y representa, según los datos oficiales, más del 30% de la reducción general de los nacimientos en la provincia.
Pero el descenso de los embarazos adolescentes no alcanza por sí solo para explicar el nuevo escenario. También hay otro fenómeno que adquiere cada vez mayor peso: personas que quieren tener hijos, pero eligen hacerlo más adelante. Para analizar los datos y entender los cambios en las decisiones reproductivas, Hoy Día Córdoba habló con Yael Braunsteni, ginecóloga especialista en medicina reproductiva, y Anabel Fernández Prieto, Oficial de Programas de UNFPA Argentina y coordinadora del estudio “Deseos reproductivos en la encrucijada”.
“En Argentina no están solamente naciendo menos bebés, sino que también estamos teniendo hijos más tarde”, explicó Yael Braunsteni, y agregó que existe una tendencia creciente a postergar la maternidad y la paternidad, aunque eso “no significa necesariamente que haya desaparecido el deseo de formar una familia”.
Las decisiones reproductivas están cada vez más vinculadas con otros proyectos personales. Terminar una carrera, desarrollar una profesión, alcanzar cierta estabilidad económica, conseguir una vivienda o consolidar una pareja, aparecen antes de la búsqueda de un embarazo. Braunsteni advierte que estos procesos pueden extenderse más de lo previsto: “Una cosa es querer tener hijos y otra cosa es cuándo se logra concretar ese proyecto y cuántos hijos finalmente se logran tener”.
La especialista considera que la caída de los nacimientos no debería interpretarse automáticamente como una desaparición del deseo de ser madre o padre. Hay personas que efectivamente desean tener menos hijos, otras que mantienen ese proyecto pero deciden postergarlo y también quienes quieren tener hijos, pero encuentran obstáculos que hacen que la decisión se demore o directamente no pueda concretarse.

En ese sentido, las estadísticas sobre natalidad muestran el resultado final, pero no permiten conocer qué había detrás de cada decisión. El estudio “Deseos reproductivos en la encrucijada”, elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina, muestra esa diferencia entre deseo y posibilidad.
Anabel Fernández Prieto explicó que la caída de la fecundidad no es un fenómeno exclusivamente argentino. Se trata de una tendencia regional y global que comenzó hace más de medio siglo y que se aceleró durante la última década en distintos países del Cono Sur. La especialista remarcó que se trata de un fenómeno multicausal, relacionado con transformaciones como la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral y a la educación superior, el mayor acceso a métodos anticonceptivos de larga duración y los cambios en las pautas culturales y en los proyectos personales.
Pero hay un dato que pone el foco sobre una cuestión diferente a la decisión voluntaria de tener menos hijos: entre quienes no alcanzaron la cantidad de hijos que deseaban, el 62% mencionó barreras materiales y de cuidado. Es decir, la baja natalidad no necesariamente refleja una nueva preferencia social, también puede expresar la dificultad para concretar determinados proyectos familiares.

La caída de los embarazos adolescentes cambia el mapa
Mientras las maternidades se desplazan hacia edades más avanzadas, los embarazos adolescentes disminuyen de manera sostenida. En nuestra provincia, la tasa de fecundidad adolescente —que mide los nacimientos cada mil mujeres de entre 15 y 19 años— pasó de 8,8 en 2024 a 7,8 en 2025. Se trata de una reducción interanual del 11,36%. A nivel nacional, la caída es todavía más pronunciada. Según los datos mencionados por Braunsteni, la fecundidad adolescente disminuyó un 71% entre 2014 y 2024 y un 15% solamente entre 2023 y 2024.
Para Fernández Prieto, esta reducción tiene una importancia que va más allá de su impacto sobre las estadísticas de natalidad. “Cuando disminuye este componente de la fecundidad no estamos simplemente ante ‘menos nacimientos’, sino ante una ampliación de derechos y de la autonomía reproductiva”, sostuvo.
En esa caída confluyen, según la especialista, políticas de salud sexual y reproductiva, acceso a la Educación Sexual Integral, consejerías y disponibilidad de métodos anticonceptivos de larga duración. Estas herramientas permitieron que más adolescentes evitaran embarazos no intencionales y pudieran continuar sus trayectorias educativas o ampliar las alternativas para sus proyectos personales.
El Ministerio de Salud de la Provincia atribuye una parte importante del descenso al acceso a métodos anticonceptivos de larga duración. El implante subdérmico representa alrededor de siete de cada diez elecciones de anticoncepción inmediata entre adolescentes después de un evento obstétrico. En las maternidades provinciales, además, nueve de cada diez adolescentes atendidas acceden a un método de larga duración. Desde 2024, la Provincia adquirió 46 mil implantes y, durante 2026, distribuyó 10 mil. Según el informe oficial, se colocaron y registraron 38.500 y cerca del 80% fueron aplicados en municipios. Sin embargo, los propios técnicos sanitarios advierten que no es posible atribuir la reducción de la fecundidad adolescente a una única política. Hay factores culturales, educativos y sociales que también intervienen.
Sobre los datos, Braunsteni explicó: “Desde un punto de vista de lo que nosotros llamamos autonomía reproductiva, la reducción de la fecundidad adolescente podríamos interpretarla como una mayor posibilidad de decidir cuándo iniciar la maternidad”.
Por su parte, Fernández Prieto coincidió en esa interpretación pero también advirtió que los promedios nacionales pueden esconder diferencias importantes. En algunas provincias, la tasa de fecundidad adolescente todavía duplica la nacional. Esto significa que la disminución general no elimina las desigualdades territoriales ni garantiza que todas las adolescentes tengan las mismas posibilidades de decidir sobre su proyecto reproductivo.
La transformación, entonces, tiene dos caras. Por un lado, menos embarazos no intencionales en edades tempranas, y por otro, la necesidad de observar qué ocurre cuando la maternidad se posterga y qué condiciones encuentran las personas para concretar ese proyecto más adelante.
El reloj biológico frente al reloj social
Uno de los puntos que adquiere mayor relevancia cuando se analiza la postergación de la maternidad es la relación entre los tiempos sociales y los biológicos. Las personas pueden necesitar más años para terminar sus estudios, desarrollar una carrera, conseguir estabilidad económica o construir una pareja. Sin embargo, la capacidad reproductiva no necesariamente se mantiene sin cambios durante todo ese período. “La capacidad reproductiva no siempre acompaña a los tiempos sociales, a los tiempos de cada persona como individuo y a los tiempos de la pareja si lo hubiera”, explicó Braunsteni.
La especialista aclaró que postergar la maternidad no significa necesariamente que una persona vaya a tener dificultades para lograr un embarazo. Sin embargo, remarcó que “la edad es uno de los factores biológicos que tenemos que considerar cuando hablamos de planificación reproductiva”.
La tensión aparece, entonces, entre dos tiempos que no siempre coinciden: “La reproducción está atravesada por dos tiempos diferentes, uno es el tiempo biológico y otro es el tiempo de la vida que llevamos en las épocas actuales”. Por eso, para la especialista, el desafío es que las personas puedan “tomar decisiones sobre sus proyectos reproductivos sabiendo que ambos tiempos existen y que no siempre coinciden”.
La crianza, otra decisión
El momento elegido para tener hijos tampoco depende solamente del dinero, el trabajo o la vivienda. La forma en que se distribuyen las tareas dentro de una pareja puede convertirse en otro condicionante.
El estudio de UNFPA muestra que la corresponsabilidad en los hogares todavía está lejos de ser plena. Mientras los varones tienen una mayor participación en actividades recreativas, como jugar o pasear con los hijos, la gestión cotidiana de las necesidades básicas, la salud, la alimentación y el aseo continúa recayendo mayoritariamente sobre las mujeres.
El informe señala, además, que el 18% de las mujeres que tuvieron menos hijos de los que hubieran deseado considera que el bajo involucramiento de su pareja en las tareas de cuidado y del hogar influyó en esa decisión. “Cuando hablamos de natalidad no alcanza con preguntarnos si las personas quieren tener hijos o no. También hay que preguntarse qué condiciones encuentran estas personas para poder llevar adelante ese proyecto”, planteó Braunsteni.
La encuesta también permite observar una diferencia entre deseo y participación. El 68% de los varones considera importante la paternidad para alcanzar una vida plena y el 54% aún no tiene la cantidad de hijos que desearía. Sin embargo, su participación cotidiana en las tareas de cuidado aparece más limitada.
La paternidad continúa siendo un proyecto valorado, especialmente entre los varones jóvenes, pero no necesariamente implica para ellos una distribución equitativa de las responsabilidades que implica criar.
Nuevas formas de pensar la natalidad
La combinación de estos fenómenos obliga a mirar las cifras de natalidad con mayor profundidad. Argentina tiene menos nacimientos, pero detrás de ese dato conviven múltiples decisiones y factores.
Hay quienes decidieron no tener hijos; quienes desean una familia más pequeña; quienes quieren ser madres o padres pero eligen esperar; otros que quisieran tener más hijos pero no encuentran las condiciones materiales para hacerlo; y algunos que postergaron tanto la búsqueda que finalmente no lograron concretarla.
Por eso, para entender el descenso de la natalidad no alcanza con hablar de una sociedad que “ya no quiere tener hijos”. Los datos muestran un escenario complejo, donde el deseo, la autonomía, las condiciones económicas, el acceso a la salud, la distribución de los cuidados y la edad se cruzan todo el tiempo.
Como afirman las especialistas, las decisiones reproductivas no son estáticas y pueden cambiar a lo largo de la vida según las circunstancias sociales, económicas, políticas y personales.
IA y salud mental: el peligro de reemplazar la ayuda profesional por el diagnóstico de una máquina









