La isla Martín García es una anomalía normalizada al Sur del Sur. La confluencia de los ríos Uruguay y de la Plata la mojan por todos sus costados, pero esas aguas territoriales son uruguayas. Sí, la isla Martín García se configura como el único enclave argentino en territorio uruguayo.
Después de años de conflictos, disputas y corrimiento de límites, en el último acuerdo de la década del ‘70, los dos países consensuaron de quién sería la tierra y resolvieron que las aguas serían de uso común pero -pequeño triunfo celeste-, determinaron que el lecho y el subsuelo en donde está la Martín García le pertenecen a los charrúas.

Puerta de entrada de los conquistadores españoles, en la Martín García pasó de todo y sin embargo, ella navega en aguas calmas y casi nunca nos llegan noticias de su existencia. Que Mariano Moreno se la quiso entregar a los ingleses (alerta: fake news), que desde allí se ganaron las principales batallas para la independencia patria, que Rubén Darío escribió su mejor obra mientras se recuperaba en el sanatorio isleño, que los originarios patagónicos una vez derrotados (y masacrados) por el zorro Julio Argentino Roca fueron depositados como objetos en sus tierras; que los enfermos de cólera y fiebre amarilla eran recluidos entre las aguas marrones que la rodean para cursar su cuarentena. Que con sus piedras se pavimentó toda Buenos Aires y que fue cárcel, la isla, para todo presidente destituido. Pasó de todo y ahí está, casi solitaria.
¿Algo no sucedió en la Isla Martín García? Tanto fue, que tuvo la posibilidad de ser nuestro Washington DC si se concretaba el sueño mayor de Domingo Faustino Sarmiento. Lejos de esa gloria y más cerca de la imaginería colectiva como un gran presidio, a mitad del Siglo XX la isla Martín García se convirtió en un polo turístico impulsado por el primer peronismo. ¿Quién no soñó con pasar sus vacaciones en una isla? ¿Quién no creyó que rodeado de un mar infinito se alcanza la felicidad total?

Sueños de verano, la población de la Martín García en aquellos años de esplendor alcanzó las casi cinco mil personas y todo hacía presagiar que su destino estaba atado a veranos retratados en las revistas de moda:
Exclusiva: Descubrimos a Olinda Bozán descansando en las playas isleñas.
La curiosidad por conocer las tierras donde había permanecido preso Juan Domingo Perón generó un boom turístico que desapareció cuando Perón ya no estuvo, ni preso ni presidente, sino exiliado. Desde entonces todo fue muy calmo. Lo vieron a Frondizi rapado como un reo y se sacaron fotos con él, pero a los siguientes presidentes destituidos ya no los llevaron más al enclave. La gente empezó a irse y de aquellos casi 5 mil en 1950, hoy no llegan a 200. Ser pocos no es un problema: el problema es que poco nos acordamos de ellos.

Ahí andan sus habitantes, siendo solos y con vecinos uruguayos tan cerquita que casi que hablan como ellos: el territorio donde se sitúa la Martín García está dividido en dos. De un lado, nuestra parte argenta. Del otro, la otra mitad de la isla que se llama Timoteo Dominguez, que tiene casaca de selección toda celeste. Con un dato que resulta cuasi de fantasía: la vecindad entre las dos, García y Dominguez, conforman la única frontera seca entre la Argentina y Uruguay.










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