Tim Curry, el actor que llevó al cine al inolvidable Dr. Frank-N-Furter, murió este martes en su casa de Los Ángeles. La noticia fue confirmada por TMZ y Variety y, según fuentes policiales citadas por TMZ, los agentes acudieron al domicilio durante la noche para constatar el fallecimiento. Por el momento, no trascendió la causa de su muerte y no se sospecha de un hecho delictivo.
El intérprete británico había construido una carrera de más de cinco décadas entre el teatro, el cine, la televisión y la actuación de voz. Sin embargo, fueron algunos personajes los que terminaron definiendo su vínculo con distintas generaciones de espectadores. En 1973 interpretó al Dr. Frank-N-Furter en The Rocky Horror Show y, dos años después, llevó el papel al cine en The Rocky Horror Picture Show, dirigida por Jim Sharman.
La película no tuvo un gran impacto comercial en sus primeros años, pero con el tiempo encontró otro camino. Las funciones de medianoche y la participación de los espectadores ayudaron a convertirla en un clásico de culto, que continuó proyectándose durante décadas y transformó a Frank-N-Furter en uno de los personajes más reconocibles de Curry.
El personaje que marcó su carrera
Curry había nacido el 19 de abril de 1946 y se formó en Drama e Inglés en la Universidad de Birmingham. Antes de alcanzar reconocimiento internacional, comenzó a trabajar en los escenarios británicos y en 1968 participó de una producción londinense de Hair. Allí conoció a Richard O’Brien, quien posteriormente escribiría The Rocky Horror Show.

Cuando el musical se estrenó en Londres, Curry asumió el papel del Dr. Frank-N-Furter, un científico extravagante que se convirtió en el centro de la historia. Para construirlo, además, intervino en algunos aspectos de su apariencia. Propuso el uso de zapatos de plataforma con lentejuelas y desarrolló técnicas propias de maquillaje, decisiones que contribuyeron a darle al personaje una identidad visual que quedó asociada para siempre con su interpretación.
A partir de entonces, su carrera se expandió hacia el cine y la televisión. Participó en películas como Annie, Clue, Legend, Home Alone 2: Lost in New York y Muppet Treasure Island. En paralelo, mantuvo una importante presencia en los escenarios y recibió tres nominaciones a los premios Tony.
Entre sus trabajos teatrales se destacaron Mozart en Amadeus y el rey Arturo en Spamalot. Además, su capacidad para cambiar de registro le permitió interpretar tanto personajes de comedia como figuras oscuras y amenazantes.
De Frank-N-Furter a Pennywise
Esa faceta quedó especialmente expuesta en 1990, cuando Curry asumió otro papel que terminaría formando parte de su legado. Interpretó a Pennywise en la miniserie televisiva It, basada en la novela de Stephen King.
Su versión del payaso combinó una apariencia infantil con una presencia inquietante y quedó grabada en la memoria de quienes conocieron la historia a través de aquella adaptación. De ese modo, Curry volvió a construir un personaje que trascendió la producción original y pasó a formar parte del imaginario del terror.

A lo largo de su trayectoria también prestó su voz a numerosos personajes de animación y videojuegos. Ese trabajo adquirió especial importancia después de 2012, cuando un grave problema de salud modificó su vida y limitó su movilidad.
El ACV que cambió su vida
En julio de 2012, cuando tenía 66 años, Curry sufrió un grave accidente cerebrovascular mientras recibía un masaje. Según contó años después, no había advertido síntomas ni sentía dolor. Fue el masajista quien notó que algo no estaba bien y llamó a emergencias.
“Me estaban dando un masaje, y el masajista me dijo: ‘Estoy preocupado por ti. Creo que deberíamos llamar a un médico’. Me sentía bien. No tenía ningún síntoma. No me dolía nada. Pensé que era una tontería, pero esa llamada lo cambió todo”.
En el hospital, los médicos descubrieron dos coágulos en el cerebro y debieron someterlo a una compleja cirugía. Como consecuencia del ACV, Curry perdió temporalmente la capacidad de hablar y sufrió una parálisis principalmente del lado izquierdo del cuerpo.
A partir de entonces comenzó un largo proceso de rehabilitación. Aunque recuperó la capacidad de comunicarse y pudo continuar trabajando, las dificultades de movilidad permanecieron durante sus últimos años. Utilizó silla de ruedas y, en 2025, todavía explicaba que no había recuperado la capacidad de caminar.

Lejos de abandonar por completo su actividad artística, continuó vinculado principalmente a trabajos de voz. Además, mantuvo el contacto con el público a través de encuentros relacionados con The Rocky Horror Picture Show, una película que siguió sumando espectadores con el paso del tiempo.
En 2016 participó de la celebración por los 40 años del filme y habló entonces sobre las consecuencias del ACV y su recuperación. Con el humor que lo caracterizó durante ese período, dijo:
“Estoy en esta ridícula silla, todavía no puedo caminar. No podré cantar ni bailar próximamente. Tengo serios problemas con mi pierna izquierda. Pero el humor me salvó. Es parte de mi ADN”.
Ese sentido del humor también apareció en su manera de afrontar las limitaciones físicas. Incluso bautizó Teddy a su brazo inmovilizado y convirtió la ironía en una herramienta para hablar públicamente sobre los cambios que había atravesado.
Más allá de sus personajes más conocidos, Curry también había contado que uno de los papeles que le hubiera gustado interpretar fue Hannibal Lecter en El silencio de los inocentes, personaje que finalmente quedó en manos de Anthony Hopkins.
En cuanto a su vida privada, el actor mantuvo siempre una postura reservada y evitó convertir sus relaciones personales en parte de su exposición pública. En su biografía dejó una definición contundente: “He amado y he sido amado, y espero que usted también. Pero no me interesan sus romances. Y los detalles sobre mis asuntos del corazón o de la cama, con todo respeto, no son un puto asunto suyo”.
Con su muerte, desaparece una figura cuya carrera atravesó distintas épocas y lenguajes. Frank-N-Furter lo convirtió en un referente del cine de culto y Pennywise lo instaló en la memoria del terror, pero su recorrido fue mucho más amplio: teatro, cine, televisión, doblaje y más de medio siglo de trabajo.









