Saber retirarse a tiempo parece una victoria indiscutida en la industria musical, pero Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood decidieron reescribir esa regla una vez más. El pasado 10 de julio, los Rolling Stones lanzaron “Foreign Tongues”, su 25° disco de estudio que demuestra que el motor de la banda gira a máximas revoluciones. Con la producción del joven Andrew Watt, los músicos entregan una hora de canciones que huyen de la nostalgia y se asientan firmemente en el presente, confirmando por qué siguen siendo la maquinaria de rock and roll más grande del planeta.
El resultado es una declaración de principios que echa por tierra cualquier escepticismo sobre su vigencia de cara a las ocho décadas de vida de los músicos. Lejos de conformarse con vivir de las rentas de su catálogo, el grupo suena con la efervescencia de un proyecto revitalizado, logrando que estas 14 composiciones dialoguen de igual a igual con su propio legado.
Un sonido crudo y la química intacta
Para entender el espíritu primal de este trabajo, basta con detenerse en “Rough and Twisted”. Con una impronta que rinde homenaje a la pureza del sonido de Chuck Berry desde su riff inicial, la canción avanza a pura tracción eléctrica y una armónica punzante. Es allí donde Jagger suelta la línea “Teach me all the foreign tongues”, bautizando oficialmente a la obra.
Esta misma crudeza se retoma con ferocidad en “Hit Me in the Head”, una pieza breve y veloz de aura casi punk. Aquí brilla el soberbio entramado de guitarras entre Richards y Wood, pero la verdadera emoción radica en escuchar la pista rítmica grabada por el eterno Charlie Watts en una sesión en Los Ángeles antes de su deceso, reuniendo así a los cuatro pilares históricos en un mismo compás.
La química colectiva también se traslada a terrenos más ásperos con “Divine Intervention”. Apoyada en una guitarra de innegable estirpe de rock callejero —y un inesperado arpegio aportado por Robert Smith de The Cure—, la canción atrapa de inmediato gracias a los falsetes de Jagger que elevan el estribillo (“La vida es un juego de apuestas”) hacia un desenlace triunfal.
Como si fuera poco, su videoclip guarda una sorpresa muy especial para nuestro país, ya que fue filmado en el Puente Alsina, que une Nueva Pompeya con Valentín Alsina en Lanús. El abanico de intensidades de este bloque se completa con “Side Effects”, un tema directo donde el vocalista sorprende apostando por un registro vocal denso y marcadamente grave.
Versatilidad vocal y el pulso de la pista
A pesar del paso del tiempo, el cantante sigue siendo un motor interpretativo de una ductilidad asombrosa. En “Jealous Lover”, un sencillo de factura impecable, apela a su icónico tono agudo, evocando de inmediato la fiebre disco de clásicos como “Miss You”. Esta canción cuenta, además, con un atractivo extra en su videoclip: está protagonizado por la reconocida actriz argento-estadounidense Anya Taylor-Joy.
Esa misma energía física explota en “Never Wanna Lose You”, un track lúdico y festivo provisto de un ritmo que remite a la cadencia de “Harlem Shuffle”. Es un Jagger en su faceta más canchera, encendiendo la pista y cerrando la pieza apoyado en un brillante colchón de coros. Esta elasticidad también abarca el pop-rock luminoso con “In the Stars”, una composición montada sobre un pulso rítmico percusivo que celebra la unión amorosa.
El disco se permite jugar además con estructuras más lineales pero igual de letales. “Mr Charm”, el cuarto tema del proyecto -y quizás el más olvidable del recorrido-, es un rock sumamente bailable, escoltado por los coros de Naarai Jacobs y coronado por un feroz solo de guitarra promediando los dos minutos y medio, donde disparan un dardo directo: “La vida es demasiado corta solo para hacer dinero”.
Sin embargo, el mayor acierto rítmico llega de la mano de un tributo inesperado: “You Know I’m No Good” de Amy Winehouse. El ensamble lleva la melodía a su propio ecosistema, coqueteando orgánicamente con el blues y el funk para lograr una interpretación magistral que respira la misma atmósfera urbana que impregnaba el disco “Some Girls”.
El refugio melancólico y la punzada sociopolítica
Detrás del pulso electrizante, el álbum esconde un corazón reflexivo. En la desgarradora balada soul “Back in Your Life”, Mick indaga sobre la pérdida de un vínculo (“¿Así es como terminará nuestra historia?”), logrando que su interacción con la guitarra de Ronnie Wood ponga los pelos de punta sobre una cama de vientos majestuosa.
Siempre hay lugar para el bueno de Keith. Richards aporta su imprescindible cuota de vulnerabilidad en “Some of Us”. Con su garganta rasgada, emparentada al desgarro de “Thru and Thru”, el guitarrista envuelve al oyente en un clima crepuscular mientras reclama que todo lo que necesitan es un poco de amor, delicadamente respaldado por los coros de su viejo socio.

Esta etapa de introspección da lugar, a su vez, a una afilada mirada sobre el presente. “Ringing Hollow” funciona como una carta de amor a la cultura estadounidense en clave de country rock, pero no duda en señalar un declive político al sentenciar que la “Lady Liberty” no se ve tan bien cuando frunce el ceño.
La postura se vuelve aún más explícita en “Covered in You”, donde el bajo marcado por Paul McCartney, unos teclados estelares en el cierre y una armónica destacada enmarcan una queja rotunda contra los autócratas contemporáneos.
Para el final, deciden bajar el telón volviendo a la raíz fundacional con “Beautiful Delilah” de Chuck Berry. Impulsada por la percusión de Chad Smith (Red Hot Chili Peppers), es una elección que honra sus viejas grabaciones radiales de los sesenta que se pueden escuchar en el disco “On Air” y confirma que la esencia primal del rock and roll sigue siendo su lenguaje definitivo.









