Las matemáticas todavía le dan un respirador a Atenas, pero la realidad en el parqué indica que esquivar el temido “play-out” requerirá algo muy parecido a un milagro. En su despedida de la fase regular ante su gente, el equipo de barrio General Bustos no tuvo los argumentos necesarios para frenar la jerarquía de un rival que aspira a quedarse con el primer puesto del torneo.
El trámite comenzó con paridad y mucho roce físico, pero la visita destrabó el juego rápidamente gracias a la profundidad de su banco de suplentes. Esa rotación le permitió cerrar el primer parcial arriba por 21 a 11. Lejos de encontrar soluciones colectivas, el Griego sufrió atrás y apostó al desgaste físico para intentar acortar distancias, yéndose al descanso diez puntos abajo (44-34).
En el complemento, la historia no modificó su guion. Cada vez que el elenco cordobés insinuó una reacción a base de empuje y tiros perimetrales, los santiagueños respondieron apagando el incendio con efectividad plena. De la mano del base Diego Figueredo —goleador del encuentro con 17 tantos—, Quimsa sacó una máxima de 21 unidades que dejó en evidencia las enormes diferencias de jerarquía y sentenció la noche mucho antes de la chicharra final.
Una gira con la soga al cuello
Para no jugar la serie por la permanencia, el margen de error es absolutamente nulo. El equipo está obligado a ir por una verdadera proeza en la ruta, un terreno sumamente hostil si se tiene en cuenta que la institución no consigue una victoria fuera de la provincia desde mediados de octubre del año pasado.
El calendario marca que el cierre de esta agónica etapa será en el norte del país. El elenco dirigido por José Luis Pisani visitará este viernes a La Unión en Formosa, mientras que el domingo culminará su derrotero enfrentando a Oberá en Misiones. Serán dos verdaderas finales donde ganar es el único camino, aunque también habrá que cruzar los dedos esperando resultados ajenos.









