La selección argentina se juega su futuro esta tarde frente a la gran revelación en los dieciseisavos de final del Mundial 2026. Cabo Verde, que disputa su primera Copa, llega invicto al cruce en Miami tras asombrar al planeta con empates históricos ante España y Uruguay, dos campeones del mundo. A base del lema: “1% de posibilidades, 99% de fe”, este archipiélago buscará dar el golpe de gracia, apoyado en una disciplina de hierro y una fe inquebrantable en su juego colectivo.
Para dimensionar a los Tiburones Azules hay que bucear en sus historias de película. Al no contar con grandes ligas profesionales, la federación tuvo que rastrear talentos en la diáspora para armar una base competitiva. El caso más surrealista es el del defensor Roberto Lopes, quien fue convocado a través de la plataforma LinkedIn en 2018. El zaguero, nacido en Dublín, ignoró el primer mensaje en portugués al pensar que se trataba de una estafa virtual. Nueve meses después, insistieron en inglés y terminó aceptando el desafío de defender la sangre de su padre.
El arco también tiene un guardián de novela. Vozinha, la gran figura del debut ante los españoles, es el corazón y el termómetro anímico del equipo. A sus 40 años, este arquero que en la primera mitad de año jugó en el GD Chaves de la segunda división de Portugal tiene un pasado de sacrificio puro: a los 25 años recolectaba basura para sobrevivir. Su resiliencia lo llevó a declarar una frase que ya es bandera nacional: “Como Messi, nunca he dejado de intentarlo en mi vida”.
Dos décadas de vida en Cabo Verde
A miles de kilómetros del estadio estadounidense, el reloj marca exactamente dos horas más que en Argentina. Allí, en la diminuta Isla de Sal, reside Camilo Donato. Nacido en Leones, armó las valijas empujado por la crisis del 2001 y, tras una etapa en Europa donde conoció a su pareja italiana, se radicó en el archipiélago africano hace ya dos décadas. Actualmente, ambos administran el Pachamama Eco Park, un inmenso jardín botánico y refugio de animales que es furor en la zona.

La devoción local por el fútbol tiene raíces profundas y una división muy marcada. Cabo Verde logró independizarse de Portugal el 5 de julio de 1975. Hasta ese año, sus habitantes jamás habían soñado con disputar un Mundial propio. En contacto con Hoy Día Córdoba, Camilo cuenta que hasta la Copa pasada las preferencias estaban completamente partidas: “La mitad de la población iba por Portugal y la otra mitad por Argentina”. Ese cariño histórico encuentra su punto máximo en el capitán albiceleste. “A Messi lo aman al punto de que toda la gente de aquí está contenta de jugar con él. No esperaban cruzárselo en la final, querían cruzárselo ahora por las dudas de que uno u otro quede eliminado antes”, detalló.
Vivir un mundial lejos del país y en la tierra del rival tiene un condimento especial por la escasez de argentinos en la región. “Somos contados con los dedos de una mano y me sobran dedos los argentinos que estamos en Cabo Verde”, grafica Camilo. Esa ínfima representación lo convierte en el destinatario exclusivo del folclore futbolero en una isla desbordada por el optimismo. “Me insisten con que tengo que ir con la camiseta de los Tiburones Azules, pero ya les dije: muchachos, yo voy a ser siempre un caboverdiano más, pero el argentino que vive acá”, relata con humor.
La fiebre mundialista
En la recta final hacia el inicio del partido, la lejanía asoma con fuerza. Sin vuelos directos hacia Sudamérica, regresar a su Leones natal le demanda hoy unas extenuantes 48 horas de viaje. En ese contexto, la añoranza se agiganta: “Se extraña más que nada a la familia, los amigos y ese tipo de cosas. Uno se pone una barrera con lo que no hay acá para no sufrir y lo descarta, pero la familia siempre tira”.
Aunque la soledad del desarraigo es ineludible, el entorno se encarga de acortar distancias a su manera. Camilo verá el duelo acompañado por amigos de Cabo Verde y otros de nacionalidades europeas, quienes ya le anticiparon que harán fuerza por los Tiburones Azules. En un ping-pong directo, el cordobés desgrana sus sensaciones antes de que ruede la pelota
HDC: ¿Hay algún tipo de chicanas por la calle? ¿Te reconocen como argentino y te tiran por ese lado?
Camilo Donato (CD): Sí, me reconocen como argentino. Han tirado el orgullo afuera e incluso a escuchar decirme por la calle, “aguántense porque vamos a ganar 4-0”. Me insisten que yo tengo que ir con la camiseta de los Tiburones Azules, pero ya les dije, muchachos, yo voy a hacer siempre un caboverdiano más, pero el argentino que vive en Cabo Verde. Así que iré con la mía, con la de Argentina
HDC: ¿Están confiados?
CD: Las opciones son dos para ellos. O hacen una barrera atrás para complicarnos la vida e ir a los penales, porque confían muchísimo en Vozinha, o bien creen directamente que Argentina va a perder en los noventa minutos. Hay muchísima confianza entre ellos.
HDC: Con todo este folclore en contra, ¿qué pronóstico tenés para el partido?
CD: Espero que gane Argentina, porque adoro Cabo Verde y los apoyé hasta el último partido, pero en este caso no quiero que me tomen el pelo de por vida. Ojalá que me hagan un favor y piensen en mí, que tengo que quedarme a vivir acá (risas).









