Belgrano volvió a la senda del triunfo con un sólido 2 a 0 ante Banfield de visitante. Sin embargo, más allá de los tres puntos, el Pirata se trajo del Florencio Sola una confirmación superior: su propia identidad. Hoy, Belgrano es un equipo fiable. Esa etiqueta no significa que siempre juegue bien, que brille en todas las fechas o que esté exento de la derrota.
Ser fiable, en el fútbol argentino, es brindar la certeza de que el equipo siempre estará en partido. Incluso cuando el contexto asfixia y lo pone contra las cuerdas, como sucedió en la reciente caída ante Argentinos Juniors. Ricardo Zielinski graficó a la perfección ese ADN colectivo: “Uno siempre tiene la sensación de que este equipo da todo lo que tiene”.
La seguridad se muestra en la cancha partido a partido y se traduce en números. En los últimos diez compromisos oficiales, el Celeste ganó siete, empató en dos oportunidades y solo perdió una vez, ante el Bicho. Esa derrota estuvo marcada por la temprana y correcta expulsión del “Mudo” Vázquez. Con uno menos, la “B” sufrió, jugó todo el segundo tiempo en inferioridad numérica y de resultado, pero, así como lo hacen los grandes equipos, entregó todo hasta el final.
El componente anímico
Esa misma madurez para asimilar los golpes es la que explica su correcto arranque en el Torneo Clausura, donde ya acumula siete puntos en cuatro partidos. La competencia local no da respiro, y la mejor receta es no marearse con el pasado reciente, que lo vio campeón hace un puñado de meses en el Kempes. Así lo dejó en claro su técnico: “El fútbol argentino da como para mirar en lo cortito y el partido que viene, no más”. Cambia todo cambia. Y en ese contexto, el desafío está en mantener el juego y su componente anímico.
Con esa premisa de enfocar solo en el presente, la victoria en el Sur bonaerense ofició de muestra gratis. Ante la urgencia de rearmar el once por las múltiples bajas, el equipo no se resintió. Mostró carácter desde el primer minuto, presionó arriba y fue a imponer condiciones. Con la ventaja asegurada y en el terreno del aguante, apareció Thiago Cardozo, y cuando hubo que jugar, el mediocampo marcó el tempo del partido. El propio DT puso la lupa en esa zona medular: “Fuimos parejos en todas las líneas. Hernandes y Metilli han hecho buen trabajo en la mitad de la cancha”. En definitiva, el andamiaje colectivo termina rescatando a las piezas individuales.
La identidad celeste
Pero la fiabilidad de este Belgrano no se agota en los nombres de experiencia ni en las respuestas tácticas. Con un plantel tocado por las bajas de Adrián Sánchez, Santiago Longo, “Uvita” Fernández y el “Mudo”, el banco de suplentes Pirata estaba colmado de jugadores surgidos del club. El triunfo ante el Taladro también dejó espacio para el futuro, con los debuts absolutos de Marcos Ortiz, con apenas 17 años, y Agustín Bono, de 18. Ambos se llevaron sus primeros minutos oficiales y son el reflejo de una política institucional que el cuerpo técnico asume como propia. “Belgrano siempre ha sido un equipo que se ha caracterizado por tener muy buenas divisiones inferiores y nosotros lo que quisimos es tratar de volver a esa línea”, remarcó el DT.
Mantener la base del plantel campeón como política de mercado resultó, hasta ahora, un acierto. No tocar lo que funciona y cuidar el patrimonio que hizo feliz a los hinchas del Celeste es la apuesta en Alberdi. En tiempos donde la urgencia suele dominar la escena del fútbol argentino, saber a qué se juega, transpirar la camiseta hasta el final y apostar por los pibes del club es un capital invaluable. Un equipo a prueba de bajas, de contextos adversos y, sobre todo, innegociablemente fiel a su historia.









