Con la llegada de las bajas temperaturas, el Gobierno nacional aseguró que el abastecimiento de gas para los hogares está garantizado. El secretario de Coordinación de Energía y Minería de la Nación, Daniel González, afirmó que «no va a faltar gas en los domicilios en la medida que no haya un imponderable» y sostuvo que el sistema cuenta con producción y transporte suficientes para cubrir la demanda prioritaria.
Esa prioridad, sin embargo, vuelve a trasladar parte de la presión al sector productivo. Durante los días de mayor consumo, las restricciones alcanzan principalmente a industrias con contratos interrumpibles y a estaciones de Gas Natural Comprimido (GNC), mientras que muchas pequeñas y medianas empresas deben afrontar el mayor costo del gas importado para mantener su actividad o, directamente, reducir la producción.
Más producción, pero con un cuello de botella
El escenario refleja una paradoja. Argentina registra niveles récord de producción en Vaca Muerta, pero todavía no cuenta con infraestructura suficiente para transportar todo ese gas hacia los principales centros de consumo durante los picos de demanda invernal. Por ese motivo, el sistema continúa dependiendo de importaciones de Gas Natural Licuado (GNL) entre mayo y agosto. El problema se agravó este año por el fuerte aumento del precio internacional del combustible tras la escalada del conflicto en Medio Oriente, lo que elevó el costo para la industria desde valores cercanos a US$4 hasta alrededor de US$24 por millón de BTU.
Las grandes industrias, como las siderúrgicas, suelen estar conectadas directamente a los grandes gasoductos de transporte y sienten un impacto menor. En cambio, muchas pequeñas y medianas empresas dependen de la misma red que abastece a los hogares, por lo que quedan más expuestas a restricciones y a la necesidad de comprar gas importado a valores mucho más elevados.
La advertencia de la industria cordobesa
La situación también genera preocupación en Córdoba. La Unión Industrial de Córdoba (UIC) advirtió que las interrupciones del suministro, incluso sobre contratos firmes y semifirmes, ya obligan a numerosas empresas a reducir la actividad, reorganizar procesos, incumplir programas de entrega o asumir costos extraordinarios para seguir operando.
La entidad sostuvo que las pequeñas y medianas industrias son las más vulnerables, ya que no cuentan con estructuras para gestionar compras de GNL, licitaciones o alternativas de abastecimiento en un mercado altamente técnico y complejo.
Además, alertó que el impacto económico ya es concreto. «Cada corte obliga a frenar producción o reemplazar el gas por alternativas mucho más caras. Ese sobrecosto entra directo en la estructura de cada empresa, encarece la producción, presiona los precios, debilita la competitividad y pone más tensión sobre el empleo», señaló.
La UIC también cuestionó la falta de previsibilidad y reclamó una mayor intervención del Estado para ordenar el sistema. «Frente a esto, el Estado debe prevenir, ordenar y hacer cumplir las reglas. De lo contrario, el mercado queda librado a una lógica de ‘ley de la jungla'», sostuvo la entidad, que pidió garantizar un abastecimiento previsible para la producción.
A la energía se suma la presión tributaria
Al escenario energético se agrega otro reclamo histórico del sector. Un informe de la Unión Industrial Argentina (UIA) concluyó que Argentina lidera la carga tributaria sobre el sector formal, con una presión equivalente al 56%, pese a ubicarse en el puesto 12 entre los países analizados en materia de presión fiscal total.
La entidad atribuye ese resultado a la combinación de tributos nacionales, provinciales y municipales, entre ellos Ganancias, Impuesto al Valor Agregado (IVA), Ingresos Brutos, el impuesto sobre los Débitos y Créditos y Sellos, que, según sostiene, encarecen la producción y reducen la competitividad.
Así, el invierno vuelve a poner en evidencia un problema que excede la coyuntura climática. Mientras el Gobierno defiende la prioridad del abastecimiento residencial y asegura que las obras en marcha ampliarán la capacidad de transporte en los próximos años, la industria enfrenta un escenario donde convergen energía más cara, limitaciones de infraestructura y una elevada carga tributaria, factores que vuelven a tensionar el costo de producir en Argentina.









