Al menos 25 personas murieron y otras 85 resultaron heridas este jueves en Kiev tras una ofensiva de drones y misiles rusos, calificada por las autoridades como el mayor ataque contra la capital ucraniana desde el inicio de la invasión rusa a gran escala, en febrero de 2022.
La ofensiva combinó drones, misiles de crucero y misiles balísticos, provocó incendios en distintos sectores de la ciudad y obligó a evacuar varios edificios residenciales. Además, una estación de ambulancias sufrió daños durante el ataque.
Según la Fuerza Aérea ucraniana, Rusia lanzó 74 misiles y 496 drones. Las defensas lograron neutralizar 476 drones y 48 misiles, aunque el porcentaje de interceptación de misiles balísticos fue considerablemente menor. De los 24 misiles Iskander-M utilizados por Moscú, las fuerzas ucranianas solo consiguieron derribar cuatro.
El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, informó que parte de un edificio de nueve pisos colapsó tras el impacto de un misil y que varias personas permanecían atrapadas entre los escombros mientras continuaban las tareas de rescate. También confirmó que al menos una persona quedó en estado crítico.
Como consecuencia del ataque, Klitschko declaró este viernes día de luto en Kiev, «en memoria de las víctimas del ataque más masivo del enemigo contra la capital».
En tanto, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, prometió que su país responderá y volvió a pedir a Estados Unidos que autorice la fabricación de misiles Patriot bajo licencia para reforzar la defensa aérea e impedir ataques de esta magnitud.
«Los suministros de defensa aérea para Ucrania son una prioridad absoluta y crítica. Las contribuciones al programa PURL (Lista de Requisitos Prioritarios de Ucrania, por sus siglas en inglés) siguen siendo esenciales: ayudan directamente a salvar vidas», afirmó Zelenski, al insistir en la necesidad de fortalecer el escudo antiaéreo del país.
En esa línea, sostuvo que «cada acuerdo bilateral que alcanzamos con nuestros socios en materia de defensa aérea realmente marca la diferencia» y agradeció el respaldo de los países aliados.
El bombardeo ocurrió apenas horas después de que Zelenski decidiera interrumpir su visita oficial a Dublín tras recibir información de inteligencia que advertía sobre un inminente ataque de gran magnitud contra la capital.
El mandatario señaló que las tareas de rescate continuaban en Kiev, donde los equipos de emergencia retiraban escombros, buscaban sobrevivientes y asistían a los afectados. «Se ha reportado daño en más de 20 sitios en toda la ciudad, la mayoría de ellos edificios residenciales comunes. También hubo daños en una estación de ambulancias, un instituto de investigación, un hotel y negocios», indicó.
En ese contexto, unas 52.000 personas, entre ellas 4.500 niños, se refugiaron en estaciones de metro, la cifra más alta de los últimos años, de acuerdo con las autoridades del transporte subterráneo de Kiev. Al amanecer, decenas de residentes salieron de los refugios y encontraron sus departamentos destruidos y sus pertenencias reducidas a escombros.

La ofensiva generó una rápida reacción de la comunidad internacional. La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, anunció que propondrá nuevas sanciones contra las «entidades que apoyan al complejo militar-industrial ruso».
Alemania, por su parte, sostuvo que el ataque demuestra que «Putin no muestra ninguna voluntad de negociar». En tanto, un funcionario estadounidense aseguró a la agencia AFP que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sigue buscando un acuerdo de paz para poner fin a las «matanzas insensatas» en Ucrania.
También el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, condenó el ataque contra la capital ucraniana. «Los ataques contra civiles y contra infraestructuras civiles, dondequiera que se produzcan, constituyen una clara violación del derecho internacional humanitario y deben cesar de inmediato«, expresó su portavoz, Stéphane Dujarric, en un comunicado.
Por su parte, el Ministerio de Defensa de Rusia informó que lanzó un ataque nocturno contra objetivos militares en Kiev. Según la versión oficial, el blanco fue la planta Radioniks, dedicada a la fabricación de sistemas de navegación y componentes para distintos tipos de misiles, cuya producción —afirmó Moscú— influye directamente en la capacidad operativa de la Fuerza Aérea y las defensas antiaéreas ucranianas.
Aunque el Kremlin sostuvo que los misiles y drones apuntaron exclusivamente contra «empresas de la industria militar e instalaciones energéticas», los daños registrados reflejan otro escenario. Entre los edificios alcanzados figura un almacén de la Cruz Roja en Kiev. Zelenski denunció que «Rusia apunta a blancos civiles únicamente para obligar a Ucrania a renunciar a su Estado«. «Eso no ocurrirá«, aseguró.
Se trata del primer ataque de gran escala contra Kiev en más de dos semanas, en medio de una nueva escalada de la guerra iniciada por Rusia en febrero de 2022.









