La Fiscalía Federal de Alemania acusó formalmente a un ciudadano ucraniano de participar en el sabotaje de los gasoductos Nord Stream 1 y Nord Stream 2 en el mar Báltico, ocurrido en septiembre de 2022, y sostuvo que la operación fue ejecutada «bajo las órdenes de las autoridades estatales de Ucrania».
Los cargos fueron presentados contra Serhii K., un ciudadano ucraniano de 50 años que, según la investigación, era oficial del Ejército de Ucrania al momento de los hechos. La fiscalía lo acusa de complicidad en un crimen de guerra, perturbación de servicios públicos, provocar una explosión y destruir infraestructuras críticas.
De acuerdo con los investigadores, Serhii K. y otros seis militares ucranianos elaboraron un plan para destruir los gasoductos Nord Stream 1 y Nord Stream 2, con el objetivo de interrumpir de forma permanente el suministro de gas ruso hacia Europa e impedir que Moscú utilizara esos ingresos para financiar la guerra en Ucrania.
El acusado fue detenido en agosto de 2025 en Italia y posteriormente extraditado a Alemania. Sin embargo, negó cualquier participación en el sabotaje y aseguró que en ese momento se desempeñaba como comandante del Ejército ucraniano y que permanecía en Ucrania cuando ocurrieron las explosiones.
Cómo se habría ejecutado el sabotaje
Según la reconstrucción de la fiscalía, el grupo viajó desde Ucrania hacia Alemania utilizando pasaportes ucranianos falsificados y alquiló el yate «Andrómeda» en la ciudad portuaria de Rostock.
Los investigadores sostienen que desde esa embarcación navegaron hasta las inmediaciones de la isla danesa de Bornholm, donde un equipo integrado por buzos, el patrón del barco y un experto en explosivos colocó cargas militares en las tuberías submarinas el 22 de septiembre de 2022.
Las cargas, compuestas por los explosivos militares HMX y RDX, fueron conectadas a temporizadores y detonaron el 26 de septiembre, provocando graves daños en los gasoductos, que en ese momento no estaban operativos.
Los fiscales señalaron que antes del sabotaje cerca de la mitad del suministro anual de gas natural de Alemania llegaba a través del Nord Stream 1, por lo que el ataque tuvo un fuerte impacto sobre la seguridad energética del país.
Los tribunales alemanes consideran que el caso corresponde a su jurisdicción debido a que los gasoductos desembocan en Lubmin, en el estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, y porque su destrucción afectó directamente la seguridad energética y la seguridad interna de Alemania.
Un caso con impacto diplomático
La acusación resulta especialmente sensible porque Alemania es uno de los principales aliados militares de Ucrania desde el inicio de la invasión rusa, por lo que la causa podría generar tensiones diplomáticas entre ambos países.
Hasta el momento, Ucrania nunca reconoció oficialmente su responsabilidad en el sabotaje. Sin embargo, tampoco ocultó su satisfacción por un ataque que, según su postura, debilitó la capacidad del Kremlin para financiar la guerra mediante las exportaciones de gas.









