El folklore nacional despide hoy a una de sus intérpretes más exquisitas. Este miércoles 14 de enero se confirmó el fallecimiento de Melania Pérez, la cantora salteña que, a sus 76 años, supo elevar la baguala y la canción popular a un nivel de sofisticación y emoción pocas veces visto. Si bien hasta el momento no se han informado oficialmente las causas de su deceso, la noticia golpeó con fuerza en el ambiente artístico, que pierde a una referente de honestidad brutal y compromiso estético.
Nacida en Salta el 19 de octubre de 1949, Melania no fue una improvisada. Creció en el seno de una familia de músicos y cimentó su talento natural con una sólida formación académica en canto y fonoaudiología. Esa técnica depurada le permitió brillar desde muy joven: con apenas 17 años, en 1965, se incorporó al mítico grupo vocal Las Voces Blancas, con quienes alcanzó la Consagración en el Festival de Cosquín en 1967, marcando el inicio de una carrera que siempre buscó la excelencia.
Sin embargo, su identidad terminaría de forjarse al calor de los grandes maestros. En 1972, integró el cuarteto El Vale Cuatro, dirigido nada menos que por Gustavo “Cuchi” Leguizamón. Esa experiencia fue determinante; allí aprendió a bucear en las profundidades de la composición, una filosofía que mantuvo durante la década del 80 con el Dúo Herencia —junto a su esposo José “Icho” Vaca—, logrando una segunda Consagración en Cosquín en 1981.
Su etapa solista terminó de consolidarla como una artista de culto. Discos como “Luz del aire” mostraron su respeto por autores como Manuel Castilla y Eduardo Falú. Pero fue en 2002 cuando su figura cobró nueva dimensión nacional de la mano de León Gieco, quien produjo el álbum “Igual que el agua… cantando”. Aquel trabajo, nominado a los Premios Gardel, reunió a invitados como Jaime Torres y Peteco Carabajal, y sirvió de vidriera para una voz que se resistía a las modas pasajeras.
Melania siempre prefirió el camino difícil del repertorio poético por sobre el éxito comercial rápido. Alguna vez aseguró que su búsqueda pasaba por disfrutar la música “nota por nota, palabra por palabra”. Hoy, su registro de soprano y su alma bagualera quedan como una referencia ineludible del canto del norte argentino.









