El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó este jueves como una “victoria” para su país el reciente memorando de entendimiento alcanzado con Irán, aunque el acuerdo ya enfrenta cuestionamientos por la escalada de violencia en la región y las tensiones con Israel.
A través de su red Truth Social, Trump sostuvo que el pacto representa “éxito para Estados Unidos, precios del petróleo más bajos y victoria”, y rechazó las críticas de la oposición demócrata, negando además un presunto pago de U$S 300 mil millones a Irán.
Sin embargo, la fragilidad del entendimiento quedó expuesta rápidamente. En paralelo al anuncio diplomático, la situación en el terreno se deterioró con nuevos ataques israelíes con drones en el sur del Líbano, que dejaron tres muertos, entre ellos un ciclista reconocido internacionalmente.
En ese marco, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, anunció que el Ejército mantendrá la denominada “zona de seguridad” en el sur del Líbano y que Israel no se retirará mientras lo exijan sus necesidades de defensa, pese al reciente acuerdo entre Washington y Teherán. Según explicó en un discurso en Gush Etzion, en Cisjordania ocupada, esta postura forma parte de una estrategia de continuidad militar en la frontera norte.

Netanyahu sostuvo que “seguiremos avanzando por nuestro camino con sabiduría y discreción” y justificó la permanencia en la zona al señalar que se trata de una barrera frente a Hezbolá, responsable —según su visión— de la amenaza contra comunidades israelíes del norte. Israel define este perímetro como una franja que se extiende hasta unos 10 kilómetros dentro del territorio libanés.
El mandatario comparó la situación con Gaza al afirmar que así como Israel “restauró la seguridad y la prosperidad” en el sur, hará lo mismo en el norte. En esa línea, insistió en que no habrá retirada: “Porque esta zona es la barrera entre los terroristas de Hezbolá y nuestros ciudadanos y comunidades”, afirmó.
Aun cuando el memorando entre Estados Unidos e Irán incluye el compromiso de garantizar la integridad territorial y la soberanía del Líbano, Netanyahu reiteró que su objetivo central sigue siendo impedir que Irán obtenga armas nucleares, objetivo que, según dijo, justificó su participación en el conflicto iniciado meses atrás.
Por su parte, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) confirmaron que mantendrán su presencia en la zona de seguridad por razones operacionales, con el objetivo de “eliminar amenazas a sus soldados y proteger a las comunidades del norte”.
En este contexto, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, endureció su postura y cuestionó duramente a sectores del gobierno israelí que criticaron públicamente el acuerdo con Irán e incluso apuntaron contra Donald Trump. Según sostuvo, existe una falta de comprensión sobre el nivel de dependencia de Israel respecto del apoyo estadounidense en materia de defensa.

Vance expresó que le “molesta que personas dentro del gabinete de Netanyahu hayan salido a atacar el acuerdo” y recordó que gran parte del sistema defensivo israelí depende de Washington. En esa línea afirmó que “dos tercios de las armas defensivas que han protegido su patria fueron fabricadas por manos estadounidenses y pagadas por los contribuyentes estadounidenses”.
Luego fue aún más directo al señalar: “Cualquiera en Israel que piense que su mayor problema es el presidente de los Estados Unidos necesita despertar y oler la realidad”, marcando una de sus declaraciones más duras.
El vicepresidente también vinculó el entendimiento con Irán a efectos económicos inmediatos. Señaló que el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz alcanzó los 12,5 millones de barriles diarios, el nivel más alto desde el inicio del conflicto, lo que —según dijo— ya impacta en los precios internacionales de la energía.
“Los precios de la gasolina bajaron de los cuatro dólares por galón por primera vez desde el conflicto”, afirmó, destacando que la tendencia continuaría a la baja gracias a la normalización del comercio energético.
En otro tramo de su exposición, Vance sostuvo que las capacidades militares de Irán quedaron severamente degradadas tras los ataques recientes. Afirmó que el programa nuclear iraní fue “completamente destruido”, al igual que su capacidad de enriquecimiento y las instalaciones vinculadas a un eventual desarrollo de armamento nuclear. También aseguró que el ejército convencional iraní se encuentra debilitado y que no habrá fondos estadounidenses para Teherán si no modifica su conducta.
El vicepresidente presentó además el acuerdo como una estrategia de “doble resultado” para Washington. Según explicó, si Irán incumple, continuará debilitado militarmente; si lo respeta, podría abrirse una etapa de cooperación y estabilidad regional.
“Si los iraníes no cambian su comportamiento, su ejército y su programa nuclear siguen destruidos. Si cambian su comportamiento, tendrán una relación transformadora con Medio Oriente”, sostuvo.
Finalmente, remarcó que, en cualquiera de los escenarios posibles, el resultado favorece a Estados Unidos, concluyendo que se trata de una “victoria para el pueblo estadounidense y para el presidente, independientemente de la opción que elijan los iraníes”.
El memorando establece, según lo difundido por la Casa Blanca, el compromiso de las partes de garantizar la integridad territorial y la soberanía del Líbano, así como un cese de operaciones militares en distintos frentes. Sin embargo, en el propio texto persisten interpretaciones contrapuestas sobre su alcance y cumplimiento.









