La relación entre Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) atraviesa uno de sus momentos más delicados desde su fundación. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó este miércoles que el presidente Donald Trump discutirá con el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, la posibilidad de una retirada estadounidense del bloque.
“Es algo que el presidente ha comentado”, señaló Leavitt, y agregó que el tema podría surgir durante la reunión en la Casa Blanca. “Quizás tengan noticias directamente del presidente después de ese encuentro”, anticipó.
El encuentro, que ya estaba previsto, se da en un contexto de máxima tensión y crecientes amenazas de ruptura, en medio de fuertes críticas de Washington hacia sus aliados europeos.
Exigencias y malestar por el rol de la Otan
Trump volvió a cuestionar la continuidad de su país en la Alianza y condicionó su permanencia a que los socios europeos incrementen el gasto en defensa. En particular, exigió que alcancen el 5% del PBI para 2035, muy por encima del objetivo actual del 2%, que muchos países aún no cumplen.
El mandatario también expresó su malestar por la falta de apoyo en la crisis con Irán, especialmente tras la negativa de varios aliados a participar en una operación para reabrir el Estrecho de Ormuz.
“El problema con la OTAN es que siempre estaremos ahí para ellos, pero ellos nunca estarán ahí para nosotros”, afirmó Trump en declaraciones previas. En la misma línea, desde la Casa Blanca reforzaron esa postura con una cita directa del presidente: “Fueron puestos a prueba y fracasaron”.
Además, Trump calificó como un “error muy tonto” la postura de los países que no respaldaron la ofensiva y los tildó de “cobardes”, profundizando el deterioro del vínculo.
Impacto global y consecuencias económicas
Una eventual salida de Estados Unidos de la Otan implicaría una reconfiguración del tablero geopolítico global, con impacto directo en seguridad, comercio y alianzas estratégicas.
La tensión también se vincula con la situación en el Estrecho de Ormuz, una vía clave por donde circula gran parte del petróleo mundial. La incertidumbre en la región ya genera preocupación en los mercados por su posible efecto en los precios de la energía y los costos logísticos.
Analistas advierten que una escalada en el conflicto o una ruptura en la Alianza podría traducirse en mayor volatilidad financiera y afectar el flujo de inversiones a nivel global.
Otros focos de conflicto dentro de la Alianza
Las diferencias no se limitan al gasto militar. Trump también reavivó tensiones al insistir en su intención de anexionar Groenlandia, territorio bajo soberanía de Dinamarca, al considerarlo estratégico para el control del Ártico.
Asimismo, el presidente estadounidense cuestionó el funcionamiento del Artículo 5 de defensa colectiva, e incluso sugirió que debería aplicarse para proteger la frontera sur de Estados Unidos frente a la inmigración.
En sus declaraciones más recientes, volvió a minimizar el rol de la organización al afirmar que, sin el respaldo de Washington, la Otan no es más que un “tigre de papel”.
En este contexto, la reunión entre Trump y Rutte en Washington genera máxima expectativa internacional, ya que podría marcar un punto de inflexión en la relación transatlántica.
Por ahora, la posibilidad de una retirada no está confirmada, pero el endurecimiento del discurso y las condiciones impuestas por la Casa Blanca dejan en evidencia que el futuro de Estados Unidos dentro de la Otan está en duda.









