Alberto Fernández y el deshielo

Mondo Cane | Por Gonzalo Fiore Viani

Tras casi 12 meses de mandato del argentino, y con pandemia mediante, finalmente se produjo la reunión (por videollamada) entre Alberto Fernández y Jair Bolsonaro. La conversación duró aproximadamente una hora y media. En Olivos estuvieron presentes el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz; el secretario de Medios, Juan Pablo Biondi; el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello; y el embajador argentino en Brasil, Daniel Scioli. En el Planalto, fueron parte el Canciller, Ernesto Araujo, y el secretario de Asuntos Estratégicos, Viana Rocha. Hubo elogios compartidos para Daniel Scioli, quien hace algunas semanas mantuvo un encuentro con Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente “Mesías” y actual senador, en la embajada argentina en Brasilia. Junto a Solá, Rocha y Araujo, el ex gobernador de la provincia de Buenos Aires fue una pieza clave para concretar el encuentro. La reunión se produjo en el marco conmemorativo de los 35 años del acuerdo de Foz de Iguazú, el 30 de noviembre de 1985, entre Raúl Alfonsín y José Sarney. Este encuentro había sentado las bases para lo que, seis años después, sería el MERCOSUR.

Más allá de las notorias diferencias ideológicas (y personales) que separan al argentino de su par brasileño, la videollamada significa un deshielo en las relaciones bilaterales. Hoy, Brasil es el segundo socio comercial para Argentina, detrás de China, mientras que Argentina es el tercero para Brasil, detrás del gigante asiático y de los Estados Unidos. Hay muchos puntos en una agenda común compleja de comenzar a andar, pero imprescindible para el desarrollo de ambos países vecinos. Tanto en política interior como exterior, las miradas de los presidentes no podrían ser más opuestas. El brasileño sostiene la necesidad de fortalecer al Grupo de Lima y al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), presidido por el trumpista Mauricio Claver-Carone. Bolsonaro cree que de esta manera podrá contrarrestar la influencia de Venezuela, Cuba, Bolivia, y -sobre todo- de China en la región. Fernández no comparte esta visión, al mismo tiempo que muestra confianza en los organismos multilaterales como la UNESCO, la ONU, o el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático.

El deshielo con Brasil sucedió el mismo día que Fernández mantuvo una conversación telefónica de 35 minutos con el presidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden. El demócrata comparte con el mandatario argentino esa necesidad de fortalecer los organismos multilaterales. Antes de asumir ya ha afirmado: “America is back” (América ha vuelto). En clara referencia al retraimiento internacional que se produjo durante los cuatro años de Donald Trump en la Casa Blanca.

La Administración entrante plantea que EEUU necesita retomar su rol de “líder del hemisferio occidental”. En ese sentido, puede llegar a tener un vínculo importante con el presidente argentino. Mientras tanto, Bolsonaro sigue sin felicitar a Biden y asegura que “sus fuentes” le dicen que “hubo fraude” en las elecciones estadounidenses del pasado 3 de noviembre. Esta situación ya comenzó a ser aprovechada por Fernández para constituirse en uno de los principales aliados del nuevo inquilino de la Casa Blanca.

En un contexto complejo para la Argentina, donde aún no se terminó de definir del todo el arreglo con el Fondo Monetario Internacional, la relación con Biden es clave para la Casa Rosada. Si bien, tras la charla, los voceros del equipo de comunicación del presidente entrante no mencionaron el tema del FMI, sí se refirieron a la “cooperación económica” y a “fortalecer la democracia” en la región. En el comunicado también se habla de manera expresa del “fortalecimiento de las instituciones hemisféricas”. Es decir, volver a poner en funcionamiento los organismos de cooperación multilateral que fueron vilipiendiados durante la era Trump. A su vez, el texto cierra con una mención al papa Francisco: El presidente electo también reconoció la importancia de Su Santidad el papa para Argentina y América Latina.” Biden es el segundo mandatario católico de la historia de los EEUU (tras John Fitzgerald Kennedy, quien gobernó desde 1960 hasta su asesinato en 1963).

Sin dudas, las comunicaciones del presidente argentino con su par brasileño y la próxima cabeza de los Estados Unidos son de gran importancia para el futuro, no solo de Argentina sino de toda la región latinoamericana. En los próximos meses comenzarán a delinearse cuáles serán las políticas de la región durante la Administración Biden. Fernández podría aprovechar la identificación total que ha elegido mostrar Bolsonaro con Trump para erigirse en líder regional, con el apoyo de la Casa Blanca. Por otro lado, el descongelamiento con Brasil es fundamental para comenzar a reforzar nuevamente la relación bilateral entre ambos países. Quizás sea aún muy temprano para comenzar a hablar nuevamente de un vínculo estrecho, pero sí podemos asegurar que se trata de un piso desde el cuál construir. Para poder articular intereses en materia de política exterior es necesario primero conocer cuál es el mundo en que uno se mueve. Por lo pronto, y en uno de los contextos más inciertos de la historia reciente, el gobierno argentino ha demostrado tenerlo muy en claro.

 
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