El teorema de Bayes y la pandemia

Por Eduardo Ingaramo

A Bayes la estadística tradicional lo discute, pero cada vez es más aplicado en evaluaciones subjetivas, aquellas no basadas en estudios científicos y repetibles. En estos días de pandemia, su uso es generalizado, por lo que no entenderlo pone en duda las prescripciones y recomendaciones, que algunos –cada vez menos- llevan a extremos que las rechazan totalmente.

¿Si eres un contacto estrecho y tienes un hisopado negativo, que probabilidad tienes de tener Covid? Muchos dirían –pensando como la estadística tradicional- que menos del 20%, que es el porcentaje de error de un hisopado. Pero si tienes un segundo hisopado negativo la probabilidad que ambos hisopados lo sean es del 5% (o sea, el 20% del 20%). Por eso se recomiendan dos hisopados negativos.

¿Y si en medio tienes fiebre? Dado que solo un 40% desarrolla ese síntoma, la probabilidad que tengas Covid es del 12,5%; y si tuvieras tos –solo un 20% la desarrolla- la probabilidad aumenta a 62,5%, por lo que, en ambos casos, se prescribe un PCR, que tiene un 95% de certeza. Que si este fuera negativo, la probabilidad bajaría nuevamente a 12,5%.

Así, debemos saber que toda medición parcial, con su carga de subjetividad en la interpretación, requiere otras mediciones, que pueden aumentar o disminuir la probabilidad en cada momento. Esta es la realidad de casi todos los problemas que vivimos hoy, en un mundo cambiante en la economía, la política o la salud. Por ello, vemos más que antes cambios y contradicciones permanentes en las actitudes, a medida que pasa el tiempo y se suman otras evidencias a las cada vez más complejas fórmulas bayesianas.

Los gobiernos, ante las sucesivas evidencias, han ido desde “la inmunidad de rebaño” a “la cuarentena estricta”, y viceversa, acumulando subjetivamente las experiencias propias y de terceros posteriores, y en cada decisión incorporan nuevos hechos objetivos, que reevalúan los riesgos y las posibilidades en ámbitos complejos, donde juega la salud física, la economía, la salud mental y el ánimo de los ciudadanos/electores.

En un año electoral, donde el interés político prima, el problema de la oposición es que no acumula evidencia para modificar actitudes, sino que se aferra a hechos aparentemente aislados (rechazo al aislamiento y las restricciones al desplazamiento, a las sesiones virtuales, a las vacunas, a las vacunas rusas, a eventos despreciables de inoculación fuera de las prioridades establecidas), por lo que la diferencia entre los que gobiernan y ellos es notable.

En lo económico, desde aquella semana previa a las Paso de agosto de 2019, en que, siguiendo encuestas con muchos problemas de medición afirmaban una escasa diferencia entre Macri y Alberto Fernández, por lo que subieron el precio de las acciones, los anuncios, pronósticos y predicciones fueron más expresiones de deseos que evaluaciones serias de probabilidad en base a Bayes. Quedaron en ridículo respecto de la renegociación de la deuda privada, el precio del dólar, la reactivación productiva, la recaudación impositiva y el déficit fiscal entre otros (malos) augurios.

A nivel mundial, el cambio de gobierno en EEUU ha dejado a todos a la espera de nuevas evidencias sobre su comportamiento, que claramente será diferente al de Trump, al menos en algunas cosas, ya que los demócratas y los republicanos navegan entre sus intereses geoestratégicos y los de los estadounidenses, muchos de los cuales aún siguen al líder caído.

Así, se observan las actitudes ambivalentes de Europa, que castiga a Rusia por Navalny cuidando su relación con EEUU y la OTAN, pero quiere sus vacunas (al menos Francia y Alemania) y el Nordstream II, el gasoducto que bajaría los costos de su energía y les permitiría cumplir con sus compromisos en el Acuerdo de París, y con sus propios votantes en un año también de elecciones.

En ese ámbito, Argentina navega entre la bienvenida a Biden –que puede decidir flexibilizar al FMI en la renegociación, contrariando lo que hizo Trump con el otorgamiento del crédito- y la compra de las vacunas rusas y chinas disponibles, habida cuenta del acaparamiento de compras de los países más ricos de una producción claramente insuficiente.

Así estamos en todo, con las probabilidades que suben y bajan de acuerdo a Bayes con cada nueva evidencia, procurando no errar por mucho a lo que se supone vendrá.

Esa que será la nueva normalidad entre lo que vemos y lo que deseamos, con idas y vueltas, muy parecidas a las guerras y alianzas entre bloques, que describía George Orwell en “1984”, donde el protagonista trabajaba en el “Ministerio de la Verdad”, cambiando la historia por orden del “Gran Hermano” para que la verdad publicada no se contradiga con la realidad. Aunque queda la duda si aquella profecía se cumplirá con el enorme desarrollo de las telecomunicaciones y algunas formas de memoria colectiva que aún sobreviven.

 
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