Para simplificar podemos compararlos con una familia, en donde padre y madre tienen un poder equilibrado (la estructura), tienen el objetivo de lograr que sus hijos estudien y/o trabajen (la estrategia) para que se desarrollen y así asignan los recursos en función del cumplimiento de esos objetivos (el financiamiento).
En el deporte en general existen diversos actores –las entidades educativas, comunitarias, pequeños clubes de barrio, clubes federados amateurs o semi profesionales y sus ligas, ligas comerciales o sindicales, Federaciones por deporte, Confederaciones provinciales, nacionales u olímpicas (de alta competencia)-.
Durante años, Argentina tuvo un financiamiento insuficiente pero estable, 1) del deporte escolar –los campeonatos Evita-; 2) algún aporte en infraestructura y gastos corrientes –subsidios en servicios públicos, etc.- para entidades comunitarias y pequeños clubes de barrio; 3) apoyo a clubes federados o semi profesionalizados en algunos deportes masivos y sus ligas que disponen de algunos recursos propios; 4) Apoyos mixtos de Ministerios o Agencias- a través de confederaciones provinciales que reúnen el deporte amateur en general y 5) Apoyo con becas y subsidios a la alta competencia de sus deportistas más encumbrados.
Solo los deportes profesionales masivos y las ligas comerciales/sindicales se mantuvieron autónomas de aportes del Estado, que de todas maneras contribuyó con grandes infraestructuras –Estadios- que albergaran grandes eventos deportivos.
Ello produjo primero la inducción al deporte infantil, su contención socio-comunitaria y la selección de los más aptos, que se federan y compiten a escala provincial y nacional, hasta que alcanzan marcas y rendimientos superiores que les permiten recibir apoyos a la alta competencia y/o su profesionalización.
Hasta 2009 el financiamiento Estatal –Nacional y provincial- se rigió por los avatares y preferencias políticas de los gobiernos de turno. En 2009 y hasta 2017 la ley 26573 estableció un impuesto del 1% sobre la telefonía móvil que le dio autonomía presupuestaria y esto otorgó previsibilidad, garantizó becas constantes, obra social para los atletas y financiamiento directo para giras de preparación olímpica, potenciando el rendimiento en los Juegos Panamericanos y Olímpicos.
Desde 2018 hasta hoy, el recorte fue brutal al eliminarse el impuesto. De modo tal que volvió a ser controlado por el Presupuesto Nacional, mientras que en las Provincias siguió dependiendo de los gobiernos de turno.
Desde 2024 a 2026 la reducción fue aún más intensa. En comparación con 2023 se redujeron un 40% y congelaron las becas de alto rendimiento, se ejecutó solo el 1,4% del presupuesto 2023 en Clubes de Barrio y los programas de financiamiento para infraestructura comunitaria desaparecieron.
De todas maneras los problemas de estructura, estrategia y financiamiento no se limitan a los que existen en el Estado.
En el Futbol profesional, se muestran estructuras con fuerte concentración en los clubes que forman la Asamblea de la AFA, al contrario de lo que ocurre en otros países como Inglaterra o Francia, aunque menos concentrada que en México, donde el profesionalismo –con intereses económicos- se impone al amateurismo, con intereses deportivos. Ver https://www.youtube.com/watch?v=Fgz5s89AsPk&list=WL&index=3&t=448s
En México, la Liga MX -18 clubes constituidos como Sociedades Anónimas- controlan el 81% de los votos con su Liga MX (40% de los votos), Liga MX femenil (18%) Liga Premier (tercera división) 18% y La Liga TDP (4° división) 13%, mientras que el fútbol amateur tiene el 6% y la Liga Expansión (2° división) 5%, por lo que no extraña que se hayan suspendido los ascensos y descensos y que el fútbol profesional establezca las normas por sobre el fútbol amateur que es el contrapeso deportivo de lo económico.
En Brasil la asamblea tiene 141 votos, en Inglaterra 111, en Australia 100, en Francia 11500 con participación de todos los sectores, y en Argentina 46 delegados.
De esos 46, 22 -47,8%- son de los clubes de primera división (según los mejores equipos de la tabla general), y el resto de la Primera Nacional, Primera B, Primera C, Torneo Federal A y ligas regionales / grupos de interés. Por lo que no resulta extraño que si se logran algunos votos de las ligas inferiores –especialmente las metropolitanas- quien lidere puede gobernar la Asamblea, sin participación de jugadores o influencia de otros actores como el fútbol amateur, como sí ocurre en los países antes mencionados.
En el financiamiento, de los derechos audiovisuales la AFA retienen el 18% mientras que el 82% se distribuye entre los clubes de Primera división según pautas de historia, mérito o participación y montos fijos mensuales de 65 millones, 20 millones y 12 millones para la Primera Nacional, Primera B metropolitana y Primera C / Torneo Federal, respectivamente-.
Así se entienden las estrategias con campeonatos de 30 equipos, con solo dos ascensos y descensos, y que la AFA maximice sus ingresos financieros, por ejemplo en el homenaje a Messi. También que los clubes recurran a transferir sus mejores jugadores a clubes más poderosos o al exterior, como forma de financiar su funcionamiento, mientras existan niños formándose en escuelas, comunidades y clubes de barrio que abastezcan sus “canteras”.
Ese plan de negocios, tiene la ventaja que se observa en la selección, por tener cientos de jugadores argentinos en las ligas europeas –que México no puede ni siquiera imaginar-, tiene el límite a la competitividad de los clubes argentinos en torneos internacionales y su agotamiento si el deporte escolar, comunitario y barrial se destruye como ámbito de contención y selección que alimenta el deporte federado amateur tan poco representado en el futbol.
No parece un sistema sostenible sin la inclusión de todos los demás actores. Mucho menos la transformación de los clubes en Sociedades Anónimas como en México o la transformación parcial de clubes en Brasil, sostenidos por sistemas de apuestas donde sus principales víctimas son los jóvenes que debieran proteger.
En definitiva, sin el aporte estatal estable y mínimamente suficiente, especialmente en infraestructuras, subsidios en servicios públicos y a la alta competencia en deportes amateurs no se logran deportistas y sin una democratización de las estructuras de los deportes profesionales, el sistema se irá deteriorando progresivamente.









