La tensión entre Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las Islas Malvinas subió ayer un importante escalón en la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU), donde tanto el presidente Javier Milei como el premier británico, Andy Burnham, ratificaron sus respectivas posiciones con duros pronunciamientos, que incluyeron fuertes advertencias sin llegar a la amenaza del uso de la fuerza.
El discurso de Burnham
El primero en hablar ante la Asamblea de la ONU que se lleva a cabo en Nueva York fue el primer ministro británico, quien ratificó la posición histórica del Reino Unido sobre Malvinas con un discurso contundente en el que dejó claro que su administración defenderá los territorios británicos de ultramar “frente a cualquier amenaza”.
“Nos mantendremos firmes ante cualquier amenaza y desafío a la supremacía de la ley, no solo de Rusia, sino también de otros, incluso donde amenacen los derechos de los territorios británicos a permanecer británicos, como las Islas Falkland”, afirmó Burnham en claro tono de advertencia, al tiempo que avisó que su gestión continuará brindando recursos de defensa al gobierno del archipiélago, aunque aclaró que no busca la confrontación.
“Trabajaremos incesantemente para construir nuestro poder duro, nuestra disuasión, pero no jugaremos el juego de Rusia. A diferencia de Rusia, no buscamos la confrontación, al contrario, estaremos preparados, pero no tendremos miedo, con los ojos abiertos pero la cabeza fría. No flaquearemos en defender a nuestro pueblo y a nuestros aliados”, agregó en un discurso dirigido tanto a Vladimir Putin como, indirectamente, al presidente Milei.
El discurso de Milei
El mandatario argentino presentó, poco después, su versión más enfáticamente malvinera desde que asumió el poder en la Casa Rosada ante la Asamblea de la ONU, donde advirtió que la defensa de la soberanía argentina sobre las islas es “una causa nacional”, a la vez que cuestionó duramente a las Naciones Unidas al considerar que “fracasó en cumplir con lo que debía hacer”.
“Malvinas es para nosotros una causa nacional y es también una prueba de la distancia que puede existir entre las palabras de las instituciones internacionales y la realidad sobre la que pretenden actuar. Hace 50 años, esta misma Asamblea aprobó la resolución 3149, que insta a las partes a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales mientras la disputa permanezca abierta. 50 años después, la situación no ha cambiado, pero las modificaciones unilaterales continúan”, aseveró al inicio Milei, quien advirtió que “hoy, el proyecto Sea Lion avanza hacia la extracción de petróleo en la plataforma continental argentina, correspondiente a la cuenca Malvina Norte, mediante licencias británicas que la Argentina rechaza por ilegales e ilegítimas”.
“¿De qué sirve una resolución si durante décadas la contraparte puede actuar en sentido contrario y esa resolución queda intacta en los archivos, pero impotente frente a la realidad?”, preguntó retóricamente Milei, quien consideró que “no faltan palabras ni resoluciones, lo que falta es que tengan consecuencias. Porque una institución que no logra que su palabra pese sobre los hechos, pierde lo más importante, pierde su autoridad”.
“Bajo esta realidad, quienes siguen las reglas no tienen recompensa alguna por hacerlo, mientras que los que incumplen no reciben la menor represalia. Por eso, Malvinas no es solamente una cuestión entre la Argentina y el Reino Unido. También plantea una pregunta acerca de la capacidad de esta organización para hacer valer sus propias resoluciones”, agregó el mandatario, que a continuación describió a la ONU como una “organización inútil” gestionada por una “burocracia parasitaria”.
“Deberían garantizar la seguridad colectiva y los derechos humanos, fracasaron en la tarea. En su lugar permitieron el caos, la violencia y el terrorismo internacional”, aseveró en un tramo de inusual dureza, donde advirtió que «el principio de libre determinación (que esgrime Gran Bretaña para justificar su implante colonial por la voluntad de los isleños) no aplica en este caso porque es una población implantada por la potencia ocupante sobre un territorio cuya soberanía se encuentra en disputa».
“Ese principio existe para liberar a los pueblos colonizados, no para consagrar situaciones derivadas de la colonización. Si el Reino Unido sostiene una interpretación selectiva al principio de libre determinación respecto de las Islas Malvinas, deberá explicar también cómo concilia ese criterio con los debates sobre autodeterminación existente dentro de su propio territorio”, agregó Milei en un dardo certero que apunta a las crecientes presiones de los separatistas en Escocia y Galés y los defensores de la unificación irlandesa, antes de advertir que “al Reino Unido le reiteramos, una vez más, nuestro llamado a reanudar las negociaciones para encontrar una solución pacífica a la disputa de soberanía, como lo requiere el derecho internacional y también nuestra invitación a proceder sin demora a intercambiar opiniones con miras a resolver la cuestión relativa a la controversia referida sobre explotación de nuestros recursos naturales”.
Milei en la ONU: Malvinas es para nosotros una causa nacional
Tibio apoyo de Estados Unidos
Pese a no conseguir una reunión privada con el presidente Donald Trump, que le hubiera permitido escenificar un respaldo más claro de la administración norteamericana a los reclamos argentinos por Malvinas, Milei sí logró tener una reunión con el secretario de Estado, Marco Rubio, mano derecha del líder republicano.
“Me complace ver al presidente de Argentina. Nuestra relación bilateral es sólida, y nuestro hemisferio es más seguro gracias a nuestra estrecha cooperación en temas de energía, minerales críticos y agricultura”, publicó Rubio en su cuenta oficial de X tras el encuentro.
El encuentro -del que participaron también Pablo Quirno, y el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo– sirvió para ratificar más bien la disposición del gobierno libtertario a brindar acceso a las empresas norteamericanas a los recursos en materia de energía y minerales críticos, así como también sumarse al proyecto de seguridad hemisférica promovido por Trump con la alianza «Escudo de las Américas».
«Hablamos de la relación bilateral, como por ejemplo de inversiones, de la relación estratégica, del Escudo de las Américas, de cómo avanzamos en la profundidad de nuestra alianza», aseguró el canciller Pablo Quirno, que ni siguiera nombró a Malvinas entre el temario abordado.
Algún matutino porteño reflejaba con cierta sorna que «Marco Rubio atendió a Milei de parado«, ya que la reunión ni siquiera se desarrolló en algún despacho. Vale recordar que Milei pretendía tener una reunión personal con Trump no sólo para mostrar respaldo del líder republicano, sino para conocer de primera mano y en confianza su posicionamiento sobre la disputa por Malvinas.
Pero el líder republicano no sólo evitó recibir a Milei en privado, sino que sí optó por encontrarse con el premier británico, Andy Burnham, con quien efectivamente habló de Malvinas. Además, se encontró con el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, la premier de Japón, Sane Takaichi, el ucraniano Volodimir Zelensky y la presidenta de Venezuela, Delcy Rodriguez.
La nueva respuesta del Reino Unido
Apenas unas horas después, a través de un comunicado, el Reino Unido le respondió al discurso de Milei y afirmó tener el derecho de explotar los recursos naturales del territorio en disputa.
“El Reino Unido no tiene ninguna duda sobre su soberanía sobre las Islas Malvinas y Georgia del Sur y las Islas Sandwich del Sur y las zonas marítimas circundantes de ambos territorios”, comienza el hilo de respuestas al jefe de Estado, donde se nombra a las Malvinas como Falkland, su denominación inglesa.
Asimismo, el Reino Unido sostiene “firmemente su apoyo al derecho de autodeterminación de los isleños”, agrega el texto, que indica que “este derecho se establece en la Carta de las Naciones Unidas y está consagrado en el artículo 1 de los dos Pactos de las Naciones Unidas sobre derechos humanos. Los isleños tienen tanto derecho a determinar su condición política y a procurar libremente su desarrollo económico, social y cultural como cualquier otro pueblo”.
Si bien tomó nota de que “Argentina se refiere regularmente a resoluciones de las Naciones Unidas y a declaraciones diplomáticas regionales que exhortan a celebrar negociaciones sobre la soberanía de las Islas”, advirtió que “estas no modifican ni diluyen la obligación de las naciones de respetar el derecho jurídicamente vinculante de autodeterminación”.
“La relación del Reino Unido con las Islas Malvinas y todos sus Territorios de Ultramar es moderna y se basa en la asociación, los valores compartidos y el derecho de los habitantes de cada territorio a determinar su propio futuro. Argentina sigue negando que este derecho humano fundamental se aplique a los habitantes de las Islas Malvinas y busca activamente oportunidades en foros internacionales para hacer valer su reivindicación de soberanía. Este comportamiento es totalmente incompatible con los principios establecidos en la Carta de las Naciones Unidas y no es el comportamiento que esperamos de una democracia”, acusaron las autoridades británicas en el documento.
La publicación recuerda que “en 2013, los isleños celebraron un referéndum sobre el futuro de las Islas”. “El resultado del referéndum fue que, con una participación del 92%, el 99,8% votó por mantener el estatus actual de las islas como territorio autónomo del Reino Unido. El referéndum fue supervisado por observadores independientes de Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Uruguay, Chile y Brasil”, resaltaron.
“Los isleños han dejado claro su deseo abrumador de que las Islas Malvinas sigan siendo un Territorio de Ultramar del Reino Unido. No puede haber diálogo sobre soberanía a menos que los isleños de las Malvinas así lo deseen”, agregaron y finalizaron ratificando que “el Gobierno del Reino Unido apoya sistemáticamente el derecho de los isleños a desarrollar sus recursos naturales. Esto es una parte integral de su derecho de autodeterminación. El desarrollo de los recursos de hidrocarburos de las Islas Malvinas es una actividad comercial legítima regulada por la legislación del Gobierno de las Islas, en estricta conformidad con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. La legislación interna argentina no se aplica a las Islas Malvinas”.
“Los esfuerzos continuos para obstaculizar y hostigar a las empresas internacionales involucradas en los hidrocarburos de las Islas Malvinas, y de hecho en otras industrias de las Islas Malvinas, constituyen un intento totalmente inaceptable de ejercer jurisdicción extraterritorial y no tienen justificación alguna en el derecho internacional. Además, obstaculizan los negocios globales y son incompatibles con el libre comercio”, concluye el comunicado.









