Según los datos relevados por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), se consolida el perfil de un turista más prudente, quien prioriza las decisiones de compra de último minuto, con una planificación que suele definirse apenas 72 horas antes del viaje. Esta tendencia hacia la flexibilidad se refleja en que la ocupación se activa principalmente mediante «gatilladores» concretos como festivales, competencias deportivas o condiciones climáticas favorables, más que por reservas anticipadas de larga duración.
En términos de ocupación, la primera quincena de enero mostró cifras sobresalientes en regiones específicas, destacándose la provincia de Córdoba, donde Villa Carlos Paz alcanzó un 90% y Santa Rosa de Calamuchita un 95%, logrando un ingreso de turistas un 20% superior al año anterior. La Patagonia también exhibió un desempeño robusto; Ushuaia registró un 88% de ocupación, mientras que destinos neuquinos como Villa La Angostura, Traful y San Martín de los Andes reportaron ocupación plena. Por su parte, Puerto Iguazú superó el 82% de ocupación con picos del 85%, sumando más de 68 mil arribos y 203 mil pernoctaciones. En contraste, la provincia de Buenos Aires mostró señales de alerta con un flujo de 3,6 millones de turistas, lo que representa casi 100 mil personas menos que en el mismo periodo de 2025, evidenciando una caída del 21% a nivel provincial y del 26% específicamente en la Costa Atlántica.
El impacto económico de la temporada revela una dispersión significativa en el gasto diario por persona, estrechamente vinculada al perfil del destino y su oferta de servicios. Ushuaia lidera el ranking con un gasto estimado de $370.000, impulsado por el turismo de cruceros y actividades premium, seguida por la ciudad de Santa Fe con $219.000, valor traccionado por el consumo urbano y la gastronomía. En el rango intermedio se ubican destinos como Puerto Iguazú con $117.940, Chascomús con $97.000 y Entre Ríos con $96.960, provincia esta última que generó un impacto económico total cercano a los $38.000 millones en los primeros quince días. Otros destinos del norte y litoral, como Formosa y Santiago del Estero, reportaron gastos más moderados de $85.000 y $70.000 respectivamente, reflejando un patrón de consumo más racionalizado y administrado por los visitantes.
La duración de las estadías también se ha fragmentado, ajustándose a la nueva lógica de viajes cortos y efectivos. Mientras que los destinos consolidados logran retener al turista por periodos de 4,4 noches en Puerto Iguazú, 4 noches en Catamarca o 3,8 noches en Bariloche y Mar del Plata, en las ciudades de paso de provincias como La Pampa, Chaco o Misiones la permanencia no suele superar la única noche. Este comportamiento se vincula directamente con la agenda de eventos, que funciona como el motor principal de la temporada; celebraciones como el Carnaval del País en Gualeguaychú, el Festival de Doma y Folklore en Jesús María o eventos deportivos como el Cruce Tandilia, son los que verdaderamente aceleran la ocupación por encima de los promedios generales.
Finalmente, el sector enfrenta desafíos estructurales que ponen bajo tensión la rentabilidad de los prestadores formales. El crecimiento de la oferta informal de alojamiento genera asimetrías de costos y presiona los precios a la baja, en un contexto donde los costos operativos de energía, insumos y personal continúan en ascenso. A esto se suma una dependencia crítica del factor climático y la sensibilidad de la demanda ante contingencias ambientales, lo que dificulta la planificación financiera a largo plazo. A pesar de que el gasto total sigue siendo potente, la caída del 40% en los consumos realizados con Cuenta DNI en la provincia de Buenos Aires subraya que el turista actual, aunque se mueve y viaja, lo hace con una cautela extrema y una selección consciente de cada experiencia.









