Los sistemas electorales, incluyen la habilitación o no del derecho a voto, la forma en que se eligen los representantes, el financiamiento de las campañas, el modo de selección de los candidatos, el mecanismo de votación, los cronogramas electorales y los recuentos provisorios y definitivos.
Además se suman a los intentos de modificación, las del sistema institucional de representación y decisión, y las atribuciones de las instituciones políticas que siempre pretenden concentrarlas atentando contra la división de poderes.
En EEUU, el cambio que más afectó el sistema electoral fue la resolución de la Corte Suprema de habilitar aportes sin límites (2010) que dieron lugar a los Super-PAC de empresas, y los convirtieron no solo en los principales lobistas sino en proveedores de funcionarios al Poder Ejecutivo, con sus consecuencias negativas en el compromiso con sus votantes.
En estos días el gobierno de Donald Trump –una consecuencia de aquella decisión de la Corte- pretende intervenir en la confección de padrones de habilitados de los Estados, eliminar o restringir el voto anticipado por correo (en el que pierde) y ambos partidos modifican sus mapas electorales estaduales reordenándolos para favorecer a sus candidatos en las elecciones de medio término de noviembre próximo.
En Europa, la Comisión y el Consejo Europeo pretenden aumentar sus atribuciones y desechar la unanimidad que requieren algunas decisiones, al menos mientras el grupo hegemónico mantenga el poder que está siendo cuestionado en Alemania, Francia, etc. mientras que el Parlamento Europeo que cada vez tiene menos independencia y poder,
En Argentina, las iniciativas van por hacer cada vez más oscuro el financiamiento de campañas que según Alconada Mon es “la raíz de todos los males” en cuyo libro homónimo informa el pedido de Mauricio Macri a empresarios del 1% de sus fortunas que recuperarían rápido.
De esa oscuridad surgen también, el caso cuadernos y la criptomoneda $Libra que Milei describió como el “nuevo” modo de financiamiento de “la política”.
Las discusiones sobre lista sábana o boleta única en las provincias, parecen haber perdido fuerza ante la evidencia que la lista sábana no ha evitado que ganen partidos opositores. También las reelecciones indefinidas que dejarán de existir en pocos años en las pocas provincias que quedan pero ya han modificado su legislación.
Quedan por resolverse dos temas. La existencia de las PASO que permiten alianzas previas y simplifican las elecciones generales para cargos ejecutivos de partidos dispersos y los cronogramas de elecciones –elecciones provinciales separadas de las nacionales- que obviamente los gobernadores opositores o amenazados por el intento de LLA de oponerles candidatos, se resisten a unificarlas.
Finalmente no están en la agenda, pero seguramente se sumarán al debate más cerca de las elecciones de 2027, la forma de definición de precandidatos –si hay PASO- y candidatos, y los mecanismos de recuento provisorio, que permiten atribuirse triunfos anticipados para la noche de la elección, pero todavía no confirmados.
Con sus claros y oscuros, los sistemas electorales en Argentina han demostrado que no han impedido que los opositores ganen y que los oficialismos perdidosos hayan aceptado los resultados aún por diferencias mínimas.
Algo que no ocurrió, ni ocurre en EEUU donde el sistema cruje desde que los demócratas acusaron en 2016 de influencia rusa en favor de Trump y el intento de éste de desconocer el resultado en 2020.
También en Europa, en donde ha sido común la proscripción de partidos en elecciones nacionales como en Rumania bajo acusaciones de influencia o financiamiento extranjero –Ruso-, y de candidatos como Marine Le Pen en Francia por un juicio ordinario por desvío de fondos, que es imposible no vincular con CFK.
Es claro que las elites y muchos gobernantes que dependen de su financiamiento tratan de sostener u obtener reglas electorales que los favorezcan, mientras nos hacen dudar de “la democracia” como si no fueran ellos mismos los que la prostituyen, inclusive apelando a debilitarla bajo argumentos como “el cansancio ciudadano o su costo económico”.
Lo que lleva a asociarlo con la célebre frase de Derek Bok (ex-presidente de Harvard), que dijo «Si crees que la educación es cara, prueba con la ignorancia», que se podría extrapolar a “si la democracia es costosa, prueba con las dictaduras”.









