El despido de 61 trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) la semana pasada generó un estado de alerta inmediato en la comunidad científica nacional, que salió a manifestar su preocupación por “el deterioro de las capacidades humanas e institucionales construidas durante décadas” en la materia, con una política que “compromete el desarrollo económico, la salud, la soberanía tecnológica y la capacidad de innovación de nuestro país”, en palabras de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (ANCEFN).
Las universidades y organizaciones científicas ligadas a la investigación salieron a repudiar en forma unánime la medida. Sin embargo, apenas 48 horas después, el Gobierno nacional anunció un acuerdo con el consorcio norteamericano Meitner Energy para construir en Atucha un reactor nuclear modular ACR-300, desarrollado con tecnología nacional del INVAP, lo que agravó las preocupaciones por el riesgo de perder control y soberanía sobre tecnologías estratégicas para el país, ante la posibilidad cierta de que la gestión de Javier Milei avance en la privatización de los activos argentinos ligados a la energía atómica.
Para intuir la importancia de la CNEA basta con visitar su página su web, donde se explica que “la Comisión Nacional de Energía Atómica es, desde su creación en 1950, la institución encargada de fomentar el desarrollo de las aplicaciones pacíficas de la energía nuclear en la Argentina, y de realizar o promover la investigación científica correspondiente”.
Desde Hoy Día Córdoba dialogamos con Pedro Perez, actual decano de la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación (Famaf) de la Universidad Nacional de Córdoba e investigador del Conicet especializado en la materia, para conocer en profundidad la situación de la energía atómica argentina. Ya la semana pasada, en la red social X, Pérez había alertado que “como físico, como docente, como investigador, formado en la universidad pública, y como decano de Famaf, me resulta profundamente preocupante asistir al desmantelamiento de instituciones que han sido pilares del desarrollo argentino. Formar profesionales de excelencia demanda décadas, perderlos no puede ser el resultado de una decisión administrativa que por detrás tiene como finalidad el desmantelamiento de nuestra soberanía. Ese costo lo termina pagando toda la sociedad”.
HDC: ¿Cómo ves el panorama actual de la energía nuclear argentina?
Pedro Pérez (PP): Durante estos más de 70 años de historia, el sector nuclear en general y la energía nuclear en particular, han sido considerados estratégicos para el desarrollo nacional. La CNEA, organismo público descentralizado dependiente directamente del Poder Ejecutivo, ha sido fundamental tanto para las relaciones internacionales (posibilitando a la Argentina pertenecer al G20 -Grupo de los 20-) como para el desarrollo científico tecnológico más allá de la propia CNEA. En particular, en su momento, la venta del reactor nuclear OPAL a Australia -en el año 2007- representó la exportación de un producto “llave en mano” más importante de la historia argentina (USD 180.000.000). En esa venta, una empresa argentina del sector nuclear, INVAP, compitió y superó a una potencia en la materia como Francia.
La Argentina, a la llegada de Milei, contaba con tres reactores nucleares de potencia para la producción de energía (que proveen casi el 10% de la energía eléctrica del país) y cinco para investigación y producción de radioisótopos (cuyo uso principal es en el campo médico). De estos últimos, destaca el RA-3 que es el mayor productor de radioisótopos de América Latina. El RA-10, que se iba a incorporar a este grupo y que será el más grande de su tipo en toda la región, tiene la obra terminada y está casi listo para ponerse en funcionamiento, pero desde la llegada de Milei se ha puesto en duda la capacidad argentina para la logística de su producción como fundamento para la entrega de la operación a capitales privados extranjeros. Para quienes defendemos la producción científica pública, el riesgo es que, bajo la excusa de la eficiencia comercial, se termine tercerizando el conocimiento y la soberanía que la Argentina logró construir durante décadas de inversión estatal.
HDC: ¿Cuál es la importancia de la energía nuclear para el desarrollo del país?
PP: La energía nuclear o atómica, es una de las fuentes de energía más limpias y seguras que hay en el mundo. Construir represas hidroeléctricas que puedan competir en la producción energética suele llevar costos ambientales y sociales tremendamente superiores.
La historia nuclear argentina ha permitido exportar tecnología nuclear a países como Australia, Argelia, Egipto, Arabia Saudita y Perú. La Argentina es pionera en el mundo en el campo nuclear desde el inicio mismo de su desarrollo a partir de la Segunda Guerra Mundial. Las aplicaciones para la ciencia, la agricultura, la industria y la medicina son incalculables, y somos uno de los pocos países del mundo que cuenta con capacidad para cubrir el ciclo completo de la producción de energía nuclear, desde la producción de uranio y el agua pesada para el enfriamiento, hasta las capacidades técnicas y humanas para la construcción, puesta en funcionamiento y operación.
Como decía antes, contar con un reactor nuclear no solo sirve para producir energía, sino también, y cada vez más, para investigación en distintas aplicaciones y usos pacíficos, sobre todo en el campo de la medicina nuclear, entre otras cosas para el diagnóstico y tratamiento de pacientes oncológicos.
HDC: ¿Cuál fue la política de la gestión de Milei en la materia?
PP: La política de Milei es pública, su proyecto de destrucción del Estado (definido con esas palabras por el Presidente mismo en muchas ocaciones) incluye, en materia nuclear, la entrega de los conocimientos, las capacidades y la tecnología que ha llevado más de siete décadas de trabajo en la Argentina, a capitales privados extranjeros, principalmente estadounidenses.
La política de Milei, en ese sentido, se alinea directamente con la política exterior norteamericana para nuestra región: terminar con nuestro desarrollo nuclear porque nos da niveles de soberanía que por otros medios no podemos conseguir. El G20 -que agrupa a las principales economías industrializadas y emergentes del mundo- es solo una muestra. La producción nacional de energía es otra.
A la llegada de Milei al Gobierno, la Argentina contaba con grandes avances con el proyecto CAREM, que se encontraba a muy pocos años de posicionarse como una opción competitiva en el mercado de reactores modulares pequeños (SMR). Para dimensional la magnitud del proyecto, basta saber que en este momento en el mundo hay solo dos operativos: uno en Rusia y uno en China. En 2025 el Gobierno de Milei frenó el desarrollo del proyecto con argumentos técnicos. Hace unos días anunció que se hará un acuerdo con una empresa norteamericana para continuar con la producción de SMR, entregando en el acuerdo la patente argentina. En síntesis, una estafa que ningún país del mundo entregaría en este momento si mediar una guerra de ocupación.
HDC: ¿Qué significa el despido de trabajadores de la CNEA?
PP: Desde la asunción de Milei se han perdido más de 1000 puestos de trabajo en el sector nuclear. Muchos despedidos directamente por el Gobierno, otros porque se han cerrado los proyectos que el Gobierno decidió frenar.
Perder tantas personas calificadas y con experiencia en el sector nuclear pone en riesgo la continuidad de la posición argentina en la materia. Lo cual va en linea directa con lo explicado anteriormente: esto no es una necesidad de Argentina, sino de Estados Unidos. Formar ese personal ha costado décadas de esfuerzo y financiamiento argentino, retrasar proyectos de frontera puede hacernos “perder el tren” de una oportunidad histórica. Si al final además se entregan las patentes a capitales extranjeros, se puede pensar que estamos ante una de las grandes entregas de la historia argentina, por ser diplomáticamente correctos.
HDC: En las últimas horas, circuló la versión de que el Gobierno argentino estaría negociando para transferir el control operativo de las centrales nucleares del país a la empresa estadounidense Palantir Technologies, de Peter Thiel. ¿Qué implicancias tendría tal escenario?
PP: No me apresuro a sacar conclusiones. Pero claramente, una empresa ligada a la estructura militar norteamericana, que se quedó con los contratos de defensa/guerra al eliminar restricciones de sus productos de IA sin ningún condicionamiento ético (como sí lo hizo Anthropic) sobre las posibles implicancias de la medida, no es inocente: solo confirma lo que todos sabemos en el campo científico tecnológico. El alineamiento del gobierno nacional con la política exterior estadounidense es literalmente un renunciamiento a la soberanía y la decisión explícita de ubicar a nuestro país y sus capacidades como satélites de una potencia extranjera en un contexto de escalada bélica.
La comunidad científica denuncia el vaciamiento del sistema atómico del país









