El festejo de Las Murciélagas después del 1-0 sobre Brasil en la final de la primera Copa América de fútbol para ciegas tuvo detrás mucho más que un campeonato. Para Gonzalo Abbas, entrenador del seleccionado argentino, la consagración fue también el resultado de un proceso que comenzó muchos años antes, cuando el fútbol para ciegos todavía buscaba crecer y sumar nuevas jugadoras.
“Una felicidad enorme, primero, de que se haya realizado la primera Copa América”, contó Abbas. Y recordó los primeros pasos de aquel camino: “Nosotros iniciamos con el desarrollo del fútbol para ciegos acá en Argentina, en Córdoba, en 2012 y fuimos trabajando en la difusión y que cada vez más chicas se sumaran a este deporte”.
El cordobés también recordó una experiencia que, con el paso del tiempo, terminó adquiriendo un significado especial. “Me acuerdo en 2015 haber ido a México a dar una clínica de fútbol para ciegos y a incentivar a la práctica del fútbol femenino”, señaló. Que años después México tuviera presencia en la Copa América representó, para él, una muestra de que aquel trabajo de difusión había dado sus frutos.
“Fue un tiempo largo de trabajo y pudimos lograr que de a poco se fueran armando distintos equipos, distintas selecciones”, explicó. Y, en ese recorrido, Argentina también fue construyendo una historia deportiva de enorme dimensión: primero campeona del mundo y luego bicampeona mundial.

“Que hoy esté presente la Selección de México fue realmente ese trabajo de muchos años y tratando de incentivar la práctica de este deporte”, sostuvo Abbas. “Entonces, creo que fue muy importante y también para nuestra selección, porque nuestra selección salió campeona del mundo en el primer Mundial que se hizo, después salió bicampeona en el segundo Mundial y ahora ganar la Copa América es como un sueño”.
El título continental llegó con números contundentes: cuatro victorias, ocho goles a favor y ninguno en contra. Pero para el entrenador hubo un aspecto que sobresalió por encima del resto: la capacidad del equipo para adaptarse.
“La verdad que el poder de adaptación que tuvo”, respondió cuando fue consultado por lo que más le gustó del seleccionado durante el torneo. La superficie fue uno de los grandes obstáculos que debieron afrontar. “La cancha era una cancha difícil. La superficie del juego era un pasto sintético nuevo, muy alto, que no le habían puesto caucho ni arena, entonces la pelota se trababa bastante”.
Ese escenario no favorecía precisamente las características del equipo argentino. “No favorecía para el juego nuestro, que es un juego muy rápido, de pase, de juego en equipo, entonces costó bastante”, explicó. Sin embargo, Argentina encontró rápidamente la manera de acomodarse.
“En el primer partido lo pudimos ganar y de a poco nos fuimos adaptando a la cancha de juego. Entonces creo que fue eso lo más importante, el poder adaptarse rápidamente a una superficie de juego que no estábamos acostumbrados”, destacó.
Y hubo un condimento especial: Brasil. El seleccionado argentino lo derrotó en la fase de grupos y volvió a hacerlo en el partido decisivo. “Haber ganado todos los partidos, haberle ganado a Brasil en la fase de grupo y después volverle a ganar la final, la verdad que fue fantástico”, afirmó Abbas.

El primer cruce ante las brasileñas, además, terminó siendo una especie de ensayo de cara a la definición. Argentina ya estaba clasificada a la final y decidió no mostrar todas sus cartas. “Nosotros no quisimos mostrar mucho de lo que íbamos a hacer en la final, todas las jugadas que habíamos preparado y habíamos ensayado durante el año, distintas variantes de sistema de juego, tampoco las hicimos”.
Brasil, en cambio, expuso más de sus recursos porque necesitaba ir en busca del empate. “Brasil, porque lo quería empatar en ese partido, tiró todas las cartas sobre la mesa, empezó a hacer las variantes tácticas, a trabajar”, relató.
Y aquello terminó siendo aprovechado por el cuerpo técnico argentino. “A nosotros nos favoreció para la final porque nosotros pudimos corregir algunas cosas que pudimos ver de Brasil, sus variantes y sus cambios de sistema”, explicó.
Para evitar que aquella primera victoria generara confianza excesiva, el planteo también fue claro. “Nosotros en la fase de grupos contra Brasil queríamos sacar un resultado positivo, no nos importaba si ganábamos o empatábamos”, contó Abbas.
Argentina había utilizado los partidos anteriores para darle minutos a todo el plantel. “Los dos primeros partidos contra México y Canadá nos permitió que todas tuvieran rodaje, que todas jugaran, rotar el equipo, que todas vayan agarrando confianza en la cancha”, señaló.
En la final apareció, además, una variante táctica que terminó siendo decisiva. Las brasileñas tenían fortaleza en las bandas y Argentina decidió modificar la ubicación de su capitana, Gracia Sosa, durante el encuentro.
“En este partido le hicimos jugar, a mediados del primer tiempo, hicimos una variante y la pusimos de pívot, de nueve”, explicó. “Ahí le generamos una confusión táctica porque ellas son fuertes, eran las bandas, y jugándole nosotros con la ‘Peque’ por el medio, le generamos mucha inseguridad y por ahí pudo venir el gol”. Ese gol terminó siendo el único de la final. Sosa fue la autora y desde la Federación Argentina de Deportes para Ciegos (Fadec) lo definieron como un “golazo maradoniano”.
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Para Abbas, vivir este campeonato desde el banco tuvo además un significado particular. Como jugador de Los Murciélagos fue bicampeón mundial y ahora consiguió otro título importante desde el rol de entrenador.
“La verdad que es muy distinto”, reconoció. “Lo disfruté mucho siendo arquero de Los Murciélagos, pero siendo entrenador creo que tenés que tener en cuenta muchas cosas. Sos un referente tanto para las jugadoras como para el cuerpo técnico, donde tenés que organizar y liderar a todos dentro del grupo”.
Ese desafío también lo llevó a continuar formándose. “Uno va capacitándose, va estudiando. Fui haciendo el curso de entrenador de futsal, ahora estoy haciendo el curso de entrenador de fútbol, entonces uno va capacitándose más para tener mucho más conocimiento y variantes”, contó.
Y dejó en claro cuánto disfruta de ese lugar: “Te da una satisfacción extra estar dirigiendo y ser quien las comande, las dirija y eso creo que tiene un plus”. Y agregó: “A mí realmente me apasiona dirigir y creo que es algo que lo disfruto mucho”.
La transformación de Las Murciélagas también tuvo que ver con cambiar la manera de entender el deporte. “Desde que empezamos como selección y como cuerpo técnico, cambiamos una idea de hacer un fútbol recreativo o de disfrute para hacerlo de alto rendimiento, de competencia y eso fue un cambio importante”, explicó.
A partir de allí llegaron mayores exigencias y una estructura cada vez más profesional. “Le exigimos muchísimo a las chicas, desde el trabajo físico, desde la nutrición, desde los cuidados, desde el entrenamiento invisible, de la cantidad de concentraciones que hacemos anuales”, detalló.
El trabajo es intenso: “Nos juntamos cada 15 días, cada 20 días estamos cuatro o cinco días concentrados, haciendo triple turno para poder transmitirles todo lo que pretendemos como equipo”.
Y detrás de cada convocatoria hay también mucho trabajo individual de las jugadoras. “El trabajo que hacen las chicas día a día, entrenamiento tras entrenamiento, que se llevan sus planificaciones, tanto física, técnica y táctica, sus clubes, entrenan sus clubes y también tienen entrenadores personales para poder llegar de la mejor forma y poder ser convocadas a cada torneo”, destacó.

El título de la Copa América tuvo otro premio: la clasificación al Mundial de Brasil 2027. “Es un sueño nuevamente poder hacer un gran desempeño en ese Mundial”, sostuvo. Pero, fiel a la lógica que intenta transmitirle al plantel, sabe que la consagración no significa que el trabajo esté terminado.
“Siempre hay cosas para mejorar, siempre les decimos a las chicas, hay cosas por corregir y trabajar”, afirmó. El propio torneo lo demostró: “Nos pasó del partido contra Brasil en la fase de grupo a la final, corregimos muchas cosas que después nos pudimos dar cuenta y en la final lo hicimos y salió todo bien”.
Y el calendario no da demasiado tiempo para detenerse a festejar. “Les dijimos después de terminar la Copa América que esto seguía, que ya teníamos concentración el mes que viene, porque tenemos los Juegos Mundiales, que son todos los deportes para personas con discapacidad visual en Uzbekistán en junio, y después tenemos el Mundial de la disciplina en noviembre”, señaló.
En ese camino, Abbas también piensa en lo que quedará cuando él ya no esté al frente. Por eso convoca a profesores y entrenadores de la liga a participar de las concentraciones. “No solamente la competencia tiene que estar en la cancha, sino también en los profesionales que trabajan”, explicó. “En algún momento no voy a estar yo, y tiene que estar otro, y tienen que estar capacitados para dirigir esta selección, y que la vara siempre se empuje para arriba”.
El objetivo que imagina va incluso más allá de los próximos Mundiales. “Un objetivo muy importante que queremos todas, que quieren todas las chicas, es que entre dentro de un Juego Paralímpico, que tenga la misma competencia que tiene el fútbol masculino”, sostuvo.
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“No sé si llegaré a estar, pero sí que el fútbol femenino esté dentro de un Juego Paralímpico, para nosotros sería un gran triunfo para este deporte”, concluyó.
El presente de Las Murciélagas, con el título de América y la clasificación al Mundial de 2027, es el punto más alto de un proceso que nació mucho antes de que existiera una Copa América para disputar. Y para Abbas, la conquista también representa una forma de mirar hacia adelante: seguir formando jugadoras, profesionales y entrenadores para que el camino iniciado hace años continúe creciendo.









