¿Qué pasa cuando un videojuego en lugar de llevar a los chicos a mundos fantásticos o escenarios lejanos los invita a recorrer Córdoba y conocer sus especies nativas? Esa es la propuesta de Aguará: Guardianes de la Biodiversidad, una aventura interactiva pensada especialmente para estudiantes de 4°, 5° y 6° grado de primaria.
El jugador se pone en el lugar de un joven aspirante a guardaparque que debe encontrar un cachorro de aguará guazú perdido. En el recorrido atraviesa ambientes del norte y sur de la provincia, las Altas Cumbres y el área de Miramar de Ansenuza, mientras se encuentra con especies como el cóndor andino, el puma, el flamenco, el cardenal amarillo y el oso melero.
El proyecto fue desarrollado por Juan Alfonso Cambas y María José Flammini y busca utilizar el lenguaje propio de los videojuegos como una puerta de entrada a contenidos vinculados con la biodiversidad.
Aprender Córdoba jugando
La propuesta parte de una pregunta que atraviesa buena parte del debate sobre las pantallas en la infancia: qué hacer con ellas cuando ya forman parte de la vida cotidiana.
Cambas reconoce que existen etapas del desarrollo en las que el uso de pantallas puede no ser recomendable, especialmente durante los primeros años. Pero considera que, en el caso de los chicos más grandes, la discusión también puede pasar por encontrar usos educativos para esas herramientas.
“La respuesta no es no pantalla”, plantea.
Aguará no fue pensado para que los estudiantes lleven el celular al aula y jueguen durante una clase. La idea es diferente: que el juego, que dura alrededor de 20 a 25 minutos, pueda ser una actividad para realizar y luego utilizar como disparador de preguntas en materias como Ciencias Naturales o Biología.
¿Por qué el aguará guazú tiene patas largas? ¿Por qué el oso melero aparece en el norte cordobés? ¿Qué explica la presencia de tantas aves en Ansenuza? El recorrido busca que esas preguntas aparezcan a partir de la experiencia de juego.
El protagonista tampoco es casual. En septiembre de 2025, Córdoba incorporó al aguará guazú entre las ocho especies declaradas Monumentos Naturales de la provincia, junto al sapo de Achala, la tortuga chaqueña o terrestre, el loro hablador, el águila coronada, el cóndor andino, el guanaco y el pecarí chaqueño o quimilero. La modificación de la Ley 6.964 permitió incorporar por primera vez especies vivas dentro de esta categoría, como parte de una política de conservación, investigación y educación ambiental.
Aguará guazú (Chrysocyon brachyurus)
Foto: prensa de Gobierno de la Provincia de Córdoba.
Estado de conservación: en peligro crítico.
Es una de las especies más emblemáticas de la fauna cordobesa y se encuentra amenazada principalmente por la pérdida y fragmentación de su hábitat.
En Córdoba habita en el Parque Nacional Ansenuza y en la Reserva de Uso Múltiple Mar Chiquita, donde cumple además un rol de especie paraguas: su conservación contribuye a proteger los ambientes de los Bañados del Río Dulce y la Laguna Mar Chiquita, dos áreas de gran importancia ecológica para la provincia.
¿Por qué es una especie paraguas? Porque las medidas destinadas a proteger su hábitat también benefician a otras especies que comparten ese mismo ambiente.
Para Cambas, además, se trata de un animal emblemático pero todavía poco conocido. Por eso quiso que los chicos que ya reconocen al puma, al cóndor o al oso melero también pudieran encontrarse con el aguará guazú, una especie que muchas veces permanece fuera del imaginario cotidiano.
Uno de los recursos centrales del juego es el Biodex sonoro, una especie de enciclopedia interactiva que se va desbloqueando a medida que avanza la aventura. Las siluetas de los animales permiten acceder a información sobre cada especie, sus sonidos reales, hábitat, alimentación y estado de conservación.
La aventura sigue a un joven aspirante a guardaparques que busca a una cría de aguará guazú perdida mientras recorre paisajes como las Altas Cumbres, el norte cordobés y Miramar de Ansenuza.
La identidad local también aparece en los detalles. Los diálogos están escritos en voseo, con expresiones propias del habla argentina, en lugar de utilizar el español neutro habitual de buena parte de los videojuegos y contenidos infantiles. También hay referencias a elementos de la flora y los ambientes cordobeses, como los pastizales de altura, el quebracho blanco y el espinillo.
El juego fue probado en espacios educativos de Córdoba. Durante esas experiencias, Cambas encontró una respuesta que terminó de confirmar uno de los objetivos del proyecto: los chicos reconocían paisajes y lugares de su propia provincia. En un universo de videojuegos poblado muchas veces por escenarios estadounidenses, europeos o completamente fantásticos, jugar en ambientes que forman parte de su propia geografía generó otro tipo de identificación.
“La respuesta no es no pantalla”, plantea Cambas al hablar del debate sobre el uso de dispositivos durante la infancia. Su propuesta apunta a pensar qué hacer con una tecnología que ya forma parte de la vida cotidiana.
Del pixel a una experiencia educativa
La historia de Aguará comenzó a tomar forma entre julio y agosto de 2025, cuando Cambas empezó a trabajar en el documento de diseño del videojuego. Allí definió las mecánicas, la estética, la paleta de colores y la idea general de la aventura.
El proyecto luego fue seleccionado en una convocatoria del Polo Audiovisual Córdoba para videojuegos, entre alrededor de 30 propuestas. La selección se comunicó en enero de 2026 y permitió avanzar con mayor intensidad en el desarrollo.
El acompañamiento no fue solamente económico. El programa incluyó una mentoría de aproximadamente cinco meses con Andrés Rossi, CEO de Sismo Games, que terminó siendo una parte importante del proceso de aprendizaje.
Uno de los principales cambios llegó justamente a partir de esa mirada externa. El juego había sido diseñado originalmente en formato vertical para celulares, pero durante la mentoría se decidió pasar a una disposición horizontal, más habitual en este tipo de propuestas. También se modificaron la interfaz, los botones, la extensión de los diálogos y distintos aspectos de la estética.
“Los diálogos son muy largos, son niños”, fue una de las observaciones recibidas durante el proceso. Para Cambas, ese tipo de correcciones permitió entender que desarrollar un videojuego no consiste solamente en tener una buena idea o saber programar, sino también en pensar estratégicamente la experiencia del usuario.
El equipo central está integrado por Cambas y Flammini. Mientras ella se ocupa principalmente de la coordinación, producción, logística y cuestiones administrativas, él trabaja sobre el aspecto artístico. Durante la etapa vinculada al Polo Audiovisual también se sumaron colaboradores para tareas específicas de programación y comunicación.
“El Polo para mí es una usina de creatividad de la provincia”.
La parte visual se construyó principalmente con Pixel Edit para el pixel art, Photoshop para retoques y Unity como motor de desarrollo. Cambas diseñó personajes, árboles, rocas, casas y guardaparques, mientras que algunos paisajes fueron construidos a partir de recursos de uso libre.
La estética también buscó diferenciarse de los videojuegos que apuestan por una saturación permanente de estímulos. La paleta combina tonos crema, pasteles, verdes y marrones, con una intención más calma. Los animales tienen diálogos propios y aparecen con globos de texto, mientras que para la flora y los lugares se utilizan carteles que recuerdan a la señalética de los parques.
Cambas comenzó su formación específica en desarrollo de videojuegos en 2022. Entre ese año y 2024 realizó distintos cursos de programación y desarrollo y completó un diploma en la UTN de Buenos Aires. En 2024 ingresó además a la Maestría en Dirección y Producción de Animación y Videojuegos, vinculada a la Universidad Nacional de las Artes y la Facultad de Artes de la UNC, y actualmente se encuentra en la etapa de tesis.
Juan Alfonso Cambas, comunicador y creador del videojuego «Aguará: Guardianes de la Biodiversidad».
Su recorrido también incluye la docencia en el área de comunicación visual y su trabajo en la Subsecretaría de Biodiversidad, dos experiencias que confluyen en Aguará: videojuegos, educación, ambiente y narrativas interactivas.
El resultado es un proyecto que busca crecer más allá de su primera versión. Al estar construido sobre una estructura de aventura y exploración, podría incorporar nuevos ambientes y especies de otras regiones. Por ahora, Aguará: Guardianes de la Biodiversidadestá disponible para Android a través de Google Play, mientras se trabaja en una versión para iOS.
Más que enseñar datos de memoria, la propuesta apunta a que la biodiversidad aparezca primero como una experiencia: recorrer un paisaje conocido, encontrarse con un animal que quizás nunca se vio de cerca y, a partir de ahí, querer saber un poco más sobre Córdoba.