A unos 12.219 kilómetros de Egipto, Córdoba parece un punto improbable para la egiptología. Pero el Proyecto Amenmose demuestra que la distancia no es un límite para estudiar sobre una de las civilizaciones más antiguas y fascinantes de la historia de la humanidad.
Radicado en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) y en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), más específicamente en el Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades (CIFFyH), el Proyecto Amenmose es una iniciativa interdisciplinaria y federal integrada por investigadores argentinos. El equipo se dedica al estudio y la conservación de la tumba de Amenmose, ubicada en la colina de Sheikh Abd el-Qurna, en Luxor (la antigua Tebas), y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979.
En Córdoba, el Proyecto Amenmose también tiene anclaje en la Escuela de Historia de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC. Allí, cuatro miembros de la Cátedra de Historia Antigua forman parte del equipo y conversaron con Hoy Día Córdoba sobre el quehacer del egiptólogo desde nuestra provincia y el trabajo de investigación y conservación que impulsa el proyecto.
Los cuatro integrantes de la cátedra de Historia Antigua que forman parte del equipo son Silvana Yomaha, Héctor Gerván, Victoria Romero y Victoria Nieva. Yomaha es profesora y doctora en Historia y co-directora del Proyecto Amenmose junto a Andrea Zingarelli (UNLP). Fue además la primera persona en la UNC en realizar una tesis de grado y otra doctoral sobre egiptología, un hito que abrió el camino para futuros estudiantes que tenían el mismo deseo: ser egiptólogos. Gerván es profesor de Historia y Matemática y doctor en Filosofía, y su tesis doctoral fue la segunda en la UNC centrada en Egipto. Romero, profesora y licenciada en Historia, desarrolla su tesis doctoral y participa en tareas de docencia y extensión. Nieva es estudiante y ayudante de cátedra, además de co-directora de la revista Rubicón, dedicada a estudios clásicos y antiguos.
Estas trayectorias confluyen en el Proyecto Amenmose, una iniciativa que nace en 2019 a partir de una propuesta argentina para obtener una concesión de trabajo en Egipto centrada en el estudio y la conservación de una tumba prácticamente inexplorada.
“El proyecto Amenmose es, en primer lugar, un proyecto de estudio y conservación de un monumento. La tumba pertenece a Amenmose, que es el nombre del propietario, y está catalogada como TT318 por el Servicio de Antigüedades del Ministerio de Egipto. Esa denominación responde a su clasificación oficial como Tumba Tebana 318”, explicó Yomaha.
La investigadora indicó que el sistema egipcio de concesiones permite a equipos internacionales intervenir en determinados sitios bajo la condición de investigarlos, documentarlos y conservarlos, cumpliendo con los informes y lineamientos establecidos por las autoridades. En ese marco, uno de los principales objetivos del gobierno egipcio es que los monumentos queden en condiciones visitables para su futura incorporación al circuito turístico. “Las autoridades egipcias supervisan el trabajo. No hay un límite o plazo establecido para finalizarlo: el proceso de estudio termina cuando el monumento está habilitado para ser visitado por los turistas”, señaló.
Sobre la tumba, Yomaha remarcó su valor arqueológico y potencial: “Es una tumba rupestre que estuvo enterrada bajo varios metros de sedimentos durante siglos, lo que contribuyó a su conservación. Si bien ha sido alterada, intervenida y profanada, las pinturas murales tienen una gran calidad”. En este marco, explicó que el principal objetivo planteado por el equipo fue estudiar al monumento desde un enfoque interdisciplinario que integra historia, arqueología, geología, conservación, museología, arquitectura, arte y antropología.
En total, ya se realizaron cinco campañas, la última entre diciembre de 2024 y enero de 2025. Cada una da continuidad al proyecto, con objetivos que se revisan y actualizan en función de los avances. La logística es compleja: el equipo debe tramitar una serie de permisos ante las autoridades egipcias y presentar informes traducidos al árabe en los que se detallan los objetivos cumplidos en la campaña anterior y los que quedan pendientes para el siguiente viaje. El proceso atraviesa distintas instancias de evaluación hasta llegar a la autorización final del Ministerio de Seguridad Interna de Egipto. Este año, por primera vez, ese permiso se demoró más de lo habitual, lo que impidió la realización de la campaña prevista.
A estas dificultades logísticas y administrativas, se suman los desafíos económicos que implica trasladarse desde Argentina hasta Egipto, por lo que muchas veces los miembros del equipo organizan rifas y eventos para dar a conocer y colaborar con el Proyecto Amenmose.
¿Quién fue Amenmose?
En este contexto de planificación, permisos y dificultades, el trabajo del equipo se enmarca en el estudio de un monumento con un protagonista claramente identificado: Amenmose. Sobre su figura, Nieva aporta una caracterización clave para comprender la singularidad de la tumba.
“Amenmose fue un noble que trabajó para el gobierno egipcio entre los reinados de Tutmosis III y Hatshepsut, en lo que se conoce como el Reino Nuevo, hace más de 3.500 años. Su caso es muy particular porque hasta ese momento no era común que un funcionario raso tuviera ese tipo de tumba. El título de Amenmose es el de cantero de Amón: era la persona que recolectaba las piedras y que ayudaba a construir otros monumentos, más o menos traducible a un maestro mayor de obras. En su tumba, él habla de sí mismo, de su servicio al faraón, presenta a sus hijos, a su esposa e incluso a su perrito”, detalla Nievas.
En este sentido, la estudiante explicó que la tumba funcionaba como un espacio con una fuerte carga simbólica, en el que la persona se representaba a sí misma como parte de su construcción hacia la eternidad, “un espacio contenedor” de esa identidad.
La historia del Antiguo Egipto estuvo atravesada por períodos de cambios políticos-religiosos que transformaron las formas de gobierno y de culto. En particular, Nieva mencionó el período de Akenatón, cuando se promovió el culto al dios Atón y se produjeron modificaciones y borrados vinculados a los nombres asociados al dios Amón. En la tumba de Amenmose se observa un borrado selectivo en la jamba de acceso a la capilla, específicamente en los jeroglíficos de su nombre, que significa “Amón ha nacido”. “No se trata de un daño personal, sino de algo más institucionalizado”, aclaró.
En la tumba se encuentran diversas fuentes que el equipo trabaja y analiza. Entre ellas se destacan restos textiles, fragmentos de momias, restos de animales, cerámicas, íconos funerarios e inscripciones en jeroglíficos. Por el momento, todos estos archivos quedan guardados en la tumba colindante, por la cual ingresaban a la TT318. Esta aún no ha sido investigada por ningún equipo.

Los hallazgos más significativos
Entre los hallazgos más importantes encontrados en estas cinco campañas, Yomaha destacó especialmente los resultados obtenidos a partir del uso de luz ultravioleta, ya que a simple vista muchos textos no eran visibles. A nivel excavación, mencionó el hallazgo materiales con contenido textual, como íconos funerarios, fragmentos de cerámica y textiles con representaciones pictóricas, que el equipo fue recomponiendo “como un rompecabezas” y que podrían corresponder al mismo lienzo funerario que cubría a alguna momia.
Por su parte, Romero destacó la experiencia de trabajar en la necrópolis y la convivencia entre distintas temporalidades en el sitio. “En la primera campaña que participé, en el 2023, hubo varios eventos importantes para mí, sobre todo esa simultaneidad en el campo de objetos modernos de los habitantes que hasta hacía unas décadas atrás habían vivido en y sobre las tumbas”, señaló, en referencia a la población local. Según relató, las evidencias de la ocupación convivía junto a materiales faraónicos que aparecían en niveles más profundos.
Asimismo, recordó un momento clave ocurrido el 8 de marzo de 2023, cuando emergió la estructura de la puerta original del monumento, uno de los principales objetivos de la campaña. “Para mí fue como el evento, más allá de que cada cosa que aparece es importante”, expresó, al destacar la emoción de ese hallazgo, que luego fue trabajado y consolidado en la campaña siguiente por el área de conservación.
De forma similar, Gerván destacó como un momento clave la excavación completa de la entrada original de la tumba y el ingreso por primera vez a la TT318 a través de su puerta. “Fue un acontecimiento casi bisagra de mi experiencia en las campañas de 2024 y 2025”, señaló. También remarcó la excavación del pozo funerario, de unos siete metros de profundidad, y el hallazgo de dos ushebtis de madera, piezas que, según explicó, permiten comprender prácticas rituales vinculadas a la representación del difunto y a la preservación de su memoria.
Hacer egiptología desde Córdoba
Pese a la distancia y a los desafíos de hacer egiptología desde el sur global, Yomaha, Gerván, Romero y Nieva muestran que este camino es posible gracias al sostén colectivo, el compromiso y la responsabilidad que implica trabajar en la investigación y conservación de un patrimonio milenario.
“Creo que hay siempre una cuota de satisfacción grande porque uno hace lo que realmente le gusta. Para mí no hay nada mejor que sentarme a escribir un paper o ponerme a traducir algunas inscripciones de los ushebtis para un curso de posgrado. Creo que eso es lo que a uno lo llena y lo reconforta”, expresó Gerván.
Asimismo, el investigador remarcó el valor de la educación pública en su trayectoria personal y profesional, al señalar que es el único de su generación que ha podido acceder a una carrera de posgrado y obtener un doctorado. “Soy hijo de la educación pública desde el jardín de infantes. Veo esto como una gran oportunidad, pero también como una gran responsabilidad social”, afirmó. En este sentido, definió la difusión del conocimiento como un “imperativo moral”.
Yomaha, por su parte, recordó que su formación como egiptóloga fue un camino difícil, aunque destacó el acompañamiento recibido desde la Escuela de Historia para vincularse con profesionales de otras universidades que pudieran orientar su recorrido académico. En ese sentido, remarcó la importancia de abrir el espacio a nuevas generaciones: “Me interesa que esto llegue a cualquier persona que esté ahí perdida y que le gustaría ser egiptólogo. Que sepa que lo estamos esperando para sumarse al equipo”, afirmó.
Romero, en tanto, destacó que parte de su rol como egiptóloga es difundir acerca del interés genuino que distintos grupos sociales tienen por el Antiguo Egipto. En ese marco, mencionó la propuesta de un curso de extensión para adultos mayores en el que se trabaja tanto sobre el Proyecto Amenmose como sobre el mundo faraónico. La idea es que ese conocimiento no quede restringido al ámbito científico, sino que circule en distintos niveles educativos y también mediante publicaciones en español que lo acerquen a un público más amplio.
A diferencia de sus compañeros, Nieva no sabía bien a qué se quería dedicar cuando ingresó a la carrera en plena pandemia, sin embargo, hoy en día sus amigos le dicen “la egiptóloga”. “Un día le dije a Silvana: ‘hola profe, ¿puedo ir a su comisión?’ Y escuché cosas que no pensé que era posible hacer”, recordó, al destacar el impacto de esas primeras experiencias formativas.
“Tengo muchas esperanzas y muchos sueños que jamás en la vida había tenido hasta que conocí a Silvana; quizás me lleve años concretarlos y sean preguntas que por ahí jamás me conteste, pero son preguntas que quiero hacerme y que elijo hacerme todos los días”, expresó. En ese sentido, añadió: “Para mí sería un orgullo ser la cuarta tesis defendida en egiptología”.

Con muchos objetivos y desafíos por delante, el equipo de egiptólogos de la UNC sostiene que, incluso a miles de kilómetros de Egipto, Córdoba tiene mucho para aportar a la construcción del conocimiento científico, no solo a través de la investigación, sino también haciendo accesible ese saber a la sociedad argentina e inspirando a futuros estudiantes.

















