Argentina, se ha dicho, es uno de los países más politizados de Occidente. Y ese gen ciudadano viene con un compuesto fundamental: la pasión por la historia. Y no sólo por el pasado reciente: Juan Manuel de Rosas, casi 200 años después, sigue siendo hombre de estudios. En la Feria del libro de Buenos Aires, uno de los libros más vendidos, y que será best seller cuando concluya el año en curso, es Juan Manuel de Rosas: Retrato de un líder polarizador en los orígenes de la república, de Marcela Ternavesio. La historiadora vuelve a meterse con un hombre sobre el cual pesan interpretaciones que ni el paso de los años ha logrado atemperar: el primer populista o el gran autócrata. El libro versa sobre ello, pero acá nos interesa otra cosa: Hipólito, ¿fue hijo de Rosas? Sí, hablamos de Hipólito Yrigoyen.
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Las paternidades en la historia argentina son un misterio sin fin. Los hijos adulterinos, los hijos no reconocidos, los hijos naturales. Todo un submundo de generalidades para no decir que el padre se borraba y se borra a la hora de hacerse cargo. ¿Será el caso de Rosas e Yirigoyen? El dueño de la versión filial es Manuel Galvez, uno de los intelectuales más destacados de nuestra historia, hoy algo olvidado. Galvez escribió poesía, publicó más de 30 novelas, ensayos sobre literatura y biografías de buena parte de los hombres de nuestra historia. Entre otras, las biografías de Juan Manuel de Rosas y de Hipólito Yrigoyen.
Y justamente, cuando estaba escribiendo la vida del líder radical, le llegó el rumor:
_ Averigüe, don Manuel, quién fue el padre de Hipólito Yrigoyen.
La versión oficial indicaba que la madre de Yrigoyen era Marcelina Alem, la hermana de Leandro N. Alem e hija de un mazorquero rosista. Y que su padre se había llamado Martín. No mucho más. A poco de indagar, a Galvez le llegó otro fuerte rumor:
_ Andan diciendo que don Hipólito era hijo de Juan Manuel.
_ ¿De Juan Manuel? ¿De qué Juan Manuel?
_ Del único Juan Manuel: ¡de Rosas!
Gálvez le prestó especial atención a la versión. Más allá de que indagó varios meses, no logró encontrar los datos finales que pudieran verificar la paternidad del caudillo bonaerense. Pero entendió que podía ser real por un hecho práctico y contundente (ante la inexistencia de ADN): la comparación de los retratos de los líderes políticos.
_ Pero miralo a Hipólito, si está igual a su papá Juan Manuel.
Pero hay más en esta historia, con mayor grado de sospecha que de certeza. Por un lado, la admiración de Alem, tío e inspirador de Yrigoyen, por la figura de Rosas. Y un último gran dato. Cuenta Galvez en la biografía que escribió sobre Yrigoyen que el historiador Ernesto Celesia, viejo dirigente también radical pero algo conservador, estaba seguro de la relación filial entre los dos. Y en Alta Gracia, donde Celesia vivió mucho tiempo, tenía el retrato de Rosas oculto por un papel en blanco. El papel en blanco que ocultaba el retrato de Rosas tenía una pequeña perforación, un círculo que permitía ver muy poquito de la figura que se ocultaba atrás. Cada vez que llegaba un nuevo invitado, Celesia mostraba el papel en blanco que dejaba ver apenas la presencia de un retrato, donde se ocultaba Rosas, y preguntaba:
_ A ver, dígame, ¿quién está detrás de este papel en blanco?
La respuesta era casi siempre la misma:
_ Pero Ernesto, es muy claro: ahí atrás está Hipólito Yrigoyen.
Para Celesia era la prueba suficiente de la paternidad. Y no sólo eso: también de la continuidad del linaje populista de Rosas a su supuesto hijo Hipólito Yrigoyen.
PD: Hagan la prueba: son iguales.










Un ADN por aquí…