La política y el deporte volvieron a chocar de frente ante un inusual movimiento diplomático surgido directamente desde Washington. Paolo Zampolli, reconocido empresario italoamericano y enviado especial de Donald Trump, lanzó una iniciativa formal y sorpresiva para que la selección de Italia ocupe la plaza mundialista de Irán.
La estrategia, planteada como un intento de recomponer la tensa relación entre el mandatario norteamericano y la primera ministra Giorgia Meloni tras diferencias por el conflicto en Medio Oriente y comentarios sobre el Papa, se topó con un muro infranqueable.
El argumento del promotor se basaba exclusivamente en la historia futbolística. “Confirmo que he sugerido a Trump y a Infantino que Italia reemplace a Irán en el Mundial. Con cuatro títulos, tienen el pedigrí para justificar la inclusión”, detalló Zampolli sin rodeos. Sin embargo, en el país europeo la idea fue recibida con absoluta frialdad y considerada un ataque frontal al orgullo de un equipo que quedó eliminado en la cancha tras perder el repechaje con Bosnia-Herzegovina.
Las autoridades gubernamentales y deportivas de la península no tardaron en desestimar el ofrecimiento, priorizando la dignidad competitiva por sobre cualquier escritorio. El ministro de Deportes de Italia, Andrea Abodi, fue categórico al respecto: “No es oportuno. Hay que clasificarse en el campo, la clasificación se consigue en el terreno de juego”.
Por su parte, la respuesta desde la cartera de Economía resultó aún más severa. Su titular, Giancarlo Giorgetti, fulminó la gestión: “Leo que el enviado de Trump quiere readmitir a Italia en el Mundial: me parece vergonzoso. A mí me daría vergüenza”. Asimismo, Luciano Buonfiglio, presidente del CONI, aclaró: “En primer lugar, no creo que sea posible. En segundo lugar, me sentiría ofendido. Hay que ganarse el derecho a ir al Mundial”.
Desde Zúrich, la FIFA también cerró las puertas. Aunque el reglamento le otorga total discreción para definir reemplazos ante eventuales retiros, la norma no escrita y la estricta lógica deportiva indican que un cupo asiático debería corresponderle a un país de esa misma confederación, lo que pondría a Emiratos Árabes Unidos por delante.
Gianni Infantino defendió la legitimidad del certamen: “El equipo de Irán vendrá, seguro. Han clasificado. Quieren jugar y deben jugar porque el deporte debe estar al margen de la política”.
Mientras tanto, el gobierno de Irán confirmó que su seleccionado está preparado para tener una participación orgullosa. Disputarán sus compromisos de fase de grupos en Los Ángeles y Seattle, midiéndose allí ante las selecciones de Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda.









