En la Argentina se llevan adelante las primeras experiencias de uso de la Inteligencia Artificial para reconocer las emociones de los alumnos universitarios en situaciones de clase, a través de computación cognitiva.
Con cámaras, micrófonos y también dispositivos para medir la frecuencia cardíaca se toman registros que se procesan compaginando las señales, y se envía toda la información a la nube. Allí se preparan imágenes y sonido, y se utilizan los servicios cognitivos de Microsoft para, a partir de las imágenes, identificar a las personas y sus emociones, y transcribir del audio quién dijo que cosa en qué momento.
“Los resultados de ese análisis se bajan a la computadora del docente. Este usará tableros y su experiencia para ver, del derecho y del revés, toda esa información y así lograr una mirada más profunda sobre qué estaba pasando en el grupo en cada momento de la clase”, explicó Juan Echagüe, director de Investigación y Desarrollo de la consultora de gestión de proyectos y tecnología Practia, a cargo de la prueba. Practia ya había desarrollado en 2017 un “espejo cognitivo” para interpretar las emociones de la persona que se paraban frente al espejo entre otros proyectos.
Luego de la experiencia con ellos y del trabajo en red con la organización IAE, surgió el sistema en conjunto. La prueba se hizo con la aprobación de los alumnos en las aulas del programa que llevan a cabo en conjunto con Singularity Univerisity. El proyecto fue abordado por el equipo de Practia y Microsoft desde tres vectores de análisis: el reconocimiento facial e interpretación de las emociones en los rostros, la transcripción de lo que se dice en el aula y quién lo dice (con tecnologías de reconocimiento de voz, y de pasaje del habla a texto) y el monitoreo de pulsaciones cardíacas (vía un “smartwatch”).
Según los expertos, esto ayuda a los académicos a analizar de manera más eficiente el comportamiento de los alumnos, contar con un registro de lo que ocurre en el aula y autoevaluar sus clases y estilo de enseñanza, utilizando estadísticas y apoyados en computación cognitiva. Para la realización de las pruebas iniciales, se generó una huella de los rostros y las voces.
“Pudimos ver, por ejemplo, cómo mostraban distintas emociones a lo largo de la hora y media del curso, donde hubo un pico de atención y desatención. Pudimos ver picos de felicidad en momentos donde tanto los alumnos como el profesor distendían la clase con alguna humorada”, explican. Sobre si este tipo de mediciones pueden significar una invasión a la intimidad, Echagüe aclara que todas las personas involucradas expresan su voluntad de participar”.









