Desde fines del año pasado hay un intenso barullo sobre una figura que genera muchas preguntas: Dante Gebel, el predicador evangélico que desde hace tiempo se mueve en medios nacionales e internacionales y que recientemente emerge como un supuesto posible candidato presidencial (de un país que no es su hogar desde hace más de 10 años). Por más adelantado que parezca, desde mediados del 2025, diferentes medios le vienen dando la palabra a referentes organizados en “Consolidación Argentina”, el espacio que comanda el operativo clamor para su postulación.
Durante esta semana, el también empresario religioso inició su gira mediática desde que lo piden como jefe de Estado y, por primera vez, pudimos conocer de forma más clara qué tan reales son sus intenciones de postularse. Sin embargo, por ahora hay más dudas que certezas, porque tanto en la entrevista con Luis Novaresio como con Pedro Rosemblat predominaron respuestas ambiguas, metáforas al estilo Melconian, guiños políticos que ya son anticuados y muy pocas precisiones sobre lo que pretende de un plan de gobierno.
Para sorpresa de quienes lo conocemos primeramente como predicador, tuvo un tono muy diferente al que suele tener en sus sermones en su iglesia local de Los Ángeles, Estados Unidos, o en sus redes sociales, donde se lo ve seguro, generando polémicas e incluso intentando rabiar a los “hermanos cristianos” que describe como “muy religiosos”. Además, fue inesperado el paso al costado que dio al decir que él “no es pastor”, sino un comunicador, artista y empresario.
Pero en la línea de las cosas que sí afirmó, sin dar tantas vueltas, aseguró que desde hace tiempo viene generando un equipo de trabajo con fines políticos y que después del Mundial decidirá si es o no candidato. En ese grupo se puede destacar a Juan Pablo Brey, titular del gremio de aeronavegantes, y a Eugenio Casielles, exlegislador de La Libertad Avanza. Ellos fueron los organizadores de un acto, el pasado marzo, en el que una variopinta lista de políticos expresó su apoyo a la figura de Gebel (quien no estuvo presente), como Graciela Camaño y Miguel Ponzo, secretario gremial de la Unión del Personal Civil de la Nación, entre otros.
Incluso hubo un representante cordobés, Sergio Almada, secretario de Coordinación Institucional y Culto de la Provincia de Córdoba, que despertó preguntas sobre la relación del referente religioso con el Gobernador. Dudas que, en una de las entrevistas, se disiparon un poco más cuando Gebel aseguró haberse encontrado con Martín Llaryora y haber tenido un breve intercambio sobre la situación de la provincia. A este último lo definió como “un tipo macanudo y abierto”.
¿Pero es posible que un nuevo outsider, versión moderada, sea presidente de un país que dejó por mudarse a los Estados Unidos? Si bien su carisma y buenas intenciones hacia problemas que considera fundamentales, como la pobreza y el hambre, pueden entusiasmar a ciudadanos desencantados con la gestión actual, por ahora Gebel está lejos de ser capaz de presentar un proyecto de país con definiciones concretas. Sin embargo, desde la visión del sociólogo Pablo Semán, el comunicador “tiene posibilidades si se derrumba todo o si aparece una posibilidad de elección muy fragmentada, en la que un poco de caudal propio sirve para ser protagonista”, según describió a este medio.
Las respuestas ambiguas que propició esta semana no son solo por su falta de experiencia en la gestión pública, sino por esconderse detrás de la “mirada apolítica” que dice tener mientras lanza declaraciones hipotéticas de lo que haría si fuese presidente y se mide como candidato en un país en el que puede pasar cualquier cosa.









