En un contexto internacional atravesado por guerras, tensiones geopolíticas y una creciente crisis de confianza en los organismos multilaterales, los principales candidatos a suceder a António Guterres presentaron en Nueva York sus propuestas para conducir la ONU a partir de 2027.
Durante una serie de diálogos abiertos —un formato inédito que busca mayor transparencia—, los postulantes coincidieron en la necesidad de reformar la organización, fortalecer el diálogo y adaptar su funcionamiento a los desafíos del siglo XXI.
Bachelet: diálogo y renovación institucional
La ex presidenta chilena Michelle Bachelet planteó que la ONU debe renovarse para recuperar credibilidad y responder a un escenario global cada vez más fragmentado.
“La dificultad es el único terreno donde se construyen soluciones duraderas”, afirmó, al subrayar que los desafíos actuales requieren un rediseño estructural del organismo.
En esa línea, Bachelet propuso una ONU más eficiente, capaz de anticipar y prevenir crisis, con liderazgo confiable y resultados concretos. Además, destacó el valor del diálogo en los procesos democráticos, evocando tanto la transición chilena como el legado de Nelson Mandela.
Su candidatura cuenta con respaldo internacional —especialmente de México y Brasil—, aunque perdió el apoyo oficial de Chile tras la llegada al poder de José Antonio Kast.
Grossi: una ONU “activa y pragmática”
Por su parte, el diplomático argentino Rafael Grossi defendió la necesidad de una organización más presente en los conflictos y menos declarativa.
Advirtió sobre un “retorno a la guerra a escala global” y sostuvo que la ONU “no puede quedarse al margen”. En ese sentido, propuso un enfoque práctico: “No fue creada para emitir mensajes desde una torre de marfil, sino para resolver problemas sobre el terreno”.
Grossi planteó reforzar el diálogo permanente con el Consejo de Seguridad y garantizar la presencia del organismo en crisis humanitarias, conflictos armados y desafíos como el cambio climático.
Grynspan: paz, reforma e inclusión
En tanto, la costarricense Rebeca Grynspan resumió su programa en tres ejes: “paz, reforma y futuro”.
Alertó sobre el aumento de los conflictos y el deterioro de los sistemas de seguridad global, y aseguró que, de ser elegida, será la primera en intervenir directamente en escenarios de guerra para dialogar con todas las partes.
Grynspan también impulsó una reforma del Consejo de Seguridad que refleje mejor la realidad global y defendió un enfoque inclusivo: “las mujeres no son una cuestión secundaria”, remarcó, al tiempo que abogó por una mayor participación de la sociedad civil.
Sall: desarrollo como base de la paz
Finalmente, el senegalés Macky Sall aportó una mirada centrada en el vínculo entre desarrollo económico y estabilidad.
Sostuvo que los conflictos no pueden resolverse sin abordar problemas estructurales como la pobreza, la desigualdad y el cambio climático, especialmente en África. Su propuesta busca ampliar la noción tradicional de seguridad hacia un enfoque más integral.
Sin embargo, su candidatura enfrenta cuestionamientos por denuncias de represión durante su gobierno y la falta de un respaldo unificado dentro del bloque africano.
Un proceso clave para el futuro de la ONU
La elección del próximo secretario general se produce en un momento de profunda transformación global, marcado por la multipolaridad, el avance tecnológico y nuevas dinámicas de conflicto.
El proceso continuará en los próximos meses con nuevas rondas de exposiciones y negociaciones entre los Estados miembros. La decisión final, que deberá ser avalada por el Consejo de Seguridad y la Asamblea General, definirá el rumbo de la ONU en un escenario internacional cada vez más complejo.
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