Este martes se inició oficialmente el proceso para designar al próximo secretario general de las Naciones Unidas, quien asumirá el cargo en enero de 2027 por un período de cinco años, en sustitución del actual titular, António Guterres, tras una década al frente de la organización. En esta ocasión, la sucesión estará marcada por diferentes perspectivas: por un lado, el impulso de numerosos Estados para que, por primera vez, una mujer ocupe el cargo; por otro, la reivindicación de América Latina en función de la rotación geográfica. En este contexto, el argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), presentó y defendió su candidatura para ocupar la Secretaría General.
Ante este panorama, Hoy Día Córdoba dialogó con la licenciada en Relaciones Internacionales, Agustina Bonatti, quien explicó que la elección del jefe de las Naciones Unidas es un proceso extenso que se definirá en el segundo semestre del año y cuya designación formal recae en la Asamblea General de la ONU. En este sentido, aclaró que, “con crítica por medio”, dicha instancia depende de la recomendación previa del Consejo de Seguridad de la ONU, lo que otorga a sus cinco miembros permanentes –Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia– un rol decisivo, con poder de veto sobre los candidatos.

“Si el postulante no cuenta con el aval de todos los miembros del Consejo, su candidatura no avanza a la Asamblea”, subrayó, al tiempo que cuestionó el peso preponderante de las grandes potencias en la toma de decisiones dentro del sistema internacional.
El reclamo por mayor representación femenina
En este escenario, también cobra fuerza el planteo de una mayor representación de género, con crecientes apoyos a la posibilidad de que, por primera vez en la historia de las Naciones Unidas, una mujer acceda a la Secretaría General.
“Desde los 80 años de vida que tiene la ONU, nunca hubo una mujer ocupando la Secretaría General y esa es una carencia que hoy se pone sobre la mesa. En la elección del año 2016, se presentaron 13 candidatos, siete de ellos eran mujeres, en medio de una intensa presión para que por primera vez se eligiera a una secretaria al mando del organismo. Pero al final, António Guterres terminó siendo elegido”, recordó Bonatti.
En esta oportunidad, 94 países de los 193 que conforman las Naciones Unidas firmaron un pedido para que la próxima secretaria sea mujer. De hecho dos de los cuatro candidatos hoy posicionados son mujeres: la chilena Michelle Bachelet y la costarricense Rebeca Grynspan.
Al respecto, Bonatti consideró: “Son dos perfiles diferentes entre ellos, pero con un bagaje ideal para el puesto. Desde mi punto de vista, Michelle cuenta con un perfil completo y un conocimiento íntegro del funcionamiento del organismo. Por su parte, Rebeca tiene un liderazgo más centrado en el comercio y una agenda focalizada en el Sur Global, pero se encuentra muy cercana a la administración actual”.
De todos modos, la analista internacional subrayó que ambas candidatas cuentan con la ventaja de ser latinoamericanas, en un contexto marcado por las gestiones previas de líderes de Portugal, Corea del Sur y Ghana, además de representar al género femenino, dos factores que, según explicó, tienen un peso relevante en la decisión final de cara a un posible cambio en el perfil del cargo.
Sin embargo, Bonatti recordó que la primera candidatura femenina se presentó en 2006 y la segunda en 2016, cuando se esperaba la elección de una mujer de Europa del Este; sin embargo, fue elegido un hombre de Europa Occidental. En este sentido, consideró que, aunque la cuestión de género aparecía como algo absolutamente certero, en la elección no se respetó ni la región ni el género.
Grossi, un candidato con proyección internacional
Pese a que las candidaturas aún no están cerradas, hay un nombre que gana peso en la carrera: el diplomático argentino Rafael Grossi, actual director general del OIEA, un organismo que ha cobrado especial relevancia en el actual contexto de conflictos, al abordar cuestiones como la seguridad y protección nuclear, la no proliferación y los usos pacíficos de la ciencia y la tecnología nuclear para mejorar la calidad de vida a nivel global.

“Si bien considero que un perfil como el de Rafael Grossi, proveniente de un ámbito que hoy concentra muchas de las críticas hacia la ONU por la falta de respuestas claras, podría aportar una impronta diferente al organismo. Desde su rol en el OIEA se ocupó de cuestiones mundiales de alta complejidad, como el programa nuclear de Irán o los riesgos vinculados a la central ucraniana de Zaporiyia, ocupada por las fuerzas rusas. En este sentido, su eventual gestión tendría como eje recuperar el rol originario de la ONU como impulsora de soluciones a las guerras y mediadora entre países beligerantes”, destacó.
Por otro lado, Bonatti resalta una cuestión clave acerca del perfil de Grossi: se formó en el Instituto de Servicio Exterior de la Nación.
“En un contexto nacional en donde se puso en duda el gasto generado por los diplomáticos, los aspirantes y los que se encuentran en carrera, que alguien que creció dentro de dicho espacio hoy sea una opción para sentarse en una de las sillas más importantes del mundo, no es poca cosa. Se trata de un instituto nacional que siempre bregó por una carrera diplomática altamente profesionalizada, con unos estándares brillantes de desempeño”, subrayó.
Asimismo, señaló que, desde una perspectiva política, Grossi mantiene buenas relaciones con los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas, actores clave en la eventual habilitación de su designación como secretario general. Además, destacó que, más allá de sus aptitudes para el cargo, el vínculo entre el presidente Donald Trump y Javier Milei contribuye a fortalecer su candidatura, al igual que el respaldo de la Cancillería argentina a su postulación.
Argentina y la región Latinoamericana
Entre tantas variables como el género y la región, es importante destacar que Latinoamérica es la única que ha tenido un solo secretario general, el peruano Javier Pérez de Cuéllar (1982-1991). En este sentido, para la analista internacional, es evidente que el próximo líder debería corresponder a Latinoamérica.
Sin embargo, en esta transición pesa que, en 80 años de historia, nunca una mujer ha estado al frente de las Naciones Unidas. Frente a este reclamo, cobra relevancia la trayectoria de Susana Malcorra, ex canciller argentina y fundadora de GWL Voices, organización que impulsa la campaña para que la próxima persona en ocupar el gran sillón del multilateralismo sea una mujer. De acuerdo con la ex canciller, solo el 7% de los representantes permanentes ante las Naciones Unidas han sido mujeres, destacó Bonatti.

“Desde la asamblea de septiembre de 2025, la organización GWL viene invitando a los Estados miembros a tomar la iniciativa y nominar a mujeres calificadas, respaldar una candidatura femenina para la secretaría general y exigir un proceso transparente e inclusivo que refleje los valores que defiende la ONU. ‘Más que preguntarse por qué debería ser una mujer, hay que preguntarse por qué no podría ser una mujer’, explican sus voceras”, precisó Bonatti.
Asimismo, la analista internacional señala que si bien hoy la candidatura argentina con mayor apoyo la tiene Grossi, el año pasado se hablaba de dos compatriotas más que competirían por este puesto: Susana Malcorra y Virginia Gamba. La primera dirigió el Departamento de Apoyo sobre el Terreno para las Misiones de Paz como subsecretaria general de la Naciones Unidas, fue canciller de Argentina entre 2015 y 2017 y cuenta con experiencia en el sector privado. La segunda ocupó hasta julio del año pasado el cargo más alto alcanzado por una argentina en la ONU como Representante Especial del Secretario General sobre la Violencia contra los Niños en los Conflictos Armados.
En ese marco, la presencia de figuras como Grossi, Malcorra y Gamba no solo refleja la proyección internacional de Argentina, sino también la consolidación de una tradición diplomática con capacidad de incidencia en escenarios complejos. Con trayectorias vinculadas al multilateralismo, la gestión de crisis y la negociación internacional, estos perfiles reúnen condiciones que hoy resultan especialmente valoradas en un contexto global atravesado por tensiones crecientes.











