-Profe, ¿podemos ver el partido?
-…
-Juega Catar con Bosnia.
-¿Eh? No, de ninguna manera. Tenemos el práctico.
-Ah, sí, sí… Igual, póngalo de fondo.
-Tampoco.
-Ohhh… ¿No era que teníamos que trabajar el Mundial en el colegio?
Desde hace un par de décadas, el Mundial de fútbol se integra a los contenidos educativos. En su momento, llegaban a las escuelas materiales didácticos para trabajar con los y las estudiantes cuestiones que trascienden el espectáculo deportivo. La idea era aprovechar la pasión que genera el fútbol en esta región del mundo para aprender de geografía, biología, ciencias naturales, historia, política, derechos humanos.
En uno de los colegios en los que trabajo, una profesora propone indagar en los motivos por los que Rusia no participa en esta edición de la copa del mundo y, a través de memes, invita a su clase a exhibir contradicciones que atraviesa su suspensión tras el inicio de la guerra con Ucrania. Contradicciones que se vuelven evidentes cuando observamos que Estados Unidos e Irán disputan sus correspondientes partidos con el aval de la FIFA y el resto de las federaciones continentales. Y que Israel no juega solo porque no clasificó en eliminatorias.
También hay docentes que analizan estadísticas, que plantean problemas matemáticos a partir de la relación entre la población de un país determinado y las chances de contar con jugadores de un nivel competitivo. Incluso algunos se animan a incorporar el Mundial al plano de la ficción y ensayan cruces insólitos entre personajes cervantinos o shakesperianos con partidos que se vuelven una locura o una verdadera tragedia.
El práctico se interrumpe.
-¡Vamos!
-¿Qué pasa, Mateo?
-Que estoy feliz, profe. Catar hizo un gol. ¡Qué linda es la vida!
-¿Ganó?
-No, pero hizo un gol.
Como me cuesta entender tanta alegría, Mateo se solidariza con mi desconcierto y me muestra uno de los sitios de apuestas que usa con sus compañeros: el saldo en su billetera virtual va en aumento.
Partido perdido
Las apuestas legales e ilegales resultan muy atractivas, tanto para mayores como para menores de edad. Se promocionan en las redes sociales, en los medios de comunicación, en las aplicaciones que se descargan en el celular. A veces se trata de apostar dinero, a veces de cierto prestigio en base al conocimiento en materia deportiva. A veces, los desafíos lúdicos incorporan diversas formas de maltrato y suscitan situaciones violentas, misóginas, xenófobas.
Las estadísticas ayudan a entender que aquello que aparece en el aula no es un hecho aislado. Una investigación publicada por el portal de noticias La tinta señala que seis de cada diez adolescentes, principalmente varones, participa de los sitios de juego o tiene vínculos cercanos que lo hacen. Se comienza a los trece o catorce años y se convierte en una práctica sostenida alrededor de los dieciocho.
-Sí, puede ser, profe. En el mundial pasado ya apostábamos.
-¡Pero estaban en segundo año!
-Bueno, ahí poníamos poca plata. Casi toda la gastábamos en figuritas.
El mundo de las figuritas se maneja, más o menos, en los mismos términos. En la entrada a la escuela y en los recreos hay intercambios, competencias de destreza, más o menos como se hizo siempre. Lo que es propio de estos tiempos es la incorporación de los adultos a la dinámica. Porque en los shoppings, en las playas de estacionamiento de los hipermercados y en algunas plazas céntricas, padres y madres se congregan para cambiar figuritas del Mundial. Y compran y venden, atentos a las falsificaciones de alta calidad gráfica.
Al regresar a casa, los hijos reclaman. Así que, para evitar la decepción, se buscan ofertas y precios especiales en las redes sociales o en las aplicaciones de ventas.
Hasta un juego tradicional como el de las figuritas parece haberse transformado en un pequeño mercado paralelo. Mercado que… ¿se regula solo?
Cuando todo se convierte en apuesta
Cada curso en el que me detengo a hablar del asunto se convierte en una usina de respuestas a cada una de mis preguntas. Me dicen que los padres lo saben. Que incluso hacen apuestas por ellos, ya que no conocen las reglas. No lo ven como algo grave, todos lo hacen, es normal, inevitable. Además, hay sitios en los que es fácil ganar; otros, los mejores, te presentan opciones que van desde quién hace un gol hasta el momento preciso del partido en el que se abre el marcador.
Hablar de apuestas, me doy cuenta, les apasiona, tanto o más que el fútbol. Pero yo había planificado otra actividad, un ejercicio de escritura creativa. Así que doy por terminado el tema y me dispongo a explicar un tipo de estrofa simple, de versos octosílabos, para redactar breves poemas de aliento para la Selección. Incluso tengo descargado un programa de IA para transformar las composiciones en canciones con ritmo de cuarteto y de rock.
Cuando les hago la propuesta, me miran con una mezcla de ironía y compasión.
-Y la mejor canción tiene un diez, ¿qué tal? Como les gusta apostar…
-Eso es competir, profe.
-Sí, claro. Perdón, me equivoqué.
-Bueno. Lo hacemos, pero si nos deja ver el partido de Noruega. ¿Le parece?
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