El Gobierno nacional oficializó este jueves el despido de 140 trabajadores del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), en el marco de un plan de reducción del Estado que apunta a modernizar el organismo y recortar el gasto público. La medida, que impacta principalmente en personal contratado bajo modalidades precarias, generó una fuerte controversia entre las autoridades y los sectores técnicos.
Desde el Ejecutivo, la decisión fue presentada como parte de un proceso de “modernización” impulsado por el Ministerio de Defensa y el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado. El diagnóstico oficial sostiene que el SMN presenta un exceso de personal en áreas administrativas y un atraso tecnológico en su red de observación, compuesta por unas 130 estaciones distribuidas en todo el país.
Según fuentes oficiales, el recorte permitirá un ahorro superior a los 3.500 millones de pesos anuales, que serán reinvertidos en 2026 para adquirir estaciones meteorológicas automáticas de última generación. El objetivo es reemplazar progresivamente el registro manual de datos por sistemas capaces de medir variables en tiempo real, en línea con estándares internacionales.
En esa línea, desde la Casa Rosada aseguraron que la operatividad no está comprometida: “No hay meteorólogos entre los despedidos. El sistema no está en riesgo”, afirmaron voceros oficiales, destacando que el núcleo técnico del organismo se mantiene intacto.
Alerta por el impacto en la vigilancia climática
La medida, sin embargo, generó un fuerte rechazo de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) y de especialistas del propio organismo, quienes advierten que la reestructuración podría debilitar la capacidad de monitoreo climático.
El principal punto de conflicto radica en el estado actual de la red: menos de 20 de las aproximadamente 130 estaciones meteorológicas están completamente automatizadas. En la mayoría, el relevamiento de datos, como temperatura, presión, humedad, viento y precipitaciones, aún depende del trabajo manual de observadores.
“Cada observador es un eslabón clave. Reducir personal antes de completar la automatización afecta la funcionalidad del sistema”, señalaron desde el gremio. Además, remarcaron que la disminución de dotaciones, de siete a cinco personas por estación, podría impactar en la precisión de las alertas tempranas frente a fenómenos extremos como tormentas severas, inundaciones u olas de calor.
A esto se suma el reclamo por la falta de indemnizaciones, ya que muchos de los trabajadores despedidos estaban bajo contratos temporales pese a contar con años de antigüedad.
Aviación, agro y emergencias: los sectores en riesgo
Uno de los focos de mayor preocupación es el impacto en la seguridad aeronáutica. Mientras el Gobierno sostiene que la automatización mejorará la calidad de los datos y optimizará la operación en aeropuertos, los técnicos advierten que la falta de personal especializado podría reducir la precisión de los pronósticos en el corto plazo.
La misma tensión se replica en el sector agropecuario, que depende de información climática confiable para planificar siembras y cosechas. Según los especialistas, cualquier falla en la cadena de datos podría afectar la detección de eventos como granizo, sequías o lluvias intensas.
También se verían comprometidas las capacidades de respuesta ante emergencias climáticas, clave para la coordinación de defensa civil y la protección de la población.
Un plan en etapas y más despidos en puerta
El recorte actual podría ser solo el comienzo. De acuerdo con fuentes del sector, el plan oficial contempla alcanzar un total de 240 desvinculaciones, sumadas a la salida de empleados próximos a jubilarse.
El Gobierno plantea convertir al SMN en un “caso testigo” de su política de transformación estatal: menos carga administrativa, mayor eficiencia y fuerte apuesta tecnológica. El horizonte para 2026 es consolidar una red de observación mayormente automatizada, con mayor cobertura y capacidad de respuesta.
Sin embargo, desde el sector técnico advierten sobre un posible “bache” en la transición: una etapa en la que la reducción de personal no esté aún compensada por la incorporación de tecnología, generando un punto ciego en la vigilancia climática.
La discusión, en definitiva, expone dos visiones contrapuestas: una que apuesta a la eficiencia y la innovación tecnológica como solución de fondo, y otra que alerta sobre los riesgos de desmantelar capacidades humanas críticas antes de que el nuevo sistema esté plenamente operativo.
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