La investigación por el uso ilegal de drogas en hospitales de la Ciudad de Buenos Aires sumó un nuevo episodio tras la muerte hace aproximadamente 10 días de un enfermero de 44 años en su departamento de Palermo. El cuerpo de Eduardo Betancour fue hallado sin signos de violencia, rodeado de más de 50 ampollas de medicamentos de uso hospitalario —entre ellos propofol y fentanilo—, además de jeringas y otros insumos médicos.
El caso quedó en manos de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°21, que intenta determinar el origen de las sustancias y si el hecho guarda relación con una red de desvío de anestésicos conocida como “Propofest”, bajo investigación judicial desde febrero.
La muerte del enfermero se suma a la del anestesista Alejandro Zalazar, quien falleció semanas atrás por una sobredosis de las mismas sustancias. A partir de ese hecho, la Justicia investiga el presunto robo de fármacos del circuito hospitalario y su utilización en fiestas privadas.
En este contexto, el presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Trabajo y Salud Ocupacional, Dr. Gabriel Oscar Fernández, advirtió en diálogo con Hoy Día Córdoba que el problema del desvío de medicamentos debe analizarse como parte de un fenómeno más amplio vinculado a las adicciones.
“El tema de las adicciones en el ámbito laboral debe ocupar un lugar central en todas las instituciones de salud”, señaló. Según explicó, el consumo problemático muchas veces tiene raíces previas al ejercicio profesional: “Hay una cultura de las adicciones que comienza incluso en etapas tempranas de la vida y puede acompañar a las personas hasta su formación universitaria y su desempeño laboral”.
Fernández sostuvo que el desvío de drogas dentro de hospitales no es un hecho nuevo, aunque sí adquiere mayor visibilidad a partir de estos casos. “Las personas con adicciones son propensas a robar, sustraer o desviar medicamentos para su consumo personal. La precarización laboral puede ser un factor que influya, pero no es determinante por sí solo: la predisposición individual y la problemática adictiva son centrales para entender este fenómeno”, afirmó.
Respecto de los controles existentes en instituciones de salud, detalló que hay mecanismos formales que buscan evitar estas situaciones, aunque no siempre resultan suficientes. “En hospitales y clínicas existen controles estrictos sobre los medicamentos: se registra lo que ingresa, lo que se administra a cada paciente y lo que queda disponible. Hay sistemas de trazabilidad que permiten seguir el recorrido de cada fármaco desde su origen hasta su uso o descarte. Sin embargo, el adicto muchas veces logra evadir estas barreras, lo que demuestra que los controles deben complementarse con estrategias más amplias de prevención”, señaló.
En especialidades como la anestesiología, donde el acceso a drogas de alto riesgo es cotidiano, el especialista hizo hincapié en la necesidad de fortalecer la supervisión desde la medicina del trabajo. “Cada institución debería contar con un servicio de medicina del trabajo que lleve una historia clínica de todos los profesionales, incluidos aquellos tercerizados. Esta especialidad permite detectar conductas de riesgo, prevenir adicciones en el ámbito laboral y actuar antes de que ocurran hechos graves. Lamentablemente, esto no está implementado de manera uniforme en el sistema de salud, lo que constituye una falencia importante”, advirtió.
Sobre el consumo de sustancias como propofol y fentanilo fuera del ámbito médico, Fernández fue contundente al describir los peligros: “No existe el uso seguro de estos medicamentos fuera de una institución sanitaria. Son drogas que deben ser administradas bajo estricta supervisión médica, con monitoreo permanente de las funciones vitales. Utilizarlas en un domicilio o en una fiesta es extremadamente peligroso y puede derivar en consecuencias mortales. Pueden provocar depresión respiratoria, alteraciones cardiovasculares, pérdida de la conciencia y la muerte en cuestión de minutos”.
Además, alertó sobre el contexto social en el que se da este tipo de consumo. “Las llamadas fiestas donde se utilizan estos fármacos son una manifestación de un problema más profundo. El consumo combinado con alcohol u otras sustancias potencia los efectos y aumenta el riesgo de adicción. Esto no es un hecho aislado, sino parte de una problemática social que atraviesa distintos ámbitos, incluido el de la salud”, sostuvo.
En cuanto a las señales de alerta dentro de los equipos de trabajo, remarcó la importancia de la detección temprana e indicó: “Cuando un colega presenta cambios de conducta, alteraciones en su desempeño o actitudes inusuales, es fundamental que exista un ámbito institucional donde pueda ser evaluado y asistido. No se trata solo de sancionar, sino de prevenir y brindar ayuda profesional antes de que la situación escale”, indicó.
Finalmente, el especialista enumeró una serie de medidas clave para evitar el desvío de medicamentos en el sistema sanitario. “Es indispensable reforzar los controles sobre la medicación utilizada en cada paciente, garantizar la trazabilidad completa de los fármacos y establecer protocolos claros para su administración, devolución o descarte. Además, se deben crear comités de prevención de adicciones en los ámbitos laborales y promover una cultura de control y cuidado dentro de las instituciones. Los propios profesionales de la salud también deben someterse a estos controles como parte de una política integral de prevención”, concluyó.
Nueva Ley de Salud Mental: las tensiones por el criterio de riesgo y recursos









