La historia de No se Mancha comenzó con una cancha de fútbol recuperada en barrio San Ignacio, Córdoba Capital, y con un grupo de jóvenes que buscaba transformar un espacio abandonado en un lugar para la comunidad. Con el tiempo, esa iniciativa se convirtió en una cooperativa que fabrica pelotas, genera trabajo y amplió sus actividades hacia nuevos proyectos comunitarios.
“Elegimos el nombre por la famosa frase de Diego Maradona: La pelota no se mancha”, explicó Jairo Quevedo, integrante de la cooperativa, en una entrevista concedida a Hoy Día Córdoba.
Hoy el equipo está conformado por cinco integrantes: Evelyn Aliendro, Gimena Ramírez, Karen Heredia, Gina Pereyra y Jairo Quevedo.

El emprendimiento surgió durante la pandemia, cuando la falta de oportunidades laborales llevó al grupo a aprender de manera autodidacta la fabricación de pelotas cosidas a mano. Luego de un proceso de capacitación y perfeccionamiento, lograron producir pelotas con estándares de peso y pique similares a los requeridos en competencias oficiales.
De la cancha barrial a una unidad productiva
Con el paso de los años, la cooperativa logró consolidarse como una alternativa de trabajo para sus integrantes. Actualmente producen alrededor de cien pelotas por mes y sus productos llegan a distintas instituciones, escuelas de fútbol y espacios comunitarios.
“Comenzamos un emprendimiento que nunca pensamos que iba a ser conocido, así que estamos contentos con eso”, señaló Quevedo al recordar el crecimiento del proyecto.

El vínculo con el barrio también forma parte de la identidad de No se Mancha. Según explicó el integrante de la cooperativa, el espacio se convirtió en un lugar reconocido por los vecinos: “Somos útiles para el barrio y facilitamos un lugar donde pueden comprar un producto de buena calidad a un precio accesible”.
El terreno que antes era utilizado como basural pudo ser cerrado con paredes, aunque continúa siendo un punto donde algunas personas arrojan residuos. Sin embargo, la cancha construida por la comunidad sigue activa y continúa siendo utilizada por chicos y chicas del sector.
Nuevos desafíos en un contexto económico complejo
La cooperativa sostiene su producción en un escenario donde competir con productos importados representa una de sus principales dificultades.
“Competimos con pelotas de fútbol que vienen de otros lugares y salen mucho más baratas que las nuestras”, explicó Quevedo.
Para sostener la actividad, apostaron a nuevas estrategias de difusión y comercialización. “Las redes sociales y los medios de comunicación nos ayudaron a hacernos conocidos por muchos lados”, destacó.

Además de la fabricación de pelotas, No se Mancha amplió su actividad hacia el rubro de la construcción y actualmente forma parte del programa provincial Cimientos, impulsado por la Secretaría General de Salud y Desarrollo Humano a cargo de Liliana Montero. La iniciativa promueve la refacción, equipamiento y puesta en valor de espacios de uso comunitario a través del trabajo de la economía social. En ese marco, los integrantes de la cooperativa participan en obras y mejoras de distintos espacios barriales.
La organización también articula con el programa de Centros Socioeducativos de la misma Secretaría, que funciona mediante una red de organizaciones de la sociedad civil en distintos puntos de la provincia. En estos espacios se desarrollan talleres recreativos, deportivos y didácticos, actividades de apoyo escolar y acciones de acompañamiento para niños, niñas y adolescentes de entre 6 y 18 años. Además, se brinda una merienda reforzada y contención comunitaria, con el objetivo de fortalecer las trayectorias educativas y los vínculos en el territorio.
De esta manera, la experiencia de No se Mancha trasciende la producción de pelotas y se integra a iniciativas que combinan trabajo, inclusión social y fortalecimiento comunitario.
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El orgullo de ver rodar una pelota propia
Uno de los momentos más significativos para la cooperativa fue cuando sus pelotas llegaron a espacios deportivos importantes. Quevedo recordó especialmente la experiencia de ingresar al estadio Mario Alberto Kempes para acompañar una entrega.
“Pude patear una pelota y verla rodando en la cancha donde pasaron muchos jugadores. Se me infló el pecho de orgullo”, contó.

También recordó la primera vez que una pelota fabricada por ellos llegó a una cancha: fue durante un campeonato realizado en el mismo espacio que habían recuperado años atrás.
“Usar la cancha que hicimos nosotros con la primera pelota que pudimos fabricar, después de tanto esfuerzo y ganas, tuvo un doble orgullo”, expresó.
A varios años de aquel primer paso, No se Mancha continúa construyendo una historia de organización colectiva, con el desafío de sostener una producción local y ampliar las oportunidades dentro de su comunidad.

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